(Sátira de los Interesados) (as)
Hoy el galanteo es un frío inventario,
ya no piden besos, te piden la nómina,
te miden los bienes en clave económica
y miran tus años con ojo bancario.
“¿De cuánto es el sueldo? ¿En qué te desplazas?”
pregunta el fenicio vestidito de hombre,
que busca un refugio que limpie su nombre
y borre el desastre de previas alianzas.
Divorciado y libre, o sea, despojado—,
dejó la vivienda en el pleito anterior;
hoy busca una ilusa que, por el "amor",
le evite el apuro de verse arrimado.
La Mudanza del Caradura.
Ya dentro de casa, se acaba el idilio,
el humilde arrimado se vuelve tirano,
te grita en tu cara con aire villano,
pretendiendo ser rey en ajeno domicilio.
Quedan pocos caballeros de verdad en la tierra,
casi todos son mitos de la antigüedad;
estos se sienten los reyes de la sociedad,
mientras te declaran una fría guerra.
Y no conformes con cama y comida,
con una audacia que causa pavor,
¡te piden que pongas a su nombre, por "amor",
la propiedad que te ha costado la vida!
¿De dónde ha salido?
¿De dónde ha salido este malnacido?,
¿qué clase de madre su crianza formó?
¿Acaso la astucia el respeto le dio
para andar por el mundo de vividor vestido?
¿En qué feo momento la vergüenza perdió?,
¿cuándo fue que el pudor se le quedó en el olvido?
¿Acaso al chamuco su alma ha vendido
por una vivienda que nunca sudó?
Y la respuesta... ¡viceversa!
Pero en esta feria de la conveniencia,
también hay mujeres que aplican la astucia,
jugando la misma comedia tan sucia,
buscando un billete que alivie la urgencia.
La astuta "leona" que busca un marido,
no quiere poemas, prefiere un aval,
alguien que pague el gasto mensual
y vuelva a las prisas a armarle su nido.
Exigen derechos de reina instalada,
gritando al esposo por cualquier descuido,
dejando al buen hombre sumiso y fundido,
con la cuenta en ceros y el alma embargada.
El triste final.
Al fin se encuentran, en tétrica danza,
dos almas marchitas por la "necesidad" :
uno que busca una casa gratis en la gran ciudad,
y la otra un sustento que llene la panza.
Se meten en casa con paso fingido,
firmando un contrato que llaman pasión...
¡Menudo negocio de la desilusión,
dormir con el hambre de cualquier mantenido!
Imagen de Google.