domingo, 22 de febrero de 2026

ESCUDO DE INOCENCIA

 




 

​No se toca lo sacro, ni en la idea

ni el pensamiento roce su pureza

que el niño es luz, es vida y es nobleza,

aunque el hambre de algunos lo rodea.

 

​Aquel que calla, el mal así desea

doblegando ante el oro su cabeza

mostrando en el silencio su bajeza

mientras el alma humana se saquea.

 

​Defendamos su paz, su tierno nido

con la vida si el daño se avecina

frente al monstruo de poder corrompido.

 

​Que no sea su voz una neblina,

ni el futuro un espacio del olvido

donde el hombre su esencia desatina.


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PARA QUE NO LO OLVIDES.

 




 

​No ignores aquel ayer, no descuides el momento,

la tarde en que las manos se entregaron al placer;

la vida transcurría con un paso tan lento

que unidos aguardamos el vivo amanecer.

 

​No intentes, ni un instante, confundir el presente

con la génesis pura de lo que fue vibrar;

fundimos nuestras almas de forma tan ardiente

que el tiempo, en su fuga, nos vio la aurora hallar.

 

​Eternidad grabada quedó en la memoria,

un hito imborrable que no conoce olvido;

me rindo ante el relato de nuestra gran historia

y a mi propio elemento te llevo siempre unido.

 

​En tardes de estío, bajo el roble gigante,

convierto en mis versos aquel dulce fragmento;

veo danzar la paloma, blanca y galante,

mientras para nosotros... invento el mejor cuento.

DE LA TORMENTA AL REFUGIO, El TRÁNSITO HACIA LA CABAÑA.

 








Este ensayo explora la transición del fuego del enamoramiento a la solidez del amor, utilizando la "cabaña" como el símbolo supremo de esa victoria silenciosa que he venido construyendo en la narrativa.

​El enamoramiento es, por naturaleza, una intemperie deslumbrante. Es como caminar bajo una tormenta de luz: los sentidos se aturden, el juicio se nubla y el corazón late al ritmo de una urgencia que no conoce el descanso. En esa etapa, no habitamos una estructura, sino un espejismo; creemos que la intensidad es sinónimo de eternidad, cuando en realidad es solo el combustible que arde rápido para encender la chispa.

​Sin embargo, el amor verdadero no es el incendio, sino el hogar que se construye con las cenizas de esa primera fogata. Aquí es donde aparece la cabaña.

​A diferencia del enamoramiento, que se eleva sobre castillos en el aire, la cabaña del amor se asienta sobre la tierra firme de la aceptación. Construir una cabaña requiere voluntad: hay que elegir la madera, pulir las asperezas y asegurar las vigas. No es un accidente del destino; es una arquitectura de la intención. En ella, ya no buscamos la perfección idealizada de "el otro", sino la paz de lo auténtico.

Es el lugar donde, tras haber superado conflictos y dejado atrás las figuras de sombra —como esos "Julianes" que ya no tienen poder sobre nuestro presente—, finalmente descansamos.

​Habitar la cabaña es entender que la mayor victoria no es la que se proclama con gritos de pasión, sino la victoria silenciosa. Es el triunfo de la calma sobre el caos. En este espacio, el amor se manifiesta en el silencio compartido, en el respeto por el espacio del otro y en la profunda satisfacción de hacer feliz a quien amamos, entendiendo que su alegría es el espejo de la nuestra.

​"El amor no es el deseo de poseer el horizonte, sino la decisión de cuidar el jardín que rodea nuestra puerta."

​Si el enamoramiento es un prólogo lleno de promesas, el amor es el capítulo central de nuestra historia, ese "Libro Abierto" que se lee a la luz de la chimenea. La cabaña representa ese estado de gracia donde ya no hay nada que demostrar, solo mucho que compartir. Es el refugio donde el alma, finalmente, se quita la armadura y se reconoce en el otro, no por lo que imagina que es, sino por la paz que le brinda ser quien realmente es.



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LA PIEL DEL ALMA.

