martes, 30 de julio de 2024

EN EL RECODO DE TUS OJOS.

 





(Dueto Literario)

Décimas endecasílabas.

 

Autoras: Antonio Escobar Mendivez.(Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

La claridad sonora de una lira

se esconde en el recodo de tus ojos

recoge Sostenidos por manojos

y entre los Re bemol un Sol suspira.

Qué bello pentagrama el día admira

grabado en tu sonrisa de amapolas

parece que hasta el cielo lo acrisolas

con las manos sonoras de tu aliento.

Un beso se sonroja, está contento

porque tu voz es trino de consolas.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Porque tu voz es trino de consolas

exhala suave hondísimo suspiro

son notas donde mis letras inspiro

 transcribo sobre azules aureolas.

Salpicando espumeantes olas

bailotean descalzas con el viento

meciendo un impoluto sentimiento

que guarecido en tu mirada canta.

Y en un Fa, Sol, La, Si, también se imanta

enalteciendo al bendito instrumento.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Enalteciendo al bendito instrumento

que al ritmo musical de tu mirada

por Numen eternamente inspirada

también enaltecida por los vientos.

Que extrae de tus locos pensamientos

recuerdos del ayer cuando el jilguero

leal amigo y viejo compañero

cantaba en tu ventana serenatas.

Ahora en tus oídos suenan gratas

salen voces de alondras y jilgueros.

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Salen voces de alondras y jilgueros

del bosque de cantatas. En las ramas

se afina la guitarra de las damas

donde el canto se queda prisionero.

Canarios y zorzales y un otero

miran pasar tus pasos delirantes

y en tu camino cantan los instantes

en concierto de pianos y violines.

Llegan hasta tu sueño de jardines

donde arrullan tu aroma emocionante.

TÓRRIDO VERANO.

 




(Dueto Literario)

Décimas endecasílabas.

 

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

 

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Busca la tarde su perfil adulto,

crepuscular, sagrado, casi anciano

alegre pasa el sol, le da su mano

para a la luna bella rinda culto.

Por las sombras la noche se hace bulto,

y musita baladas con guitarra

a las cuerdas templadas las amarra

al corazón del viento. Se las lleva

hasta abierta ventana antes que llueva

y se escuche cantar a la cigarra.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Y se escuche cantar a la cigarra

la melodiosa alegre serenata

donde ella su felicidad relata

y su vida dichosa ahí nos narra.

Recordando canciones de la Parra

interpreta la letra que en su pecho

la historia de un amor insatisfecho

donde galopa un pensamiento obtuso

 un misterioso ente que duerme, incluso

entre tersas cortinas de tu lecho

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Entre tersas cortinas de tu lecho

he ingrese de puntillas a buscarte

y en silencio escondido retratarte

recorrer tu ternura trecho a trecho.

Un lamparín te guiña desde el techo

con pestañas candentes de guirnaldas,

mientras la noche adorna sus espaldas

con brillantez de aromas y de flores.

El sueño deja entre tus resplandores

un ramo tornasol de rosas gualdas.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Un ramo tornasol de rosas gualdas

que en dorados instantes mantuvieron

la ilusión de los ojos que te vieron

con la luna pintada entre tus faldas

y el astro luminoso a tus espaldas

reflejaba tu figura de diosa

y el eco de tu risa misteriosa

despertando al ocaso que dormía.

Anunciaba al verano que volvía

con puñados de coloridas rosas.

 

 

miércoles, 17 de julio de 2024

SENTIMIENTOS

 




(Dueto Literario)

Décimas endecasílabas.

 

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

 

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Y se queda dormido con tus ojos

como una estatua en parques y jardines

o imágenes de tiernos serafines

con sus flechas en busca de sonrojos.

El sentimiento no busca rastrojos

sino perennidad, luz y caminos

para encontrar senderos ambarinos

con la sonoridad de barcarolas.

En la mar canta con las caracolas

los boleros de amores celestinos.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Los boleros de amores celestinos

son aquellos que guiados por la Luna

ábacos que salidos de la duna

van regados por todos los caminos.

De verdes cardos sus finos espinos

paréntesis que encierran sentimientos

que siendo ya soplados por los vientos

turbulentos hoy los arrastra el Mar.

Y al intentar unidos navegar

se hizo lluvia de luz con sus cimientos.

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Se hizo lluvia de luz con sus cimientos

y columnas de mármol de volvieron

de cedro o de caoba. Ahí estuvieron

sosteniendo con fuerza firmamentos.

