domingo, 19 de julio de 2026

DIÁLOGO DE PLUMAS




 

Acepto, pues, la propuesta,

que el camino se hace ameno

si el verso nos trae el pleno

de una abierta y franca fiesta.

La palabra es la era apuesta

al silencio que ha dormido,

pues compartiendo el latido

de quien siente y de quien crea,

se desata la marea

de un ingenio ya encendido.

 

​No temo al juicio ni al vuelo

si el alma al leer se entrega,

que el que al buen poeta ruega

siempre encuentra algún consuelo.

Bajo el sol o bajo el cielo

el verso ha de ser sendero,

buscando en el compañero

la luz que la sombra quita;

es la musa que palpita

con un brillo verdadero.

 

​Damos la mano sincera

a quien su tiempo nos brinda,

que el poema no es la guinda,

es la voz, es la bandera.

Tal es la dicha primera

que el buen lector va cautivo,

pues queda en el muro archivo

del aplauso, en el momento,

que es del alma el alimento

y de escribir no me privo.

 

 

 

@copyright

Imagen tomada del contrapunto.

Respuesta al CONTRAPUNTO del escritor Luis Perez. .. "UN APLAUSO DE MERECE". Gracias escritor, un bendecido día.

UN BARDO EN LLAMAS

 





 

​¿Qué pluma, mi amado, puede traducir este fuego

que al vernos, en mis venas, arde sin clemencia?

Mientras tu genio busca en el cielo su sosiego,

mi alma entera sucumbe a tu mortal elocuencia.

 

​No me mires, poeta, con ojos de un dios lejano,

que tu sombra me atrae con un poder abismal.

Siente el temblor de esta mano que es de carne y hueso,

y el latido de un corazón que te reclama mortal.

 

​Tus versos son dagas, tu voz es un conjuro,

y yo soy la materia que moldeas a tu antojo.

En este salón, tu arte me hace creer en lo oscuro,

en la belleza cruel que nace de tu antojo.

 

​Olvídate de la forma y bebe de mis labios,

que tu musa sea yo, no una rima distante.

En este instante, los dos somos los más sabios

del amor que se devora en un solo instante.

 

​Que el mundo se desmorone mientras tú y yo ardemos

en este pacto de tinta y de piel consumada.

Poeta, mi alma es tuya, en este abismo nos vemos:

dos universos colapsando en una sola mirada.

REVENTANDO CAPULLOS

 






Dueto Literario

Décimas endecasílabas.

 

Autores Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma Gloria Carreón Zapata. (México)

 

Antonio Escobar Mendivez

Soy camino, no puedes detenerte,

yo soy la ruta que te da el aliento

el viento ha de fijarte el movimiento

solo el amor no dejará volverte.

Si intentas de mis ojos sostenerte

soy la tabla que añoras muchas veces,

y en las aguas tranquilas tú pudieses

navegar y que el cielo siempre enfoques.

Se me antoja que puedas y provoques

una lluvia que moje los reveses.

 

Ma Gloria Carreón Zapata.

 

Una lluvia que moje los reveses,

buscando la verdad que el mar proclama

la luz que en el silencio nos da el alma,

la paz que en los inviernos tú pudieses.

No temas al azar que nos atraviese,

si el alma su destino solo aduce,

que el fuego de tu amor siempre nos luce,

y en este caminar de luz constante

te abrazo con el alma en un instante

porque la brisa de mi mar te induce.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

porque la brisa de mi mar te induce

la primavera quiere que tú seas

reventando capullos y te creas

la lluvia que en el surco la produces.

Entonces soñadora tú deduces

con tus ojos mirando el horizonte

tienes genuinas alas de sinsonte

y el ruiseñor jamás será un extraño.

Entre esos trinos tiernamente baño

cada palabra que busco en el monte.

 

Ma Gloria Carreón Zapata

 

​Cada palabra que busco en el monte,

es un anhelo que sigue esperando,

con la esperanza que voy despertando

frente a la inmensidad del horizonte.

Es el destino que el tiempo confronte,

con la certeza de un fiel sentimiento,

bajo el abrazo que trae el momento,

pues tu mirada es la luz de mi guía,

que me devuelve la paz y la alegría,

siendo el motor de mi mejor aliento.

 

 

@copyright

Imagen de Google

ROMANCE A MARIA JULIA

 



(Nanita)

 

​Hoy la infancia se engalana

y los versos abren juego,

para cantarle a la musa

que nos brinda su desvelo.