 





​Hay verdades que no se ven en el espejo, sino en el eco de un bosque o en la libertad de un vuelo que ocurre solo por dentro. Ser humano es, para algunos, apenas una máscara necesaria, una vestimenta de seda que oculta un latido salvaje, una esencia que no sabe de leyes humanas, sino de instintos y de lunas.

​La justicia, esa balanza que tanto hemos invocado, debería ser también el derecho a habitar la propia naturaleza sin el peso del juicio ajeno. ¿Quién tiene el poder de dictar qué es "normal" cuando el espíritu reclama su herencia animal? El mundo a menudo teme lo que no puede domesticar, y tacha de extraño aquello que simplemente es libre.

​Si un alma se siente lobo, o ave, o viento, no es por el deseo de escapar, sino por el coraje de encontrarse. Ser uno mismo, a pesar de las miradas que buscan "el hilo roto" en la cordura del otro, es el acto de rebeldía más noble. Porque al final, la única verdad que importa es la que nos hace sentir en casa dentro de nuestro propio pecho, aunque esa casa tenga el aroma de la tierra húmeda y la inmensidad del cielo.



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EL VUELO ROTO DEL ÁGUILA.

 


 

La migración, el falso sueño americano y la injusticia del migrante mexicano perseguido en tierras de su herencia.

 

​Cruzaste el ancho río con desvelo

buscando en otro norte tu sustento

dejando el nido herido por el viento

para alcanzar un falso y frío cielo.

 

​Hoy pisas, águila, un extraño suelo

donde el desprecio es pan de cada acento,

y aquel que es extranjero en su elemento

te juzga con su odio y su recelo.

 

​¡Oh, sueño de humo, meta tan banal!

que apaga el brillo de tu estirpe vieja

en una tierra que fue tu heredad.

 

​Regresa el alma al campo y al nopal

pues tras la reja que el orgullo aleja

no hay sueño que valga tu libertad.



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EL ALTAR DEL ORGULLO MUDO.

 






​Se mueren de sed frente al río, pero se niegan a bajar la cabeza para beber. Él la mira desde la distancia de sus silencios, lanzando al aire migajas de nostalgia, indirectas que son como botellas lanzadas al mar sin mensaje dentro. Sufre, sí, pero su sufrimiento es una medalla de barro que se cuelga en el pecho para no tener que decir: "fui yo quien rompió el hilo".

​Es el machismo disfrazado de dignidad, esa cobardía que prefiere el luto eterno de una ausencia antes que el "bendito riesgo" de una explicación. Creen que buscarla es doblar la rodilla, cuando en realidad es la única forma de ponerse en pie. Prefieren habitar un invierno de cenizas, enviando señales de humo que nadie ha pedido, esperando que sea ella quien descifre el jeroglífico de su amargura.

​Pero ella ya no lee entre líneas. Ella ha aprendido que el amor que no se nombra, no existe; y que el arrepentimiento que no camina hacia la puerta, no merece entrada. No hay por qué ceder cuando la falta fue de él y el silencio es su única respuesta. Que se quede en su altar de orgullo, reinando sobre un reino vacío, mientras ella camina bajo un sol que no necesita de sus sombras.

​Porque un hombre que prefiere perder el amor por no perder el juicio, termina por no tener ninguna de las dos cosas.



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MAR DE DUELO

 






 

 

​Herida está mi niña, entre el dolor y el fuerte

azote de un mundo que la rapiña adueña,

triste y devastada, la campiña se empeña

en verter su morriña tras la mala suerte.

 

​Avizoro en futuro un terreno hostil,

legado de hombres de mirada vacía;

lo tangible al planeta su esencia hería,

sin saber que su mano era un arma febril.

 

​Hoy suplican piedad ante el gran cataclismo,

de rodillas se huye, con paso perdido;

la greda, del daño, su centro ha resentido,

víctima de un siglo de cruel egoísmo.

 

​¿Qué futuro a los niños?, mi voz desespera,

si el barco se hunde y se quiebra el anhelo;

ya cae el muro, ya no hay primavera,

solo una marea en un mar de duelo.