En tu mochila están los sentimientos

ordenados, perennes. Con empeño

rotulas el más grande al más pequeño

guardan estantes de tu corazón.

Cuando alguno se asoma a tu balcón

regresa alegre a dormitar tu sueño.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Regresa alegre a dormitar tu sueño

arrullo melodioso placentero

al trino del jilguero me refiero

quien es del sentir autentico dueño.

Y nos traslada a su mágico ensueño

coronando a las flores que a su paso

también van decorando el verde ocaso

y allá donde se unen cielo y Mar.

Una alba gaviota se hace notar

¿qué cantando va al pintacilgo acaso?

 

 

 

lunes, 15 de julio de 2024

SEXTO SENTIDO







( Psicológica)


“Dudo que algún día un ordenador 

o un robot logre igualar la intuición del intelecto humano.”

(Isaac Asimov)




 

Irene, a sus treinta y tres años, se sentía dueña de su destino. Había decidido permanecer soltera. Con una profesión sólida, un buen trabajo, salud y belleza, ¿qué más podía pedir a la vida? Se sentía plenamente satisfecha.

​Al observar a su hermano mayor, dedicado a la construcción, y a su cuñada, que prestaba servicios como enfermera, sacando a la familia adelante a base de mucho sacrificio, Irene sentía pena.

​—No, esa vida no es para mí. No deseo que se repita la historia de mi madre, no quiero traer hijos al mundo a sufrir —se dijo con firmeza mientras se detenía en un quiosco para adquirir un libro. Amaba la literatura, y la consideraba la mejor inversión posible.

​De pronto, un encabezado en la primera plana del periódico llamó su atención: “En aumento los feminicidios”.

​La ciudad se hallaba inmersa en una intensa ola de violencia, producto de la ambición desmedida por el poder y el dinero, especialmente en temporada de elecciones. Irene, que era culta y poseía una vasta inteligencia y sensibilidad, no se tragaba el cuento de los "politicastros" que vendían promesas huecas. La manipulación de la prensa alquilada por el mejor postor le causaba náuseas; era siempre lo mismo.

​Más que por su rostro y figura, Irene se caracterizaba por ser sencilla y empática. Ese sábado por la noche, salía del antiguo bazar, un negocio familiar que le tocaba atender después del mediodía. Eran exactamente las ocho.

​Se colgó el bolso y, después de apagar las luces, salió del bazar. Mientras echaba llave, una voz a sus espaldas la sobresaltó.

​—¡Hola, Irene! Me alegra encontrarte.

​Se trataba de Elsa, su amiga de la infancia y compañera de carrera. Ambas se habían graduado de administración de empresas y laboraban en la misma compañía. Se abrazaron contentas.

​—Mira, te presento a Esteban —dijo Elsa—. Es un nuevo amigo y vecino. Hace aproximadamente un mes que se mudó a los departamentos.

​Irene observó detenidamente al joven. Era fuerte, de gran musculatura, y con un rostro atractivo. Le ofreció la mano para saludarle. Él, apretándosela con una fuerza desmedida, la jaló hacia sí de forma sorpresiva y le plantó un beso atrevido en la mejilla.

​Ella se separó de inmediato, intentando retirar su mano, pero él la apretaba con posesividad. La sonrisa fingida de Irene se contrajo en una mueca de profundo disgusto.

​“Qué humillación, qué atrevido este animal. Es un ser despreciable, controlador y dominante,” pensó ella.

​Cuando sus miradas se cruzaron, la impúdica y misteriosa sonrisa de Esteban, reflejo de su inescrutable personalidad, le heló la sangre. Desde ese instante, Irene sintió una repulsión intensa, y un terrible escalofrío invadió su cuerpo.

​Un presagio se había apoderado de ella y la puso en alerta, tal como le había sucedido en otras ocasiones. Su sexto sentido estaba muy bien afinado.

​Elsa, percatándose del atrevido comportamiento de su amigo y de la forma en que Irene miraba a Esteban, trató de romper el hielo.

​—¡Pero, vamos! No se queden ahí parados. Los invito a tomar un refresco o algo por ahí.

​—Sabes que me es imposible —respondió Irene, molesta—. Tengo que regresar a casa; mi madre se encuentra sola, mi hermano tiene un compromiso. Me toca cuidar de ella. Ya será en otra ocasión.