Costa Rica le dio el alma,

Argentina el noble suelo,

 la poesía el destino

donde se abraza su anhelo.

 

​Desde aquel año glorioso,

dos mil nueve en el recuerdo,

en portales literarios

compartimos el empeño,

hilvanando la palabra

con la tinta del respeto.

 

​¡Qué dulce y tierna es la voz

que arrulla el mundo pequeño!

A los niños les regala

la magia de un libro abierto,

y les canta con ternura

mientras les siembra un lucero.

 

​María Julia, la poeta

de los cantos y los cuentos,

cumple años en este día

rodeada de afecto y versos.

Sigue firme tu camino,

sigue viva en el tintero,

 tu pluma amorosísima

es un faro en nuestro tiempo.



 

 

@copyright

Con admiración y cariño para ti querida amiga escritora, gracias por transitar por tantos años juntas por este maravilloso Mundo de las letras.

¡Feliz cumpleaños!

CANTO A LA INMENSIDAD

 



Octava real

 

​Verde sierra, picos de gran altura,

donde el cóndor reina y el alma respira,

corro libre por tu llanura oscura,

y el viento en mi faz dulcemente gira.

Es la soledad mi inmensa ventura,

mi canto libre que al cielo se inspira,

sin ataduras, mi espíritu expande,

en tu grandeza, que es, sin duda, grande.

 

​Bajo un sol de oro, la pradera verde

se extiende al horizonte, suave y calma,

y en  las aguas del río el dolor pierde,

hallando paz profunda en mi triste alma.

Aquí, el mundo bullicioso no muerde,

y mi ser entero siente la palma

la naturaleza, me abraza fuerte,

regalándome una vida, una suerte.

LA PARADOJA DEL VACÍO ACOMPAÑADO.




 

​Caminas por la casa con una sombra de inquietud que no logras sacudir. Miras la pantalla de tu teléfono como quien observa un oráculo que se niega a hablar. Sabes que, en algún momento, llegará ese mensaje habitual: un reporte seco sobre la cena, un breve aviso de que el día ha terminado, una despedida apresurada hacia el sueño.

​Elena, te preguntas cuántas mujeres viven atrapadas en ese mismo limbo, confundiendo la intermitencia con el amor. Te miras al espejo y te das cuenta de que no eres más que un accesorio en la vida de un hombre que, al igual que él, ha olvidado cómo defender su propia historia. Viste cómo permitió que su propia sangre le arrebatara su lugar en el mundo, y viste también, con un dolor que raya en la lucidez, que no hubo en él ni el valor ni la voluntad para levantarse.

​Ahora entiendes que, al intentar estar con él, solo estabas intentando sostener un vacío. No hay amor donde no existe la curiosidad por el alma ajena, solo existe la necesidad de no estar solo frente al espejo.

​Has dejado de esperar, Elena. El tiempo, ese recurso que no conoce la piedad ni el perdón, se vuelve demasiado valioso para malgastarlo en la pasividad ajena. Ya no te duele la ausencia de sus llamadas, porque finalmente has comprendido que el silencio de tu propia compañía es, hoy y siempre, infinitamente más digno que el ruido de alguien que jamás aprendió a verte.

viernes, 17 de julio de 2026

SILENCIO AL AMANECER



 







Querido amigo y entrañable colega, Carlos Blanco Cubeiro.

​Recibir sus versos es, para mí, es recorrer de nuevo los senderos que dan sentido a mi vida. Me ha conmovido profundamente cómo ha logrado capturar, con su maestría española, la esencia de mi hogar, el susurro del Río Bravo, la inmensidad de Playa Bagdad y la paz que habita en la Laguna La Escondida.

​No es solo un poema; es un puente que ha tendido entre nuestras tierras, un regalo que pone de relieve el amor que siento por este rincón de México. Su capacidad para mirar mi entorno a través de la poesía no solo honra a mi ciudad, sino que reafirma nuestra conexión literaria y humana.

​Gracias por dedicar su talento a inmortalizar estos paisajes y por acompañarme, desde la distancia, en este caminar por las letras. Guardo este poema como un tesoro, sintiendo que, a través de su pluma, nuestra amistad ha encontrado un nuevo lugar donde florecer. Saludos cordiales desde mi querido México.

 

 

Un poema más allá del Atlántico.

