lunes, 13 de julio de 2026

GRATITUD Y SABIDURÍA.

 



Soneto

 

​Jamás la falsa gloria perseguido

he querido en mi senda, ni el dinero

correr tras la verdad fue mi sendero

con un lema humilde y sostenido.

 

​Vivir en santa paz he preferido

vencer la vanidad es lo primero

la vida es una escuela, un astillero

donde el golpe nos deja más pulido.

 

​Hoy miro la distancia caminada

y evocando al poeta en su hondo vuelo

bendigo esta existencia transitada.

 

​"Vida, nada me debes" , digo al cielo,

pues todo tu caudal me fue ofrecido...

¡Vida, estamos en paz y agradecido!

TRÁGICO CICLO DEL ABANDONO Y LA VEJEZ ROBADA.

 



(Ensayo)

 

​La maternidad es, en su esencia más pura, un acto de amor, presencia y responsabilidad inquebrantable. Sin embargo, existe una dolorosa realidad que la sociedad a menudo susurra, pero rara vez confronta, la de aquellas mujeres para quienes el título de "madre" no es más que una etiqueta biológica. Mujeres que, deslumbradas por una libertad mal entendida y el deseo de andar "del tingo al tango", deciden que la crianza es una carga de la cual pueden y deben deslindarse. Este es un llamado a la conciencia de aquellas que abandonaron su deber, dejando tras de sí una estela de vidas rotas y espaldas cansadas.

​El peso de la ausencia y la semilla del caos.

Un hijo no se educa solo; no absorbe valores del aire ni aprende de límites en la soledad. Cuando una madre decide priorizar su diversión efímera y su vida social por encima de la formación de su hijo, está firmando el primer capítulo de una tragedia anunciada. La ausencia de reglas, de guía y, sobre todo, de un amor presente, crea un vacío emocional profundo. No es de sorprender que muchos de estos niños, dejados a su suerte mientras su madre huye de la responsabilidad, crezcan buscando refugio en los lugares equivocados.

 La falta de educación en el hogar se traduce, con alarmante frecuencia, en jóvenes que terminan cruzando la línea hacia la delincuencia. Y cuando el hijo, ya sin control, se convierte en un problema demasiado grande, la madre irresponsable da su último y más cobarde paso, huir de nuevo.

​El refugio de la holgazanería y la injusticia hacia la tercera edad.

Es en este punto de quiebre donde ocurre la mayor de las injusticias. Cuando los hijos ya son un torbellino de problemas, cuando la delincuencia o la rebeldía han echado raíces, estas madres buscan a quién pasarle la factura de su negligencia. Y la víctima perfecta suele ser la abuela paterna.

​Corren a refugiarse bajo el techo de una anciana, pero no llegan con la intención de enmendar el camino, sino a instalarse en la más absoluta comodidad. Se convierten en seres que ni estudian ni trabajan; jóvenes sin oficio ni beneficio que pasan los días acostados, sumidos en la holgazanería, mientras la abuela, con sus pocas fuerzas y su avanzada edad, tiene que ver cómo los mantiene y atiende.

​Es una crueldad indescriptible arrojar a un joven problemático al cuidado de una anciana que apenas tiene fuerzas para cuidarse a sí misma. Obligan a la abuela a vivir en la angustia, a lidiar con el caos, las malas contestaciones y el peligro que rodea a un nieto sin rumbo, todo porque la persona que lo trajo al mundo no tuvo el valor, ni los sentimientos, para hacerse cargo de su propia obra.

​Un llamado a la conciencia

A aquellas mujeres que se escudan en pretextos para justificar su abandono, el tiempo no perdona, y la vida cobra las facturas que se dejan sin pagar. Andar de fiesta en fiesta, evadiendo compromisos, no borra el hecho de que trajeron al mundo a un ser humano que las necesitaba. Permitir que sus hijos crezcan como holgazanes y delincuentes, para luego dejárselos a una mujer de la tercera edad, no es encontrar una solución; es un acto de egoísmo extremo y una falta total de empatía.

