jueves, 26 de marzo de 2026

SANGRE DE LEYENDA, VOZ DE MAÑANA.

 




​(Dedicada a Emiliano Aguilar)


​I

El eco de la sierra todavía resuena,

en el aire se siente un aroma de gloria,

llevas fuego en las venas, rompiendo cadenas,

escribiendo con fuerza tu propia victoria.

No es sombra el pasado, es el suelo que pisas,

un puente de plata hacia lo que vendrá,

el miedo se borra, se vuelve cenizas,

cuando el alma decide que no parará.

 

​II (Coro)

Vuela, que el cielo no tiene fronteras,

tienes el timbre que el tiempo guardó,

honra la estirpe de mil primaveras,

pero canta lo que tu pecho dictó.

Que el mundo te escuche, que vibre el camino,

el peso del nombre es tu gran bendición,

tú eres el dueño de todo un destino,

Emiliano, levanta tu voz y tu son.

 

​III

Hay ojos que miran buscando al abuelo,

pero encuentran un brillo que es solo de ti,

levanta los hombros, apunta hacia el cielo,

que el arte te trajo de nuevo hasta aquí.

No importa el estilo, ni el ritmo, ni el modo,

lo que importa es el alma que pones al dar,

quien se entrega de veras lo conquista todo,

y tú naciste, muchacho, para triunfar.

 

 

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EL CABALLERO DE LA ARMADURA RUIDOSA

 




 


 

Había una vez un caballero llamado Don Pompeyo, que estaba convencido de que era el más valiente del reino. El problema era que su armadura era tan vieja que, con cada paso que daba, hacía un ruido espantoso: ¡Clanc, chicharrón, ploc!. No podía acechar a ningún villano porque todos lo oían venir desde el pueblo vecino.

​Un día, Don Pompeyo anunció:

— ¡Iré a rescatar el tesoro del Reino de la Verdad, custodiado por el temible Dragón Sincero!

​Cuando llegó a la cueva, el dragón lo miró de arriba abajo y, en lugar de lanzar fuego, se tapó los oídos.

— ¡Por favor, Pompeyo! —gritó el dragón— ¿Podrías dejar de hacer ese ruido de cacerolas viejas? Me vas a dar migraña.

​Don Pompeyo, infló el pecho y mintió:

— ¡Es el sonido de mis mil victorias!

​El dragón suspiró y le puso un espejo delante.

— Mira bien, Pompeyo. Si admites que tu armadura está oxidada porque prefieres gastar el oro en pasteles de crema en vez de aceite para metal, te daré el tesoro. Pero si sigues mintiendo, tendré que usar mi fuego... para cocinarte un huevo frito en ese casco.

​Don Pompeyo miró su reflejo, vio una mancha de mermelada en su guante y soltó una carcajada.

— Está bien, tienes razón. Soy el caballero más goloso y descuidado del mundo. ¡Y mi armadura suena como un carrito de supermercado roto!

​En ese instante, la cueva brilló. El "tesoro" no eran monedas de oro, sino una armadura nueva, ligera y silenciosa. El dragón le explicó:

— La verdad pesa menos que la mentira, Pompeyo. Ahora puedes ir a buscar aventuras sin parecer una orquesta de chatarra.

​"La verdad nos hace más ligeros; admitir nuestras faltas con una sonrisa es el primer paso para dejar de hacer ruido y empezar a brillar."

 

 

 

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EL HECHIZO DEL PAPEL

 







​(Décima octosílabas)

 

​Julián miraba el estante

con un gesto de desdén,

decía: "no leo bien

ni me parece importante".

Pero un libro fascinante

su abuelo le regaló,

y cuando el niño lo abrió

sintió un trueno de papel,

un mundo dulce tal miel

en su mente despertó.

 

​Ya no busca la pantalla

ni el ruido del aparato,

prefiere pasar el rato

donde la letra no falla.

En su pecho una batalla

de dragones y de mares,

recorre los mil lugares

sin moverse de su silla,

pues leer es la semilla

 mundos espectaculares.

 

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MI HOMENAJE A MIS DOS GRANDES MAESTROS.

 


 

Víctor Hugo, y Julio Verne.

 

​Mi camino en las letras comenzó con la mirada asombrada de una niña de cinco años, descubriendo en Julio Verne los mapas de lo imposible; un viaje de máquinas prodigiosas y abismos marinos que ensancharon mi imaginación. Sin embargo, fue a los catorce años cuando Victor Hugo y sus Miserables transformaron ese asombro en sensibilidad, dándome la brújula de la compasión y la justicia.

 Esos poemas son en tributo a esos dos faros que, desde mi infancia y adolescencia, marcaron para siempre el pulso de mi propia escritura.

 

 







SONETO A VÍCTOR HUGO.