A Ma Gloria Carreón Zapata 

 

 

   SILENCIO AL AMANECER

 

Su mirada clavada en el mar,

en las suaves olas perciben

la luz crepuscular de alba,

sus tonos dorados y grana

que acarician el delta de río

donde el agua dulce se funde

en el mar de playa Bagdad.

 

Su mirada se pierde en el horizonte

 tumbada en la arena

blanca de la duna,

esa que guarda los misterios

del silencio.

Ella mira,

siente los besos de la brisa

 en su húmeda sonrisa

mientras su mano va llenando

su pergamino,

verso a verso en la cálida bruma

que llena el aire

de su amado México.

 

Aquella mañana,

a la vera del mar y descalza

caminaba con su sonrisa mientras

imaginaba su alejada laguna

La Escondida.

 

Caminaba dejando que la luz

del alba pintaran de reflejos

 su tez y su figura solitaria.

Aquella mañana,

con las huellas en la duna blanca

escribía,

llenaba las hojas con tinta de oro

que le proporcionaba el silencio.

 

En la pluma del ave que guiaba

sus palabras.

Casi dormida,

cuando el sol se hallaba

en su cénit,

una sombra majestuosa

la miraba.

 

Era su alma

contemplando admirada

la dulzura de sus rimas y prosas.

Aquel amanecer,

sobre la duna blanca,

en el delta de Río Bravo,

escribió en un instante,

ocupado.por el silencio,

los versos más hermosos

jamás escuchados.

 

Aquel amanecer

despertaron sus ojos sintiendo

esa brisa que la conduce

por Reynosa sin cambiar

de nombre su Río Bravo.

Ese sueño que la sumergió

en otro más profundo

bajo las estrellas que iluminan

La Escondida.

 

Cierra los párpados y sueña,

estos sueños te llevarán,

 sin darte cuenta, a lo más alto.

 

Carlos Blanco Cubeiro

Julio de 2026

martes, 14 de julio de 2026

MI AMOR

 



 

 

​No te imaginas la sonrisa que se me ha dibujado en la cara al leer tus palabras. Me han llegado directo al corazón, como un rayo de sol que ilumina un día gris.

​Me siento increíblemente afortunada de tenerte en mi vida. Eres la persona que me hace reír hasta que me duele la barriga, la que me escucha con paciencia infinita y la que me hace sentir la persona más especial del mundo.

​Tu amor es el motor que me impulsa cada día, la brújula que me guía cuando me siento perdida y el refugio donde siempre encuentro paz. Me inspiras a ser mejor persona,

 a soñar a lo grande y a vivir cada momento con intensidad.

​Gracias por todo lo que me das, por tu amor incondicional, por tu apoyo total y por tu presencia absoluta. Te quiero más de lo que las palabras pueden expresar.

 

 

 

 

​Con todo mi amor:

​Tu Churri.

@Alf

COAUTORÍA DE UN CRIMEN

 



Género negro.

 

 

 

​El estudio compartía una simetría engañosa. Dos escritorios de roble idénticos se miraban de frente, separados apenas por una alfombra gastada que amortiguaba el vaivén de las sillas. Sobre el de Carolina, las cuartillas se apilaban en un orden orgánico, casi vivo; sobre el de Maximiliano, los lápices alineados con precisión militar delataban una rigidez que no lograba transformarse en genialidad.

​Esa tarde, el silencio solo era interrumpido por el golpeteo rítmico de la máquina de escribir de Carolina. Tenía un compás alegre, fluido, el sonido de una mente que avanza sin dudar. Maximiliano, con las manos suspendidas sobre sus propias teclas, la observaba de reojo. El sol de la tarde encendía el perfil de su esposa, ajena al mundo, entregada por completo a la trama que compartían.

​—Escucha esto, Max —, dijo ella de pronto, deteniendo el tecleo. Sus ojos brillaban con la emoción del hallazgo, creo que encontré el cierre perfecto para el capítulo del veneno. Si el antagonista no busca la muerte inmediata, sino el desgaste psicológico, el lector sentirá la asfixia del personaje—.

​Ella comenzó a leer en voz alta. Su prosa era afilada, elegante, precisa. Cada adjetivo caía en el lugar exacto, dotando a la escena de una atmósfera magistral que él llevaba semanas intentando alcanzar en sus propios borradores sin éxito.

​Maximiliano forzó una sonrisa, sintiendo un nudo amargo cerrándose en su garganta. El aplauso que debía nacer de la admiración se transformó, en su pecho, en un cálculo frío.

