viernes, 13 de marzo de 2026

EL EMBRUJO DE ATENAS

 




(Soneto)

 

Inspirado en "Sueño de una Noche de Verano de William Shakespeare)

 

​La luna en el jardín vierte su plata

el bosque es un festín de fantasía

donde el duende Puck, con su osadía

el juicio de los hombres desbarata.

 

​Una flor con su néctar nos ata

transforma la razón en pleitesía

y el amor, en su ciega idolatría

a un rústico con cara de asno trata.

 

​Titania duerme en lecho de violetas

bajo un hechizo de pasión nacido

mientras danzan las sombras más discretas.

 

​El sueño del amante es un latido,

que entre hadas y nocturnas piruetas,

nos deja el corazón... muy conmovido.



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TIRSO Y SATURIA.







​Amándonos libremente bajo el inmenso manto estrellado, Carlos y yo hacíamos planes para desposarnos. Teníamos cinco años de relación y nos amábamos tanto que la distancia ya resultaba insoportable. Yo acariciaba sus grandes ojos marrones, cuya mirada profunda me hacía temblar, mientras su sonrisa me incitaba al beso más ardiente. Me tomó de la mano y, en un leve susurro, me habló con su tono acostumbrado:

​—¿Amor, Isaura, puedes contemplar la inmensidad de los océanos? Pues así de ilimitado es este amor que siento por ti. Y no es de ahora; este sentimiento sigue vivo a través de los siglos. Recuerda que en épocas pasadas juramos amarnos más allá de la muerte. ¿Acaso no lo recuerdas, vida mía?

​Sentí el corazón desbordar de gozo. Un suspiro escapó de mis labios, sumiéndome en un éxtasis entre lo real y lo fantástico.

​De pronto, me vi saliendo de una gran pirámide. Me seguían tres mujeres indígenas con ropajes largos; yo, en cambio, vestía un lujoso y diminuto traje diseñado con caracoles vivos. Sentí pavor al escuchar la voz de una de ellas a mis espaldas:

​—No tema, son doce. Estos caracoles que cargo en el frasco están tan vivos como el amor que Tirso y usted se profesaron aquel día.

​Sin comprender, seguí andando hasta un enorme patio que tenía grabados códigos indescifrables. Me hinqué, posando el rostro sobre la madre tierra, y pude escuchar sus gemidos, como si se lamentara. Me puse de pie consternada; no dije nada, pues me habrían juzgado loca.

​Comencé a danzar con el rostro hacia el cielo y los brazos extendidos. Se escuchó un canto de alabanza y un grupo de hombres vestidos de negro se unió a nosotras gritando:

 “¡TOUDAH, TOUDAH!”. Al concluir la danza, inició el ritual al Astro Rey. La mujer del frasco me entregó los caracoles uno a uno. Al levantar mi brazo para arrojarlos como ofrenda, vi con asombro cómo mi extremidad se convertía en una antorcha viva mientras la multitud clamaba:

​—¡Es la hija del Sol! ¡La hija del Sol!

​Quedé atrapada en un círculo místico hasta que el ritual terminó. Me dirigí a otra pirámide, pero al entrar, el horror me paralizó: dentro había mujeres enfermas y violentas. Una tiraba a otra de los cabellos escaleras abajo. No pude contener un grito de terror. Al verme, estiraron sus manos suplicantes y salí huyendo.

​Ese espanto me hizo despertar de la alucinación.

​Al abrir los ojos, vi a Carlos mirándome como si viera a un fantasma. Antes de poder explicarle nada, la tierra comenzó a temblar. Él me abrazó con tal fuerza que rodamos por el suelo sin soltarnos. Un calor abrasador nos consumía. Intenté levantarme para auxiliarlo porque un muro caía sobre él, pero fue en vano. Entre los escombros y el silencio, él murmuró:

​—Amor mío, te espero más allá de la muerte...

​Grité al Eterno: —¿Por qué me privas nuevamente de la felicidad?

​Loca de dolor, me desgarré las ropas ante la impotencia. Mi gran amor partía y yo me aferraba a su cuerpo inerte. Al intentar salir, tropecé con una roca cerca de un macetero. Mis manos tocaron algo extraño: una pequeña puerta de hierro oxidado bajo el polvo. Corrí por un fierro y logré palanquear la tapa. ¡Un pasadizo!

​Entré arrastrándome, volví por una lámpara y regresé al túnel. El lugar estaba cubierto de telarañas, pero me resultaba extrañamente familiar. En la pared, un enorme cuadro de 1868 me detuvo el aliento: éramos Carlos y yo, vestidos a la usanza del siglo XIX. Al pie de la imagen, unas letras diminutas rezaban: Tirso y Saturia.