​La libertad que creen haber ganado es una ilusión construida sobre el sufrimiento de dos generaciones, un hijo que se perdió en el camino por falta de guía, y una abuela a la que se le arrebató la paz en el ocaso de su vida. Ser madre requiere valentía, sacrificio y un corazón dispuesto a educar. A quienes huyeron de esto, solo les queda el peso de saber que su negligencia destruyó lo que debieron proteger, y que la vejez que hoy abusan en otros, algún día también tocará a su puerta.

 

 

De mi Libro de Reflexiones sobre la Condición Humana.

Imagen de Google

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EL CARACOL AVENTURERO

 




Literatura  infantil.


​Despacio el caracolito,

deja un rastro de cristal,

lleva a cuestas su casita,

va camino del rosal.


​Sube, sube por el tronco,

sin prisa y con decisión,

lleva un mapa dibujado

y un gran sueño en el corazón.


​El mapa le marca el rumbo,

para volver a su hogar,

que se encuentra bien oculto

a la sombra del lagar.


​Con sus anteojos de musgo

el ciempiés mira el papel,

y con cuatro de sus manos

señala hacia el cascabel.


​Da la vuelta en la campana,

cruza el charco de humedad,

que detrás de aquella piedra

tu casita encontrarás.


​Pero al cruzar el camino,

¡qué tremenda novedad!,

una manzana caída

le tapa la vecindad.


​Es un monte de oro y rojo,

imposible de saltar,

y rodearla le requiere

un esfuerzo singular.


​Trepa, trepa, paso a paso

ese gigantesco muro,

y con ello ha demostrado

que su empeño es el más puro.


​Al bajar de la manzana

ve su planta de laurel,

abre alegre su casita

y se duerme en un vaivén.



Imagen de Google


EL SAPITO Y LA ARDILLA DE MINNESOTA.

 



Literatura infantil.

 

​Un sapito muy astuto,

de color gris plateado,

en la silla del balcón

se ha quedado congelado.

 

​Una ardilla guaguarera

le propone refugiarse,

a la sombra de los pinos

bajo la húmeda tierra.

 

​Da un salto desde el metal,

vuela libre por la acera,

y aterriza muy alegre

en la alfombra de la hierba.

 

​La ardilla lo guía al hueco

 la lluvia suave refresca,

donde el musgo está mullido

y la noche se hace buena.

 

​Le comparte tres bellotas

que guardó en la primavera,

y entre risas le relata

la historia de Minnesota.

 

​Habla de inviernos helados,

de lagos de agua serena,

y de bosques de madera

donde el viento se pasea.

 

​La altruista y buena ardilla

sabe que aunque tan distintos,

son seres vivos y hermanos

bajo el cielo del planeta.

EL ESPEJO DE LA CHARCA, Y EL PÁJARO DE PLATA.

 



Género Infantil

 

​En el Gran Bosque Verde vivía un pájaro llamado Plácido. No era el más grande ni el más fuerte, pero tenía un don único, cuando cantaba, sus plumas brillaban con destellos de plata y una suave brisa templada acariciaba a quien lo escuchaba, quitándole cualquier tristeza. A Plácido le hacía feliz ver felices a los demás; no buscaba aplausos, solo disfrutaba compartiendo su luz.

​A todos les encantaba Plácido... bueno, a casi todos.

​En la rama más alta de un sauce viejo vivía Gorgón, un cuervo de plumaje opaco. Gorgón pasaba los días mirando a Plácido de reojo. Sentía un nudo amargo en el estómago cada vez que los animales aplaudían el brillo plateado del pequeño pájaro.

​Ese nudo se llama envidia. Lo triste de la envidia es que, a quien la siente, lo va vaciando por dentro. Gorgón dejó de disfrutar del sol, de los frutos dulces y de su propio vuelo. Solo podía pensar en una cosa —¿Por qué él brilla y yo no? Si yo no puedo tener esa luz, él tampoco debería tenerla —.

​Una tarde, consumido por ese malestar, Gorgón decidió inventar una historia. Fue a la madriguera de los conejos y les susurró:

—¿Saben por qué Plácido brilla? Porque por las noches roba el rocío mágico de las flores más tiernas para que nadie más pueda crecer.

​Luego voló hacia el nido de las ardillas:

—Plácido dice que ustedes son torpes y que solo guardan nueces podridas.