​—Es... interesante, Carolina —, respondió él, midiendo la voz para que la envidia no le trizara el tono—. Aunque tal vez un poco predecible. Déjame pulirlo a mí esta noche. Ya sabes que a tu estilo, a veces, le falta un poco de estructura.

​Carolina lo miró un segundo, perdiendo por un instante el brillo de los ojos, pero terminó por asentir con esa generosidad que a él tanto le irritaba.

​—Está bien, Max. Confío en tu pulido. Al final, es nuestra obra maestra—.

​Él bajó la mirada hacia su hoja en blanco. No era de ambos; en su mente, ya solo le pertenecía a él. El sonido de la máquina de Carolina volvió a arrancar, pero ahora, para Maximiliano, cada golpe de la tecla sonaba como una burla directa a su propio talento.

​Tres semanas después del entierro, el silencio en el estudio ya no era competitivo; era absoluto. Maximiliano empujó la puerta con el hombro mientras sostenía una taza de café humeante. Se sentía, por primera vez en años, el dueño indiscutible del lugar. La editorial había aceptado el manuscrito final con entusiasmo ciego, elogiando la "madurez y el giro sombrío" de su pluma. El accidente en el acantilado, provocado por una oportuna falla en los frenos del auto de Carolina, había sido catalogado como una tragedia lamentable. Para el mundo, él era el viudo doliente y el genio solitario.

​Se sentó en su escritorio de roble, dispuesto a saborear el primer café de su nueva vida. Sin embargo, un destello blanco al otro lado de la habitación atrapó su mirada.

​En el escritorio de Carolina, justo en el centro de la madera limpia, descansaba una hoja de papel.

​Maximiliano frunció el ceño y dejó la taza en la mesa, haciendo que el café se salpicara levemente. Él mismo se había encargado de limpiar ese escritorio, de guardar cada nota y archivar cada borrador bajo llave para que nadie pudiera reclamar la coautoría. La superficie debió quedar vacía.

​Se levantó, cruzó la alfombra gastada y se detuvo frente al mueble de su esposa. El corazón le dio un vuelco extraño al reconocer la tipografía de la vieja máquina de escribir mecánica que ella tanto amaba. Acercó la mano, dudando un instante, antes de tomar la cuartilla.

​La tinta estaba fresca. El olor a cinta negra inundó sus fosas nasales mientras sus ojos devoraban las primeras líneas:

—​El frío de la noche no se comparaba con el vacío en su mirada cuando me vio subir al auto. Sabías, Maximiliano, que el camino de la costa no da segundas oportunidades a un motor sin frenos. Pensaste que la caída borraría mi voz, pero la tinta no se ahoga en el mar. Todavía nos queda el último capítulo por escribir, y esta vez, la estructura corre por mi cuenta—.

A Maximiliano se le cortó la respiración. La taza de café que había dejado en su mesa pareció tintinear en el silencio de la habitación. La prosa era afilada, impecable, idéntica a la de ella. Miró la máquina de escribir de Carolina: el rodillo estaba vacío, no había nadie más en la casa, pero la hoja estaba en sus manos, palpitando como una amenaza viva.

​Maximiliano no dudó. El pánico, transformado en una furia fría, le encendió la sangre. Arrugó el papel entre sus puños con tanta fuerza que los nudillos le quedaron blancos. Buscó en los bolsillos de su saco hasta encontrar el encendedor de plata que Carolina le había regalado en su último aniversario. Se acercó a la chimenea de rincón, apagada desde hacía semanas, y dejó caer la bola de papel sobre la ceniza vieja.

​Hizo girar la rueda. La llama cobriza lamió el borde del papel. El fuego avanzó rápido, transformando el nombre «Maximiliano» en una brizna de humo gris. Cuando no quedó más que un puñado de ceniza, dejó escapar el aire de los pulmones.

​—Fantasías —, susurró—. Alguien entró. Alguien está jugando conmigo.

​Pasó el resto del día revisando las cerraduras y cambiando el cerrojo de la puerta principal. Se acostó tarde, convenciéndose de que el perímetro estaba seguro. Sin embargo, a la mañana siguiente, al clavar la vista en el escritorio de Carolina, el café se le resbaló de los dedos, estrellándose contra la alfombra. Ahí estaba otra hoja limpia.