​Al bardo de la luz, al gran gigante

que supo en el papel forjar la vida

le entrego hoy la estrofa agradecida

con pulso firme y alma de diamante.

 

​Su pluma fue un timón en el levante

una llama en la noche más perdida

la herida que por fin fue redimida

tras el cristal de un verso resonante.

 

​No muere quien del pueblo fue conciencia

quien hizo del amor su propia ley

y al tiempo le arrancó su quintaesencia.

 

​Al genio que hoy corona nuestra grey

le rinde el alma entera su obediencia

bajo el amparo fiel de aquel gran rey.







 

AL CAPITÁN DE LA IMAGINACIÓN

A Julio Verne.

 

​Aquella niña de apenas cinco años

viajó por mundos de cristal y arena

rompió del tiempo la pesada cadena

y cruzó los umbrales más extraños.

 

​Bajo los mares, lejos de los daños

la voluntad de acero ruge llena

un Nautilus que el abismo enajena

venciendo del olvido los peldaños.

 

​Del centro de la tierra hasta la luna

trazaste con tu pluma el recorrido

que fue de mis asombros la fortuna.

 

​Tu herencia en mi memoria se ha quedado,

pues nada de lo visto se ha perdido

en el viaje que juntos hemos ido.

 

 

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miércoles, 25 de marzo de 2026

CANTOS DE OCTAVAS AL AMOR

 





Bajo el manto de luz que el cielo envía,

se detiene el reloj en tu mirada,

bebiendo de tu voz la melodía

que deja el alma dulce y sosegada.

Esclava de tu amor y tu alegría,

mi fe por tu presencia es renovada,

pues no existe tesoro ni fortuna

como verte brillar bajo la luna.

Si el viento con sus alas te acaricia,

es solo por llevarse tu fragancia,

que es del jardín del mundo la primicia

y vence cualquier sombra de distancia.

No hay ley, ni pensamiento, ni justicia

que iguale de tu ser la relevancia,

un hilo de oro une nuestro destino,

trazando entre los dos solo un camino.

 

No importa que el invierno traiga frío,

ni que el tiempo marchite la azucena

pues fluye por mis venas como un río

la paz que de tu gracia está tan llena.

En tu latido encuentro el equilibrio,

perdiendo para siempre cualquier pena;

que el lazo que a tu vida me ha traído

jamás podrá quedar en el olvido.

 

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SUSURROS DE SAL Y PALMA

 





 

​Bajo el palio verde de las palmeras, donde el viento ensaya una danza lenta entre las frondas, el mundo parece detenerse. Aquí, la arena es un lienzo tibio que aguarda el rastro de nuestros pasos, una alfombra de oro molido que se rinde ante la caricia constante de la marea.

​El Sol, en su cenit más dulce, baña la piel con un abrazo de fuego y seda, mientras el aire se impregna del perfume salino que solo el océano sabe desprender. Es en este refugio de luz donde el tiempo pierde su prisa; el Mar, testigo inmenso y azul, nos contempla con la complicidad de un viejo confidente. Sus olas no solo rompen en la orilla, sino que envuelven nuestros sueños en un vaivén eterno, como si cada espuma fuera un verso dedicado a este amor que navega sin brújula, porque su único norte es el latido compartido.

​Navegamos en la calma de un sentimiento que nos ciñe, que nos habita, transformando el susurro del agua en dulces caricias que nos recorren el alma. En esta orilla, la vida es simplemente esto: el calor del Sol, el refugio de la palma y la certeza de que el universo entero se reduce al espacio que separa nuestras manos.




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JAQUE MATE AL OLVIDO

 





​El mar nos mira, fluye complacido

envolviendo los sueños en su ola

mientras la arena, siempre blanca y sola

aguarda el beso del amor sentido.

 

​Bajo la palma el viento se ha dormido

el sol de fuego nuestra piel inmola

y en la distancia el agua se arrebola

con el susurro de un amor nacido.

 

​Navega el alma en dulce calma ahora

en esta orilla donde el tiempo queda

ciñe el destino caricias de seda.

 

​Que el sentimiento eterno se atesora

donde la luz del sol el mar adora

y el corazón en paz siempre se hospeda.

 

 

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Cancún 2024

EL FARO DEL RECUERDO

 




 

​Volveré a la orilla donde el sol reposa,

tras navegar la bruma del olvido

rescatando el amor que no se ha ido,

bajo la palma eterna y silenciosa.

 

​El alma busca siempre aquella rosa,

el rastro de un momento compartido,

que en el cofre del tiempo se ha quedado,

como una joya pura y poderosa.

 

​Navegar, solitaria, es mi destino,

feliz de haber conocido el amor contigo,

llevando tu recuerdo por testigo,

en cada paso de este mi camino.