​Eso que hizo Gorgón se llama calumnia: decir mentiras sobre alguien para lastimarlo. Las calumnias son como semillas de barro; se pegan rápido y ensucian todo lo que tocan.

​Pronto, el rumor corrió por el bosque. Los animales, que antes sonreían al ver a Plácido, empezaron a mirarlo con desconfianza. Algunos le daban la espalda; otros, directamente, le lanzaban miradas frías.

​Plácido no entendía qué pasaba. Cuando intentaba cantar, el bosque se quedaba en un silencio incómodo. Quien recibe la calumnia siente una herida invisible y muy profunda. Plácido empezó a dudar de sí mismo. —¿Habré hecho algo malo sin darme cuenta?—, se preguntaba.

​La tristeza apagó sus plumas plateadas, que se volvieron de un gris plomizo. Dejó de cantar, se encogió en su nido y el frío del invierno pareció adelantarse en el bosque solo para él. El dolor de no ser comprendido y de verse rechazado por sus amigos le pesaba tanto que ya ni siquiera podía levantar el vuelo.

​Un día, una vieja y sabia tortuga llamada Doña Urraca, que había estado viajando y no sabía de rumores, buscó a Plácido para escuchar su canto. Al encontrarlo tan triste y descolorido, le preguntó qué ocurría. Plácido, llorando, le contó que todo el bosque lo odiaba y que decían cosas horribles de él.

​Doña Urraca, que conocía bien los secretos del bosque, comprendió de inmediato. Convocó a todos los animales junto a la charca clara del bosque y llamó también a Gorgón.

​—Mirad el agua —, dijo la tortuga—. Las palabras que se dicen unos de otros son como piedras lanzadas a esta charca.

​Miró fijamente a Gorgón, quien empezó a ponerse nervioso.

—Gorgón, las mentiras que dijiste sobre Plácido han enturbiado el agua de todos. Has hecho que el bosque pierda su música. Pero mira tu propio reflejo.

​Gorgón miró el agua. Ya no era solo un cuervo opaco; la envidia lo había vuelto encorvado, con el pico torcido por la amargura y los ojos tristes. Se dio cuenta de que su envidia no le había dado el brillo de Plácido, solo lo había hecho más infeliz a él mismo. Avergonzado, agachó la cabeza y, frente a todos, confesó que todo era mentira.

​Los animales sintieron una gran culpa. Al escuchar la verdad, corrieron hacia Plácido para pedirle perdón, dándose cuenta de lo fácil que es creer un rumor sin preguntar primero.

​El peso de la calumnia desapareció del pecho de Plácido. Al sentirse querido y comprendido de nuevo, un destello de plata brotó de sus alas. Sacudió sus plumas, elevó el vuelo y entonó la melodía más hermosa que jamás se había escuchado en el Gran Bosque Verde, una canción que hablaba de lo importante que es cuidar a los demás con la verdad.

​Gorgón no fue expulsado, pero aprendió una gran lección. Plácido, con su buen corazón, le enseñó que cada uno tiene su propio valor, y que para brillar, nunca es necesario apagar la luz de los demás.

 

A EMILIANO ZAPATA


 

Soneto


​Del suelo amurallado de la historia

surge tu estampa firme y soberana

sembrando en la conciencia mexicana

el fuego inmarcesible de tu gloria.

 

​Tu grito de justicia y de victoria

rompió la vieja y cruel cadena humana,

dejando en cada surco una mañana

que vive para siempre en la memoria.

 

​Hoy duele ver el campo tan desierto

sufriendo el abandono del olvido

sin manos que mitiguen su tristeza.

 

​El sueño del labriego sigue muerto,

lo que por libertad habías pedido,

hoy languidece ante tanta pobreza.

LAS FLORES DE LA MEMORIA






Narrativa costumbrista con tintes de realismo mágico (o cuento de realismo mágico rural).

 

La herencia de Aurelia no fue de plata ni de títulos; fue un pañuelo de lino viejo atado con un cordón camel, y dentro, un puñado de tierra gris, seca como la ceniza. Sus hermanos se habían repartido las casas y el ganado de la llanura, burlándose de su pedazo de cerro yermo, allá donde el viento solo traía el murmullo lejano del río y el crujido de los árboles viejos.