​—¿Pensaste que el fuego lo solucionaría, Max? Deberías recordar lo que tantas veces discutimos frente a frente: a los malos escritores les encanta quemar los borradores que no pueden superar—.

​Maximiliano soltó una carcajada histérica. Su orgullo de escritor se negaba a doblegarse. Se encaminó a su propio escritorio, colocó una hoja limpia en su máquina de escribir y sus dedos comenzaron a golpear las teclas con furia:

​—Estás muerta, Carolina. El mar se tragó tus borradores y la ley firmó tu acta de defunción. No sé quién está detrás de este juego macabro, pero pierden el tiempo. La novela ya está en la imprenta. El mundo me aplaude a mí. Soy yo quien firma las páginas que tú no supiste proteger. Déjame en paz—.

​Arrancó la hoja y la dejó caer con desprecio justo encima de la página de ella. Decidió que no se movería de esa habitación en toda la noche. Alrededor de las tres de la mañana, un cabeceo prolongado lo venció. El sueño lo atrapó solo unos minutos... hasta que un sonido metálico lo hizo saltar.

​Clac.

​Un solo golpe seco. Miró hacia el frente; no había nadie sentado en la silla de Carolina, pero la palanca de su propia máquina de escribir se movió sola, haciendo girar el rodillo.

​Clac. Clac. Clac.

​Debajo de la respuesta que él había redactado, unas letras invisibles comenzaron a imprimirse a toda velocidad:

​—El Mundo sabrá lo que me hiciste y todo por tu maldita ambición desmedida de corretear la fama—.

​El sudor frío le resbaló por la frente. De pronto, el teclado de la máquina de Carolina comenzó a moverse a una velocidad frenética, un ametrallador de golpes de metal que hacía vibrar la madera. Las teclas subían y bajaban guiadas por manos invisibles.

​La máquina se detuvo de golpe. Con las piernas hechas de gelatina, Maximiliano se acercó al rodillo de ella y leyó el párrafo final:

​—La editorial no ha recibido la novela que tú firmaste, Maximiliano. El archivo digital que enviaste fue sustituido. Mañana a primera hora, los talleres de impresión comenzarán a correr... pero con el manuscrito original. El que lleva mi nombre. El que detalla, en el epílogo, cómo saboteaste los frenos de mi auto en el acantilado. Corre tras la fama, Max. Búscala en los periódicos de mañana, porque "El Mundo" por fin va a leer tu obra maestra—.

​Un escalofrío mortal le recorrió la columna. Antes de que sus dedos rozaran el papel, el timbre del teléfono en la planta baja comenzó a sonar, rompiendo la madrugada. Una, dos, tres veces. Maximiliano apretó los dientes e ignoró el llamado.

​—No... ¡No vas a quitarme nada! —, rugió.

​Con una furia ciega, alzó la pesada máquina de Carolina y la estampó con violencia contra el suelo. Las teclas se doblaron y los tipos de plomo saltaron en pedazos. Levantó la silla de su esposa y la estrelló una y otra vez contra los restos del aparato hasta que sus propias manos quedaron ensangrentadas.

​Jadeando, se dejó caer de rodillas en medio del desastre. El teléfono abajo finalmente dejó de sonar. Poco a poco, la luz pálida de las seis de la mañana comenzó a filtrarse por el ventanal. Maximiliano esbozó una sonrisa macabra, creyéndose vencedor.

​Fue entonces cuando escuchó un sonido proveniente de su propio escritorio.

​Un rasgueo suave, constante. Sobre la mesa limpia, su pluma estilográfica favorita de oro se había levantado sola. Sostenida por un dedo invisible, trazaba líneas sobre su agenda de piel con una caligrafía elegante y fluida:

​—La tinta siempre encuentra su camino, Max. No necesitabas romper tu estudio; la policía está por llegar y este lugar pronto será una escena del crimen. El teléfono no era el editor. Era la delegación de la costa. Encontraron mi auto en el acantilado... y tus huellas en el cable de los frenos. Gracias por el final de la novela; admito que tu desesperación le dio la estructura que le faltaba—.

​A lo lejos, rompiendo la calma de la mañana, el eco de una sirena policial comenzó a aproximarse por la carretera de la costa.

 

 

 

 

@copyright

Imagen de Google.


EL LAMENTO DE LA RAMA Y EL SUSPIRO DE LA MUSA.

 




Inspirado en la imagen.