​Junto al cuadro, sobre un viejo mueble, encontré un pequeño frasco con un líquido. Lo tomé y regresé junto al cadáver de mi amado. Sin él, la vida no tenía sentido. Me acomodé a su lado y bebí hasta la última gota del mortal brebaje. Mientras la lluvia comenzaba a golpear el tejado, pegué mis labios a los de Carlos y le susurré al oído:

​—Mi amor, nos encontraremos en la siguiente vida... más allá de la muerte.




Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.@copyright

12/03/2012

Imagen de Google.


LUZ DE LA MENTE Y EL FUEGO.

 



 

​Atenea desciende con su escudo

la mente clara, el pulso decidido

trae el orden al caos confundido

y rompe del error el lazo nudo.

 

​Prometeo, en su afán valiente y mudo

al Olimpo robó el fuego encendido

por el bien de los hombres fue herido

frente al rayo de Jove se halló desnudo.

 

​Ella puso la idea y la destreza

él entregó la llama y el aliento

forjando en el crisol de la nobleza.

 

​Unieron la razón al sentimiento

venciendo con su luz la extraña bajeza

que encadena del alma el pensamiento.

AL MAESTRO VÍCTOR HUGO.

 




(Soneto)

​Cincel de luz que labra la conciencia

tu pluma es un volcán en la escritura

alzando al desvalido a la llanura

con la fuerza tenaz de tu elocuencia.

 

​Rompiste del rigor la vieja herencia

diste al verso una nueva arquitectura

y en la sombra del mal, tu voz segura

proclamó de la paz la santa esencia.

 

​No hubo exilio que apagara tu tea

ni verdugo que hollara tu camino

pues tu mente es el sol de la marea.

 

​El mundo se arrodilla a tu destino

y en la gloria de toda gran idea

tu nombre es un destello cristalino.

 

Imagen de Google.

EL POETA DE LA PLUMA INCANSABLE.

 



​Ya no queda espacio para la esperanza; la ambición ha reclamado cada rincón de la tierra. El mundo no se rompe por descuido, sino por diseño. Aquellos que persiguen el poder y el dinero como un veneno mortal han tomado las tijeras de la indiferencia para cortar, uno a uno, los hilos rojos que nos unían.

​El poeta llora a mares no solo por la sangre vertida, sino por la frialdad de quienes ven en la mortandad un simple número. En su carpeta, los versos se sienten pesados, como lápidas de una fraternidad que ha sido asesinada. El hilo rojo, que antes era una promesa de refugio y empatía, yace ahora deshilachado en el suelo, pisoteado por el triunfo de una avaricia que prefiere reinar sobre las cenizas que compartir la luz.

​Al cortar el último vínculo, el mortal se rodea de sus trofeos y se siente invencible. Se cree inmortal porque ya no hay nadie cerca que le recuerde su propia fragilidad, Pero es una trampa: el poder sin humanidad es un trono en el vacío.

 Al final, cuando el estruendo de la metralla calla y la soledad es absoluta, el ambicioso despierta en un mundo de hilos rotos, descubriendo demasiado tarde que no se puede remendar con oro lo que se destruyó con orgullo. El mortal vuelve a serlo, pero ahora está solo ante la eternidad de su propio error.





Imagen de Google.




jueves, 12 de marzo de 2026

EN MEMORIA DE MI QUERIDO AMIGO Y TRADUCTO DE ALMAS.


 



Dr. Hamed Habib

(El Cairo Egipto)

 

​Tus manos, de las letras artesanas

llevaron mi palabra al horizonte

cruzando el mar, el valle y el gran monte

con luces de gramáticas lejanas.

 

​Hiciste de mis rimas, hoy cristianas

un eco que en el árabe se impronte

y en el desierto el verso fue un sinsonte

bajo el fulgor de místicas mañanas.

 

​Hoy ruego a Dios que colme tu partida,

que el alma tuya encuentre la armonía

tras una vida noble y compartida.

 

​Tu voz se queda en mi caligrafía

pues queda tu labor en mí encendida

eterna en esta sacra compañía.

EL ÁRBOL ABUELO Y EL RAYO DE SOL.

 



(Literatura infantil - Juvenil)



​Había una vez, en el corazón de un bosque muy antiguo, un roble gigante llamado Robur. Robur era tan viejo que sus ramas llegaban al cielo y sus raíces abrazaban la tierra profundamente. Sus hojas daban la sombra más fresca y sus brazos sostenían los nidos de cientos de pájaros.