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LA VICTORIA DEL ALMA

 



​Al fin hallé la paz en la cabaña

tras cruzar el desierto del olvido

lo que ayer fue un lamento ya es sonido

de una brisa que el alma suave baña.

 

​Ya no me hiere el tiempo ni su saña,

pues el oro del triunfo he comprendido,

no es vencer al que el odio ha corrompido,

sino apagar el fuego que engaña.

 

​Guardo en el pecho el Libro de mi historia,

donde el perdón su tinta ha derramado,

sellando así una límpida victoria.

 

​Bajo la Luna, el miedo es ya pasado

y en este mar de luz y de memoria

al fin el corazón ha descansado.

EL ECO DEL RÍO ESCONDIDO

 



(Prosa Poética)



​Hoy mi mente divaga y regresa al terruño, ese escenario de luz donde la infancia fue un reino compartido. Nunca supimos de la soledad; nuestras manos, siempre entrelazadas, correteaban bajo la sombra de los vetustos nogales, que con generosidad antigua nos entregaban el tesoro de su nuez.

 En aquel tiempo, la palabra pobreza no existía en nuestro vocabulario, pues poseíamos la riqueza más vasta que el hombre puede ambicionar: la fortaleza del amor.

​Fuimos esculpidos por padres que, con la sabiduría del ejemplo, sembraron en nosotros la semilla de los principios. Nos enseñaron que la familia no es solo un lazo de sangre, sino un refugio sagrado, el tesoro más preciado sobre la faz de la tierra.

​Y hoy, cuando el calendario ha sumado inviernos a nuestra piel, aquellos niños de antaño nos hemos vuelto a encontrar. El tiempo ha pasado, pero el cariño permanece intacto, como un diamante que resiste el roce de los años. Algunos de mis primos, inmersos en sus labores, no pudieron sumarse a mis juegos de entonces, pero su afecto jamás mermó; otros, en cambio, fueron mis cómplices de carrera en aquella villa que aún guarda el eco de nuestras risas infantiles, fundidas con el murmullo eterno del Río Escondido.

​Somos ya personas adultas, curtidas por la vida, pero en el epicentro del corazón llevamos grabado, con tinta de honor, el valor de nuestra unión. Hoy, ese amor familiar que a veces parece dormir, despierta con un grito de júbilo: ¡Eureka!. Celebremos el reencuentro, pues al volver a mirarnos a los ojos, comprendemos que seguimos siendo los mismos niños, protegidos para siempre por el legado de nuestros mayores.

EL MAESTRO DE LA PLUMA

 







(Soneto)



​Aquel que toma el dardo del tormento

y en oro fino cambia su herida

no solo escribe el paso de la vida

sino que eleva al alma su cimiento.

 

​Es un maestro en pleno ascenso lento

que en la palabra halla su salida

la pena, en verso dulce convertida

es bálsamo, es refugio y es aliento.

 

​Si dar felicidad es su destino

y el soneto es la escala de su gloria

será la luz que alumbre cada etapa.

 

​Poeta, arquitecto del camino,

que deja en su perfecta trayectoria

la paz que se respira en su cabaña.



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ALQUIMIA DEL ALMA.

 


(Soneto)


​Convierte el poeta el dolor en su alquimia,

forjando la luz con su verso profundo

es faro en la niebla, que alumbra y que guía,

regando la siembra de un nuevo mundo.

 

​Su estrofa perfecta, reflejo de calma

cadena de rimas que al alma da voz

pues nada le llena, cual bálsamo al alma,

que ver a la humanidad hallando su Dios.

 

​Es puente de seda que cruza el abismo,

un canto que nace de paz y de entrega,

hallando en la letra su propio bautismo.

 

​Al fin la tormenta del alma se niega

venciendo al orgullo y al negro egoísmo,

la luz de la esencia por fin se despliega.



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ESCUDO DE INOCENCIA

    ​No se toca lo sacro, ni en la idea ni el pensamiento roce su pureza que el niño es luz, es vida y es nobleza, aunque el hambr...