​Ella no era de este mundo, o al menos eso parecía para el bosque que la custodiaba. Había descendido como un rayo de luna pálida, envolviéndose en un vestido de seda azul cielo que acariciaba la corteza rugosa con la suavidad de un suspiro. Sus pies, descalzos y libres de los grilletes del mundo, se posaron sobre la rama antigua, una extensión de su propia alma que parecía haber estado esperándola durante siglos. El árbol, un gigante centenario cansado de las estaciones, sintió un despertar en sus raíces profundas, una corriente de vida nueva fluyendo a través de su savia, todo por el simple contacto de su piel con su piel de madera.

​Con un libro en la mano, un portal abierto a otros mundos que palidecían ante el que ella habitaba ahora, ella se entregó a la lectura. No había prisa en su postura, solo una aceptación tranquila del momento. Las hojas densas, como celosos guardianes de un secreto sagrado, formaban un dosel sobre su cabeza, filtrando la luz del sol para que solo los rayos más suaves se atrevieran a rozarla. Los pájaros cantaban melodías antiguas que solo ella parecía comprender, y el viento susurraba promesas de eternidad entre las copas de los árboles. El bosque entero parecía contener el aliento, temeroso de perturbar la paz que ella había traído consigo. Y en el corazón del árbol, en un lugar donde los años no tienen sentido, se forjó una promesa, que mientras ella estuviera allí, el tiempo se detendría, y la belleza de ese momento quedaría grabada para siempre en la memoria de la tierra.




Imagen de Google

HOMENAJE: María Gloria Carreón Zapata

 







Honrada y agradecida Dr. En un par de horas lo subo al blog. Anoche estuve un rato en OME. BENDICIONES.

HOMENAJE: María Gloria Carreón Zapata

ALEGRÍA  meridiana de arte menor

A: María Gloria Carreon Zapata

GRANDE POETA, MEXICANA

Originaria de Cerros Blancos

Nvo. León, México.

.

.

María en su álbum

Ri ma culta  dando amor

Allá en  forma citarista

.

Gloria con swing

rimandola  con amor

a  su letra serendipia.

.

Carreon da un clic

Recuerda nunca   imitar

ondea  su yó  prístino.

.

Zapata, es luz

Pa”compartir su laptop

talla así nuestro fonet.

.

.

Dr. Rafael Merida Cruz-Lascano OFS

Ambassadeur de la Paix.

cercle universel des ambassadeurs de la paix France/Suisse

.

Sistema de Información Cultural -SIC-

Dirección General de Desarrollo Cultural y Fortalecimiento de las Culturas

Ministerio de Cultura y Deportes. Guatemala

Citarista: Versada en las artes.

Swing: Estilo y ritmo con gracia y soltura.

Serendipia: valiosa no por casualidad.

Prístino: Que es original, puro y no ha sido alterado.

Fonet. Educando , practicando  la fonética.

Alegría meridiana.  Tercetos. Creada por este escritor guatemalteco  el 19 de junio de 2003. Tantas estrofas como sea, el nombre de su título  o primera palabra, Nombre de  A quien se ha dedicado cuán si fuese acróstico . Consta de tres versos consonantes que inician con la letra,  misma en su palabra  final. 

Expresar la alegría. Es el conjunto de reglas y normas clásicas de 1785 diseñadas para componer o evaluar obras literarias culteranas. El primer verso de cuatro sílabas métricas. El segundo es un dístico octosílabo.

Aunque se puede presentar en una sola estrofa, lo regular es que se muestra con cuántas vocales  obliga su título.

Se puede Incluso con los preceptos obligatorios, La primera letra , o Sílaba,

Y repetir la primera letra en la palabra del verso,  utilizarla con buen humor, en medida métrica, sátiras, elegías, epístolas e incluso sarcásticamente en dramas.

(pentasílabo)

Es permitido… decasílabos, formados por dos partes de cinco sílabas métricas cada una. Si el prime verso es de seis sílabas, (6-4) se convierte en endecasílabo 4-6-8-10 Si el prime verso es de siete sílabas , se convierte en alejandrino 4-7 10 Incluso puede, con los preceptos obligatorios, utilizarlos con buen humor, en sátiras, elegías, epístolas e incluso sarcásticamente en dramas.

DIÁLOGO DE PLUMAS

  Acepto, pues, la propuesta, que el camino se hace ameno si el verso nos trae el pleno de una abierta y franca fiesta. La palab...