​—Esa tierra ya no da nada, Aurelia. Está cansada de esperar —, le habían dicho.

​Pero Aurelia recordaba los dedos de su abuela, sabios y agrietados, hundiéndose en el suelo para curarlo. El primer amanecer, cuando la neblina aún flotaba sobre los surcos abandonados, ella se arrodilló. No tenía semillas, ni agua en abundancia, ni abonos modernos. Tenía, en cambio, una pena honda por el olvido del campo y una canción antigua que le cantaba su madre para arrullarla.

​Cavó con sus propias manos hasta que las uñas le dolieron, depositó la tierra del pañuelo en la grieta del suelo sediento y, al cubrirla, dejó caer una lágrima mientras tarareaba la melodía.

​Al día siguiente, el milagro rompió el polvo.

​Del surco seco no brotó espiga ni hierba común. Emergió una planta de hojas plateadas que, al abrirse bajo la luz de la luna, reveló capullos de una blancura purísima, idénticos a las magnolias, pero con un brillo propio que desafiaba a la penumbra. Cuando Aurelia se acercó y rozó los pétalos, el aire se llenó de algo más que perfume: se llenó de voces. El viento trajo el eco de las risas de su infancia, el olor al pan recién horneado de su casa paterna y el sonido claro de las palabras de aliento de los que ya se habían marchado al cielo.

​La tierra no estaba muerta; solo estaba esperando a alguien que supiera escucharla.

​Pronto, el brillo de la colina dejó de ser un secreto. Por las noches, los destellos plateados se veían desde el valle, y el rumor de que en la tierra de Aurelia florecía el pasado corrió como reguero de pólvora. Los primeros en subir el cerro fueron los ancianos del pueblo, aquellos cuyas piernas ya no les permitían recorrer los campos y cuyos ojos extrañaban los rostros de su juventud.

​Aurelia no les cobró una sola moneda; los recibió con jarros de café caliente y los guio descalzos hasta los surcos.

​—Solo piensen en lo que más extrañan —, les decía con una sonrisa cálida—, y dejen que la tierra haga el resto.

​Un viejo campesino, que andaba cabizbajo porque el olvido del gobierno y las sequías le habían quitado sus parcelas, se acercó a la magnolia más grande. Al rozar sus pétalos blancos, sus ojos cansados se iluminaron. No solo escuchó el galope de los caballos de su juventud, sino que sintió el olor a tierra mojada después de una buena cosecha y una fuerza renovada en el pecho. Las flores no solo devolvían recuerdos; devolvían la dignidad que el tiempo les había arrebatado.

​Una tarde, llegó una mujer del pueblo vecino, rota por la tristeza de haber perdido a su compañera de vida y de letras. Lloraba en silencio, creyendo que la soledad sería su eterna condena. Aurelia la tomó de la mano y la llevó ante la flor más brillante del huerto. Al contacto con el pétalo, el llanto de la mujer cesó. El viento del cerro le susurró al oído una frase clara, con una voz entrañable que conocía muy bien: «Ánimo amiga, seguimos siendo las reinas».

​La mujer sonrió entre lágrimas, comprendiendo que los seres queridos nunca se van del todo si se les guarda en la memoria.

​Al ver la felicidad en los rostros de su gente, Aurelia supo que su pedazo de cerro yermo era, en realidad, el lugar más rico del mundo. Sus hermanos tenían oro y ganado que se terminarían perdiendo, pero ella tenía una tierra eterna que curaba el alma.

sábado, 11 de julio de 2026

HOMENAJE A LA PLUMA UNIVERSAL DE GUATEMALA.

 




 

Al Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano .

​Estimado Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano, maestro y Amigo.

 

​Hay quienes escriben para entender el mundo y quienes, como usted, escriben para que el mundo sea un lugar más habitable. Su trayectoria, forjada en la academia y en la libertad del papel en blanco, es un testimonio de que la erudición no está peleada con la sensibilidad.