​Se despidieron. Irene se dirigió al estacionamiento, ansiosa por alejarse de ese recién conocido. Estaba más que espantada, desorientada. Había sentido algo parecido con otras personas, pero esa maléfica mirada y la arrogancia de Esteban le habían infundido un odio y una alarma desconocidos.

​Al día siguiente, Elsa la llamó por teléfono para invitarla a salir.

​—Pero, ¿irá tu nuevo amigo? —preguntó Irene.

​—Sí —respondió Elsa.

​—¿A todo esto, de dónde sacaste a esa bestia con pantalones?

​—Luego te cuento su historia.

​—No, déjalo así. No me interesa ni siquiera volver a cruzarme con él.

​Elsa alzó los hombros en forma de resignación, se despidió y colgó.

​A Irene no le gustaba la idea de acompañarlos. Solo de imaginar volver a verlo le causaba malestar. Aun así, pensó que quizás debería conocer mejor al atrevido vecino de Elsa, para estudiar y descubrir quién era en realidad.

​Cerró los ojos y, en un ejercicio mental de desafío a su miedo, se imaginó desmantelando la falsa fachada del sujeto.

​—Pero, ¡qué estupidez estoy pensando! —murmuró—. Ni aunque fuera el último hombre sobre el planeta le daría ese privilegio a ese orangután.

​El vago rumor de las cortinas, al moverse, le sugirió ser la voz de Esteban, pidiéndole perdón. Se levantó a cerrar la ventana, tratando de acallar el eco caprichoso de su mente, que seguía repitiendo su nombre como un estribillo inoportuno, antes de refugiarse en los brazos de Morfeo.

​Al día siguiente, se dirigió a una tienda de autoservicio. El encabezado de la primera plana la estremeció: “Las autoridades ya están tras la pista del feminicida”. Una rara sensación estrujó su sensible corazón, y se alejó del puesto de periódicos con la terrible inquietud que le dictaba su intuición femenina.

​De pronto, el sonido del celular la hizo estremecer. Al responder, vaya sorpresa: se trataba de Esteban.

​—Lo siento, pero me es imposible. Tengo un compromiso a las ocho y media de la noche. Será otro día —respondió tajante.

​Eran aproximadamente las siete de la tarde cuando escuchó la campanilla que colgaba de la puerta del bazar. Al voltear, se encontró con una visita inesperada. Un hombre, con mirada desafiante, la observaba desde la entrada.

​—¡Qué inoportuno eres, Rodrigo! —enunció ella, sin disimular su disgusto.

​—Como evades mis llamadas, supuse que estarías hoy en el local —respondió el intruso.

​—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Lo nuestro terminó hace muchos años debido a tu infidelidad. ¡No insistas! —dijo ella cortantemente, rechazando las flores que el recién llegado le ofrecía.

​—Es la hora en que empiezo a hacer el inventario para irme a descansar, tú lo sabes —añadió con voz tajante.

​El hombre, en lugar de retirarse, se fue acercando lentamente. Sin perderla de vista, le murmuró al oído unas palabras que la paralizaron:

​—Si no eres mía, no serás de nadie más.

​El rostro de Irene se cubrió de terror. Intentó gritar, pero el individuo se lo impidió. La abrazó de la cintura fuertemente con la mano izquierda, mientras con la derecha le cubría la boca, arrastrándola hacia el interior.

​Ella, en su último intento por salvar su vida, manoteó y le clavó las uñas en el rostro. Luego, alcanzó con la mano derecha una figurilla de bronce del estante y le asestó un fuerte golpe en la cabeza.

​El criminal gritó de dolor y cayó de rodillas, aturdido y chillando. Irene aprovechó el momento para correr hacia la puerta de salida. Estaba a punto de lograrlo cuando sintió que algo se estrellaba contra su cabeza. A punto de desmayarse, el terror del momento la ayudó a restablecerse. Fue entonces cuando sintió un líquido tibio que le cubrió parte del rostro, impidiéndole ver con claridad.

​El atacante la agarró de nuevo y la lanzó despiadadamente contra la pared. Después, rodeó su cuello con ambas manos, saboreando el triunfo de su mente desquiciada. Presionando fuertemente con fiereza, la estranguló. Salió del lugar, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

​Por su lado, la madre de Irene, Doña Estela, esperaba a su hija para cenar. Preocupada por la tardanza, pensó que tal vez Irene se había ido con Elsa. Recogió la mesa y se retiró a descansar, aunque su intuición de madre le decía que algo andaba mal.