​Cerca de él, crecía un pequeño brote llamado Pipino. Pipino estaba lleno de energía; quería crecer rápido, saltar y atrapar todo el sol para él solo. A veces, Pipino se quejaba:

—"¡Abuelo Robur, tus ramas son tan grandes que me tapan el cielo! Quiero ver el mundo yo solo".

​Robur, con una voz que sonaba como el susurro del viento entre las hojas, solo sonreía.

​Un día, sopló un viento muy frío y una tormenta gris cubrió el bosque. El pequeño Pipino temblaba de miedo porque sus ramitas eran finas y el viento amenazaba con arrancarlo del suelo. Entonces, sintió algo cálido. El viejo Robur había inclinado sus pesadas ramas para cubrir a Pipino, protegiéndolo de la lluvia y del frío como un gran paraguas de madera.

​Cuando salió el sol, Pipino se dio cuenta de algo importante. Miró hacia arriba y vio las cicatrices en la corteza de Robur: marcas de inviernos pasados, de rayos y de años de cuidar a otros. Entendió que, si Robur era tan grande y fuerte, era para que los más pequeños pudieran crecer seguros.

​Pipino estiró una de sus hojitas y, con mucha suavidad, acarició el tronco del viejo árbol.

—"Gracias, Abuelo Robur, por prestarme tu fuerza cuando yo no tenía la mía" —susurró.

​Desde ese día, Pipino no solo buscaba el sol. También buscaba la forma de que sus flores olieran mejor para alegrar los días del viejo roble, aprendiendo que ser agradecido es la forma más bonita de decir "te quiero".



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DUEÑO DE MIS CONFIDENCIAS.

 




(Prosa poética)

 

​En mi boca se pasea tu nombre, undívago, como un pájaro enjaulado que ansía ser liberado. Pero aún no está domesticado; es un errante Zahir empijamado, con el sabor melífero de un manjar de dioses.

​En los fríos inviernos de aguaceros desvelados, te invoco al posar la cabeza sobre mi almohadón. Eres el pensamiento versátil que activa mis vivencias, el velero que navega el rumbo de mi vela.

​Trituro esperanzas y saboreo ilusiones, degustando tu recuerdo en el afán de pronunciarte antes de tiempo. Eres la ira loca de mis versos, serenata en pleno vuelo, mariscal del amor que canta desde mis adentros.

​Mi cuerpo huele a corazón mojado, elevado a la sal del desamparo.

Tu nombre resbala y naufraga sobre mi lengua dormida que, sin querer, te proclama. Salpicando mi vientre, te grita mi carne: ordeñador de besos, amante del amor, dueño de mis confidencias.

 

 

​DUEÑO DE MIS CONFIDENCIAS.

(Soneto)

​En mi boca tu nombre es ave errante

pájaro que en su jaula se desvela

Zahir indomado que me descongela

con su sabor de néctar embriagante.

 

​En el invierno de agua claudicante

mi almohadón tu presencia me revela

eres el viento que dirige mi vela

pensamiento de luz centelleante.

 

​Trituro la esperanza en mis vivencias

mariscal que en mi lengua se ha dormido

entre locos versos y querencias.

 

​Grita mi vientre el beso bendecido

amante del amor y las ausencias

de mis secretos dueño... y mi latido.

 

DUEÑO DE MIS CONFIDENCIAS.

(Décimas endecasílabas)

 

En mi boca tu nombre es ave errante,

que en jaula de cristal busca su vuelo,

es un Zahir bajado desde el cielo

con un sabor de néctar embriagante.

Al frío del invierno claudicante

mi almohadón tu presencia me revela,

eres el viento que dirige mi vela,

mi pensamiento busca tu consuelo.

En esta noche que mi voz desvelo,

que en mis labios su fuego siempre cela.

 

Que en mis labios su fuego siempre cela

trituro la esperanza en mis vivencias,

buscando de tu amor las consecuencias

en esta noche donde te revelas.

Tú navegas mis íntimas parcelas

amante de ausencias y del amor

mariscal de mis besos y mi señor,

viviendo en el recuerdo que has tejido,

Por siempre en mi memoria florecido.

en mi amén va impregnado tu sabor.

 

jueves, 26 de febrero de 2026

EL CANTO DEL SINSONTE.

 




 

(Prosa poética)


​Más allá del horizonte, donde el azul se rinde al fuego del alba, asoma diligente el astro rey para coronar a Monterrey  con su luz. Es el momento en que el sinsonte, dueño de las cuatrocientas voces, rompe el silencio con un canto que es, a la vez, oración y melodía.