​Desde la tierra del quetzal y los volcanes, su voz ha cruzado fronteras, dominando géneros con la soltura de quien conoce los secretos más antiguos de la lengua. Pero más allá de los títulos y los grados, hoy quiero honrar la nobleza de su gesto: el haber detenido su pluma magistral para dedicarme sonetos. Ese puente de versos es el regalo más alto que un escritor puede ofrecer a otro.

​"El conocimiento es luz, pero la poesía es el fuego que la mantiene encendida."

 

 

Para usted:

 

Soneto a la Maestría y la Palabra.

​Doctor de la palabra y del acento

guatemalteco de alma peregrina

donde la letra sabia se avecina

 

para darle al saber su fiel sustento.

​En todo género halla su elemento

la prosa o el soneto que ilumina

y en su pluma de estirpe tan fina

 

se detiene la voz del mismo viento.

​Gracias, Maestro, por el verso dado

por el honor de ser en su poesía

un motivo de trazo consagrado.

 

​Su amistad es mi luz y mi guía,

en el libro del tiempo ya grabado

con la tinta del alma y la alegría.

 

 

 

@copyright.

AL ALMA DE Reynosa, Tamaulipas


 





Agradecimiento

vivo testimonio

A: Ma. Gloria Carreón Zapata

Nuevo León, México.

Radicada en Reynosa, Tamaulipas

.

.

Mujer, de gusto salte en mi aposento

el recibir  letra que me sublima,

por excelso, siento ya es vitamina

hoy solté una lagrima de contento.

.

Doy mesurado mi agradecimiento

por quien viene,  de la pluma más fina,

desde México, y de su carolina

do mi grata bandera ondea al viento.

.

El extremo me deja anonadado

pues viene de una GRANDE EN POESÍA

por su voz, su palabra lo ha logrado.

.

Lograr agradeceros, mi agonía,

inmóvil, no la había imaginado

pido disculpa, ES MUCHA MI ALEGRÍA.





,

.

Dr. Rafael Merida Cruz-Lascano OFS

Ambassadeur de la Paix.

cercle universel des ambassadeurs de la paix France/Suisse

Sistema de Información Cultural -SIC-

Dirección General de Desarrollo Cultural y Fortalecimiento de las Culturas

Ministerio de Cultura y Deportes. Guatemala

 Ma. Gloria Carreón Zapata (Cerros Blancos, Mier y Noriega, Nuevo .León México ., 1962) es escritora y Gestora Cultural del Congreso Universal de Escritores (2020-2026).

AL GREMIO DE LA PALABRA

 




 

​A los poetas del mundo,

hoy les dedico mi rezo,

a los que bordan el alma

con la tinta del ensueño.

 

​Bien sabemos que este oficio

no da monedas ni premios,

que no se pagan las coplas

con el oro de este tiempo.

 

​Pero alegremos la vida

de los que nos leen lejos,

que una palabra encendida

vale más que mil imperios.

 

​Gran legado van dejando

a los hombres venideros,

sembrando luz en el alma

y abriendo nuevos senderos.

 

​Como hermanos caminamos

por el cariño sincero;

¡gracias, poetas del mundo,

felicito su desvelo!

 

​Aunque nos llamen locos

que van regalando el tiempo,

es que ellos desconocen

la dicha que va por dentro.

 

​Que cante la estrofa libre,

sin mirar el monedero,

que, si no deja ganancia,

deja un soplo de consuelo.

AL CRÍTICO INVISIBLE

 




(Soneto)

 

 

​Aparece de pronto el personaje

que nunca dio un aplauso ni un destello

jamás leyó una línea de lo bello,

ni un "clic" dejó de aprobación al viaje.

 

​Salió de la penumbra y del ropaje

de su propia apatía y su degüello

y estampar allí su crítico sello

vistiendo de soberbia su lenguaje.

 

​"¿Y este de dónde sale?", uno se empaña,

al ver que el ignorado se presenta

solo a escupir el peso de su saña.

 

​No aplaude el arte, el tiempo no le cuenta

pero en la sombra el ego lo acompaña...

¡Y con su propia hiel se alimenta!

 

 

@copyright

Imagen de Google

GRATITUD Y SABIDURÍA.

  Soneto   ​Jamás la falsa gloria perseguido he querido en mi senda, ni el dinero correr tras la verdad fue mi sendero con un lema...