​A la mañana siguiente, Doña Estela se asomó a la recámara. Era domingo, y le sorprendió ver la cama tendida, indicio de que su hija no había dormido en casa. La llamó de inmediato al celular sin obtener respuesta. "Qué extraño, ella me avisa cuando sale. Jamás ha faltado a casa," pensó. De inmediato llamó a Elsa, quien le comunicó que desde el viernes no sabía nada de Irene.

​Elsa, intranquila, llamó a Esteban para contarle lo que sucedía.

​—Andará por ahí con alguna conquista. Se ve que esa amiga tuya me tiene tirria, ni siquiera me responde las llamadas. Ya aparecerá —le respondió Esteban con indiferencia.

​Elsa conocía bien a Irene. Sabía que no salía sin su compañía y que era incapaz de faltar a casa. "¡Dios mío! ¡Que no le haya pasado nada!", pensó.

​Se dirigió de inmediato al bazar, cuya puerta se encontraba abierta. Le extrañó ver todo en completo desorden. El espectáculo que vio después la dejó paralizada de terror. Su amiga se encontraba tirada en el suelo sobre un gran charco de sangre, que cubría la mitad de su rostro. A unos cuantos metros, vio una figurilla de bronce y un montón de rosas rojas esparcidas.

​Gritando desaforadamente, corrió a abrazar el cuerpo de su querida amiga, para después salir a la calle a pedir auxilio. Era domingo, y la calle estaba solitaria.

​—¡Auxilio! ¡Ayúdenme, por favor! —Volvió a entrar al local sin dejar de gritar—. ¿Quién pudo haberse ensañado con ella de esta manera? —gritaba—. ¡Maldito asesino!

​El lugar se fue llenando de curiosos, quienes dieron aviso a las autoridades. No tardaron en hacer arribo el personal policial, de investigación, el técnico de inspecciones oculares y el médico forense, bajo la dirección del fiscal.

​Grande fue la sorpresa de Elsa al ver entre los presentes a su reciente amigo Esteban.

​Se dirigió hacia él sin dejar de gritar: —¡Está muerta, Esteban! ¡Está muerta! Pero ese maldito asesino no se escapará de la justicia, ¡lo juro!

​Elsa se limpió las lágrimas y, ya más tranquila, se dirigió a Esteban.

​—Pero dime, ¿qué haces aquí, y ese golpe que traes en la frente?

​Esteban solo respondió: —Gajes del oficio —tratando de cubrirse el golpe con el cabello y mostrándole una pequeña placa que decía: Agente Especial. —Estoy a cargo de los casos de feminicidios.

​Después de que los investigadores aislaron y documentaron la escena, y de que el forense levantara el cuerpo, Elsa se retiró a casa, aliviada al saber que su amigo y vecino pronto daría con el asesino de Irene.

​Pasaron los días y ni Elsa ni los padres de Irene tenían noticias del homicida.

​Una mañana, antes de irse al trabajo, a Elsa se le ocurrió pasar por el departamento de Esteban para ver si había alguna novedad. Tocó la puerta. Esteban la recibió sorprendido.

​—Hola, Elsa. Pasa, no te quedes ahí parada —dijo.

​A ella le llamó la atención su semblante pálido y sus ojeras oscuras.

​—Buenos días, Esteban —dijo—. Pese a que ni la familia de Irene ni yo hemos recibido ninguna noticia del caso, decidí pasar a preguntarte cómo va la investigación.

​Él la miró fijamente a los ojos. —Es un largo proceso que se incluye dentro del ámbito penal. El criminólogo, el forense y el equipo seguimos recopilando información, buscando algún testigo, para poder establecer la causa del delito. Ya te avisaré cómo sigue la investigación.

​Elsa se despidió. Ya en el camino, recordó algo que la dejó pensativa. Dio la vuelta en la rotonda y regresó al departamento de Esteban. Tocó el timbre, y esta vez él no abrió. Tal vez se quedó dormido, se ve que no ha descansado en días, murmuró.

​Al tocar la perilla de la puerta, se dio cuenta de que él había olvidado echar llave. Se introdujo sin hacer el menor ruido y tomó una fotografía con su celular a una figurilla de bronce que se encontraba en una bolsa de plástico sobre la mesita de centro de la sala. Luego se retiró, tratando de no hacer ruido.