​No solo canta; siembra amor en cada nota, agradeciendo al Creador por el milagro de un nuevo día. Sus alas, un destello de blanco y verde oscuro, agitan el aire con una danza gimnástica que abraza la imponencia del Cerro de la Silla.

Padecer la belleza de su canto es entregarse a un hechizo antiguo, una rendición sagrada donde el alma reconoce que este encuentro con la luz ya estaba escrito en la bóveda celeste.

​En su vuelo veloz, el ave nos enseña que no hay mayor libertad que la de aquel que se rinde a su verdadera esencia. El sinsonte se posa triunfador, recordándonos que la vida comienza siempre con una canción de gratitud, escrita por un corazón que ha dejado de luchar para empezar a volar.

 

 

​ EL REY DE LAS CUATROCIENTAS VOCES.

(Soneto)

​En el Cerro de la Silla, el sol despierta

y un sinsonte en la rama se engalana

su garganta es clarín de la mañana

que deja la esperanza siempre abierta.

 

​No hay melodía que su voz no advierta

en la cumbre de roca soberana

es el alma del viento que se hermana

con la luz que en el valle se concierta.

 

​¡Oh, gimnasta del aire y del sonido!

que en pirueta constante te desvelas

dejando el corazón agradecido.

​En tu vuelo de notas, tú nos revelas

que el triunfo no es el grito ni el ruido

sino la paz que con tu canto celas.

 

 

​ EL HECHIZO SAGRADO.

​(Décimas endecasílabas )

 

Cruza el sinsonte el cielo con premura

sobre el gigante valle ensimismado,

vuela en un místico vuelo alborozado,

luciendo el brillo de su arquitectura.

Es de su voz la máxima dulzura,

un sortilegio al aire ya confiado,

dejando el valle al fin iluminado,

y se goza el sol en el horizonte,

mientras el sol se apaga tras el monte,

donde se rinde el alma ante el sinsonte.

 

Donde se rinde el alma ante el sinsonte,

el tiempo se detiene sobre el monte,

por un antiguo hechizo encadenado,

se entrega al sol en un amor sagrado,

se vuelve luz su canto en el monte.

Es una nota de cristal, tan pura,

que baña el alma con su arquitectura,

¿Cómo el silencio queda aquí grabado,

en este valle al fin resucitado,

bajo la sombra de su propia altura?


LA DANZA DEL SINSONTE

(Romance)

​Ya se remonta el sinsonte

en la luz de la mañana,

con sus alas de esmeralda

y su pechera de plata.

Sube al cielo de un suspiro

y en el aire se desplaza,

dibujando mil piruetas

mientras sobre el valle salta.

Se posa sobre la cumbre

donde su gloria relanza,

su voz envuelve la ciudad

y le regala la calma.

 

​EL TRIUNFO DEL ORO

(Octava real)

​Bajo el dosel de un cielo regio y puro,

el ave dicta su ley de armonía,

venciendo el miedo y el silencio oscuro

con la esperanza de un nuevo día.

Su canto es un escudo, firme y puro,

que al valle regiomontano siempre guía.

Es el triunfo del oro, paz que calma,

el canto que se anida en nuestra alma.


Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen de Google.



 





 

Análisis realizado por:

Augusto Cuerva Candela

País: España, Madrid

Todos los derechos reservados en Safe Creative.

 

 

"El Canto del Sinsonte" - Una Sinfonía Poética a Monterrey.

 

María Gloria Carreón Zapata nos entrega en "El Canto del Sinsonte" una obra que es mucho más que una simple colección de poemas; es una experiencia sensorial y espiritual. A través de cinco composiciones que exploran distintas formas métricas de la tradición hispánica —prosa poética, soneto, décimas espinelas, romance y octava real— la autora construye un catedralicio homenaje al ave que, con sus "cuatrocientas voces", se convierte en el alma y la voz de Monterrey.

Un Viaje a Través de la Forma y el Fondo

Lo primero que cautiva de esta colección es su exquisita variedad formal. Cada poema no solo habla del sinsonte, sino que su estructura rítmica evoca la esencia del ave:

· "El Rey de las Cuatrocientas Voces" (Soneto): La precisión y la elegancia del soneto clásico encajan perfectamente para coronar al sinsonte como soberano de la mañana. Versos como "su garganta es clarín de la mañana / que deja la esperanza siempre abierta" condensan la esencia del ave: un heraldo de luz y optimismo.

