sábado, 10 de enero de 2015

CORAZÓN EMPECINADO






El viento soplaba a buen ritmo, y ella en su cerebro recogía las briznas de su infancia feliz a lado de sus padres y hermanos. 
La nostalgia silbaba en sus oídos queriendo retener esa imagen en su mente por siempre. 
Cuanta falta hacia su presencia en aquella Villa donde pasó la etapa más hermosa de su vida.
Fue entonces que se asomó a aquél pasado que sin serlo afloraba en su presente.

Se vio a si misma trepar sobre las ramas gruesas de una inmensa higuera; 
con su vestido a pliegues y un bombacho que salia por debajo de la falda diseñado por su madre. 
Los listones de colores entretejidos entre sus trenzas, como si fuera un ramo de ilusiones que cargara en su cabeza. 
Las risas de felicidad se asemejaban a campanillas que tintineaban para después irse apagando poco a poco, 
y aquella muñeca de trapo que sostenía en su mano derecha, cómplice de sus travesuras y de sus grandes sueños se aferraba a ella.
Aún escuchaba los gritos de mamá que no se hacían esperar al ver el peligro que implicaba verla trepar, ¿trepar?

Ese era su gran sueño, trepar peldaño tras peldaño en la vida, y amar con todas las fuerzas que el alma le permitiera, no deseaba más. 
Encontrar el amor de un gran hombre y entregarse por completo a él.
Un ser que la hiciera galopar sobre un rayo de luz y allá la coronara de besos y caricias, y entre sábanas de algodones danzar en medio del silencio los dos, en espera de un nuevo amanecer, abrir los ojos y ver que había culminado su más grande sueño al lado  de su amado.
Sin embargo abrió los ojos y contempló sus manos vacías,
¡Quimera! fue la ilusión quien danzó con el silencio.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Imagen tomada de Google


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