​“Qué extraño, ¿por qué la conservará en su poder?” Ella recordó haberla visto tirada y ensangrentada en la escena del crimen. ¿Y si Esteban era el asesino de Irene y ahora quería ocultar el cuerpo del delito? Además, ¿quién le había ocasionado tremendo golpe en la frente?

​Una idea se le vino a la mente. Se dirigió a la delegación y pidió hablar con el perito en criminología en turno, quien la recibió de inmediato.

​Abrió su bolso y, sacando su celular, le mostró la fotografía de la figurilla, narrándole sus sospechas.

​—Verá, señor, fui la mejor amiga y quien hizo la denuncia del caso del feminicidio de Irene Sandoval. Recuerdo haber visto esta figurilla de bronce tirada a un lado del cuerpo de mi amiga. Tal vez mi sospecha sea equivocada, pero también soy amiga del detective Esteban San Lorenzo, y... —Por un momento se arrepintió, pero era más fuerte el deseo de que capturaran al asesino—. Hace un rato pasé al departamento de mi amigo y vecino y recordé haber visto esta estatuilla ensangrentada al lado del cadáver. Lo que más me intrigó fue verla en su departamento. Tal vez sea una pieza importante para el esclarecimiento del crimen.

​El criminólogo se quedó pensativo por un instante, luego se dirigió a ella y, haciéndole algunas recomendaciones, le prometió investigar.

​Efectivamente, había pasado una semana cuando Elsa recibió una llamada del perito. Ella, sabiendo que lo que había hecho podía ser malinterpretado o incluso acusada de entorpecer la investigación, se quedó callada.

​—Solo hablo para agradecerle, porque gracia a usted hemos podido esclarecer el crimen de su amiga Irene.

​Elsa, apenada por lo que había hecho y sin saber qué decir, se disculpó. —Perdóneme, sé que hice mal, pero deseaba con toda mi alma que dieran con el asesino de mi amiga, y quizá de muchas otras mujeres víctimas de ese maldito psicópata.

​—Ya se enterará por la prensa de quién se trata —dijo el perito. Y colgó.

​Otro día, Elsa se dirigió a la tienda de autoservicio a comprar el periódico. Grande fue su sorpresa al leer el encabezado:

​“Capturan a los homicidas de la joven Lic. Irene Sandoval. Se trata del Ingeniero Rodrigo Heredia Sotomayor, en complicidad del agente especial de investigación Esteban San Lorenzo.”




Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

Lunes 15 de Julio del 2024

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 14 de julio de 2024

SENDEROS DE ILUSIÓN.

 


 

(Dueto Literario)

Autores:  Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)


 

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

La envuelva el resplandor de la tibieza

con la suave ceniza del recuerdo,

al pensamiento del ayer le muerdo

las horas que las noches adereza.

Se escuchará tu verbo y la pureza

de tu magisterio, en tu voz es lumbre

de antorcha y como el sol radiante alumbre

caminos de cipreses y alfabetos.

Para la inteligencia no hay secretos

y descubrir senderos es costumbre.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

Y descubrir senderos es costumbre

cuando hurgamos en honda reflexión

 discernimos a sutil selección

vocablos que posan sobre la cumbre.

Y así mitiguen nuestra pesadumbre

convirtiendo lo aciago en esperanza

donde solo de dicha haya labranza

si soplando a las llamas del velón

Se pudiera curar un corazón

pondríamos el duelo en la balanza.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Pondríamos el duelo en la balanza

y a la dicha mágica caratula

porque al eco misterioso regula

conjura con el viento libre alianza.

Admirando su fuerza y su templanza

luces incandescentes tal hermanas

son adorables, prácticas humanas

llamaradas felices tal reflejo.

 Avizoro en el cándido verdejo

celebro el resplandor de las ventanas.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

Celebro el resplandor de las ventanas

de jardines amorosos, los diálogos

de flores y los aromas, análogos

geranios, granadillas y manzanas.

Tu risa desgranada en las mañanas

de la caparazón de los ensueños

dorados cascabeles que son dueños

de la alegría que anochece en tu alma.

La luna llena llega entre la palma

a decorar tus ojos con tus sueños.

sábado, 13 de julio de 2024

SOL Y LUNA

 




(Décimas endecasílabas)



 

El diálogo es entre el Sol y la Luna

nos hablan de las cosas de la vida

astro escuálido de vivir olvida

que el pétalo no brinda luz alguna.

Escéptico contempla la laguna

donde danza la libélula, lento

rígido, en insondable abatimiento

lo motiva el estrépito sonido

Del celeste que viéndolo vencido

lo libera de su crucial tormento.