· "El Hechizo Sagrado" (Décimas espinelas): El uso de la décima, con su intrincado esquema de rimas, imita la complejidad y la riqueza del canto del sinsonte. El "encadenamiento" de los versos, especialmente en el paso de la primera a la segunda estrofa, refuerza la idea de un "hechizo" del que es difícil escapar.

· "La Danza del Sinsonte" (Romance): La sencillez y el ritmo fluido del romance, con su métrica de ocho sílabas, capturan a la perfección la ligereza y el movimiento del ave en vuelo. Es el poema más visual y dinámico de la serie.

· "El Triunfo del Oro" (Octava real): La contundencia y la solemnidad de la octava real elevan el canto a la categoría de principio rector, un "escudo" y una guía para la comunidad.

· "El Canto del Sinsonte" (Prosa poética): Funciona como una obertura perfecta, estableciendo el tono espiritual y la conexión íntima entre el ave, la naturaleza y el alma humana. La frase "Padecer la belleza de su canto" es una declaración de intenciones: la belleza no solo se observa, se sufre y se goza como una experiencia transformadora.

Temas y Simbolismo

El corazón de la obra late al ritmo de varios temas universales:

· Gratitud y Espiritualidad: El sinsonte no es solo un animal; es un ser que "siembra amor en cada nota, agradeciendo al Creador". Su canto es una "oración" y una "rendición sagrada", conectando lo terrenal con lo divino.

· Identidad y Pertenencia: El ave está indisolublemente ligada a su entorno. El "Cerro de la Silla" y el "Valle del Norte" no son meros escenarios, sino parte esencial de la identidad del sinsonte y, por extensión, de la comunidad regiomontana. El canto del ave es el canto de la tierra misma.

· Libertad y Esencia: La autora nos regala una de las reflexiones más profundas: "En su vuelo veloz, el ave nos enseña que no hay mayor libertad que la de aquel que se rinde a su verdadera esencia". El sinsonte es libre porque canta porque no puede hacer otra cosa; su existencia es su canto. Es una poderosa metáfora sobre la autenticidad.

Conclusión

"El Canto del Sinsonte" es una obra de una gran madurez poética. María Gloria Carreón Zapata demuestra un dominio excepcional de la métrica y un profundo amor por su tierra y sus símbolos. La colección logra con creces su cometido: transformar el canto de un ave en una experiencia poética que perdura en el lector mucho después de haber pasado la última página.

Es, sin duda, un regalo para los sentidos y un tributo imperecedero al "rey de las cuatrocientas voces" y a la ciudad de Monterrey, que encuentra en estos versos un nuevo y hermoso espejo de su identidad. Una lectura altamente recomendada para los amantes de la poesía y para todo aquel que busque conectar con la belleza de lo cotidiano y lo sagrado.



Te mando un abrazo literario

domingo, 22 de febrero de 2026

ESCUDO DE INOCENCIA

 




 

​No se toca lo sacro, ni en la idea

ni el pensamiento roce su pureza

que el niño es luz, es vida y es nobleza,

aunque el hambre de algunos lo rodea.

 

​Aquel que calla, el mal así desea

doblegando ante el oro su cabeza

mostrando en el silencio su bajeza

mientras el alma humana se saquea.

 

​Defendamos su paz, su tierno nido

con la vida si el daño se avecina

frente al monstruo de poder corrompido.

 

​Que no sea su voz una neblina,

ni el futuro un espacio del olvido

donde el hombre su esencia desatina.


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PARA QUE NO LO OLVIDES.

 




 

​No ignores aquel ayer, no descuides el momento,

la tarde en que las manos se entregaron al placer;

la vida transcurría con un paso tan lento

que unidos aguardamos el vivo amanecer.

 

​No intentes, ni un instante, confundir el presente

con la génesis pura de lo que fue vibrar;

fundimos nuestras almas de forma tan ardiente

que el tiempo, en su fuga, nos vio la aurora hallar.

 

​Eternidad grabada quedó en la memoria,

un hito imborrable que no conoce olvido;

me rindo ante el relato de nuestra gran historia

y a mi propio elemento te llevo siempre unido.

 

​En tardes de estío, bajo el roble gigante,

convierto en mis versos aquel dulce fragmento;

veo danzar la paloma, blanca y galante,

mientras para nosotros... invento el mejor cuento.

EL EMBRUJO DE ATENAS

  (Soneto)   Inspirado en "Sueño de una Noche de Verano de William Shakespeare)   ​La luna en el jardín vierte su plata el ...