 

Lo libera de su crucial tormento

de efemérides tristes mancilladas

reflejos vacuos mustias llamaradas

reflejadas en engañoso cuento.

Donde la realidad plasmar yo intento

del amor esa su emotiva esencia

que de sutil alquimia hubo carencia

¿o qué acaso fue un endiablado invento?

De que la luna y sol son complemento

el astro hoy despotrica y lo evidencia.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen de Google.

 

viernes, 12 de julio de 2024

FIEL ENTREGA

 



(Rima Jotabé)


 

Corona de lauro a mi testa has colgado

 fiel sentimiento al corazón entregado.

 

Inmenso es tu amor mi divino tesoro

y por lo tanto por eso te valoro

y si apartado de mi mucho te añoro

 al cielo por tus besos a diario imploro.

 

Eres a mi vida fuente cristalina

sed insaciable que jamás se termina.

 

Y cosechando el fruto de lo sembrado

yo, de tu glorioso ser más me enamoro

paladeando la entrega que me domina.

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Ilustración del famoso ilustrador norteamericano Alan Ayers.

miércoles, 10 de julio de 2024

ERES

 

 




(Octavas reales)



Eres a mi ser faro que me alumbra

Luz en noche triste de Luna llena

el faro que me guía en la penumbra

vas endulzando tú mi noble pena

tú, que de esperanza mi ser encumbra

 te miro tirada desde la arena

plena me siento amor al contemplarte

con un dios griego suelo compararte.

 

Dios eres de honradez y de belleza

mi fiel amigo eterno compañero

admirable es tu divina grandeza.

a esa tu dulce alma me refiero

y a tu voz cuando me habla con franqueza

Por eso tu noble amor yo prefiero

por sincero aguerrido luchador

orgullosa me siento de tu amor.


Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen tomada de Pinterest

 

SENDA DEL AMOR

 





(Octavas reales)

 

Nueva senda donde mi ser transita

luminosa límpida esplendorosa

do diviso la blanca margarita

que se muestra tal portentosa diosa

del paraje que se abre y resucita

ha brotado mística silenciosa

regia flor que estimula al caminante

 inspira a amar al cariñoso amante.

 

Se abre al placer del infinito goce

y derramando mieles por doquier

al contacto de delicado roce

ambos amantes se dejan querer

es un amor que el Mundo desconoce

que nunca nadie lo sabrá entender

es donde el murmullo del agua danza

y la gloria canta oda a la esperanza.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

sábado, 6 de julio de 2024

ERES TÚ.

 



(Décimas endecasílabas)



 

Ese sentir divino de tu anhelo

me hace pensar que ya te pertenezco

y sé que tu exquisito amor merezco

es para mi gran regalo del cielo.

Y eso me brinda el mágico consuelo

de quererte mi bien desde aquel día

que fuiste despertar en mi agonía

eres tú en mi vida la esperanza.

Y te amo mi bien, a la vieja usanza

eres a mi ser dulce sinfonía.

 

Eres a mi ser dulce sinfonía

como ese sutil canto de las aves

igual a notas musicales suaves

tal metáfora de una poesía.

Que en versos acaricia el alma mía

y te quiero, sé que te quiero amor

al sentir de tus labios el dulzor

de ilusión el alma logras vestir.

Porque nuevamente vuelvo a sentir

que estoy viva mi adorado señor.

 

Por Ma. Gloria Carreón Zapata.

SENTIR QUE ME ACARICIA.



(Décimas endecasílabas)


Ese dulce sentir que me acaricia

en las noches en que la media Luna

asoma generosa e inoportuna

brindándonos de su luz la delicia.

Y el rezo del amor al alba inicia

cuando entonando el canto están las aves

obsequiando de la dicha las llaves

y coronando este sentir muy tuyo.

Al fiel amor ahora retribuyo

así también a sus caricias suaves.

 

Así también a sus caricias suaves

que nutren de energía a mi capullo

despiertan anhelos que en un barullo

navegaron en solitarias naves.

Se acoplaron a sus canticos graves

ávidos de sus placenteros besos

que en verano libaron los excesos

de la entrega que cultivó este amor

Y sin medida, iluminó el fulgor

de sueños que en nuestro amén van impresos.




Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen tomada de Google.

 

MICA.

  (La Guardiana del Pollo Dorado)   ​En un vecindario que parece tranquilo, existe una liga secreta de vigilantes. Su líder no lleva c...