 

​No importa si el oleaje es repentino,

ni el frío que me traiga el enemigo

pues hallo en lo vivido mi abrigo,

y en tu huella mi bálsamo divino.

 




Photography Nathan Clok

 @copyrigth


EL SAGRADO DERECHO DE LA ILUSIÓN.

 





​La alegría de un niño no es un estado pasajero, sino el cimiento de su fortaleza futura. En cada risa franca y en cada mirada llena de asombro, reside la esperanza de un mundo que aún conserva su capacidad de asombrarse. Proteger esa chispa no es solo un acto de amor, sino un deber de justicia, es asegurar que el asombro sea su brújula y la seguridad su refugio.

​Cuidar su felicidad implica permitirles habitar su propio tiempo, lejos de las prisas y las sombras del mundo adulto. Cuando un niño se siente libre para imaginar y descubrir sin miedos, está tejiendo los hilos de una paz que lo sostendrá siempre. Que este 30 de abril sea el recordatorio de que nuestra mayor misión es ser los guardianes de su inocencia, permitiendo que su luz brille con toda su pureza.



@Copyrigth

Imagen de Google

EL NIÑO QUE ATRAPÓ UN TRUENO DE PAPEL

 



 

(Literatura Infantil —Juvenil)

 

 

​Había una vez un niño llamado Julián que decía que los libros eran "ladrillos de silencio". Prefería el ruido de los rayos en la pantalla y el brillo de los cristales eléctricos. Para él, leer era como caminar por un desierto de tinta seca.

​Un día, su abuelo, que conocía el secreto de los bosques y de las bibliotecas, le entregó un libro viejo, sin dibujos en la tapa.

—Este no es un libro, Julián —le dijo con un guiño—. Es una trampa para valientes.

​Julián, por pura curiosidad (o quizás por desafío), lo abrió en el jardín. Al pasar la primera página, no hubo silencio. Escuchó el rugido de un mar lejano. Al pasar la segunda, sintió el olor a tierra mojada y a pólvora de piratas.

​De pronto, una palabra saltó del papel y se le enredó en los dedos. Era la palabra "Aventura". Intentó soltarla, pero la palabra lo arrastró hacia la siguiente línea, y la línea hacia el siguiente párrafo. Julián ya no estaba en su jardín; estaba escalando montañas de adjetivos y cruzando ríos de metáforas.

​Esa noche, Julián no encendió la pantalla. Se quedó bajo las cobijas con una linterna, "cazando" historias. Descubrió que los libros no eran silencio, sino ruidos que solo el corazón puede oír. Se volvió un "adicto" al papel porque comprendió que, mientras un video te da las imágenes hechas, un libro te presta los pinceles para que tú pintes el universo entero en tu cabeza.

​Desde entonces, Julián lleva siempre un libro bajo el brazo. Dice que tiene miedo de que, si deja de leer, el mundo se vuelva pequeño y mudo otra vez.





De Semillas de Infancia.

@copyright.

Imagen de Google.

EL FARO DEL RECUERDO

 





Diálogo

 

Ma Gloria Carreón Zapata, México

Antonio Escobar Mendivez, Boca del Río, Perú.

 

Vuelvo a orillas donde el sol reposa,

tras navegar la bruma del olvido

rescatando el amor que no se ha ido,

bajo la palma eterna y silenciosa.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

Bajo la palma eterna y silenciosa

sonríe alegre tu jardín florido

un jilguero reposa ahí en el nido

el alma busca siempre aquella rosa

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

El alma busca siempre aquella rosa,

el rastro de un momento compartido,

que en el cofre del tiempo se ha quedado,

como una joya pura y poderosa.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

Como una joya pura y poderosa

la sonrisa en tu boca tiene nido

bajo el vuelo tenaz de mariposa

navegar solitaria es mi destino

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

Navegar, solitaria, es mi destino,

feliz de conocer amor contigo,

llevando tu recuerdo por testigo,

en cada paso de este mi camino.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

En cada paso de este mi camino

Se siente el ritmo y el sabor del higo

y te imagino caminas conmigo

No importa el oleaje repentino.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

No importa el oleaje repentino,

ni el frío que me traiga el enemigo

pues hallo en lo vivido dulce abrigo,

y en tus huellas mi bálsamo divino.

 

Antonio Escobar Mendivez

 

Y en tus huellas mí bálsamo divino

tiene el sabor de néctar de rosales

la maravilla de hermosos puquiales

y margaritas bellas adivino.

 

Fotógrafo : Nathan Klok.

Split Rock, Duluth, Minnesota.

SANGRE DE LEYENDA, VOZ DE MAÑANA.

  ​(Dedicada a Emiliano Aguilar) ​I El eco de la sierra todavía resuena, en el aire se siente un aroma de gloria, llevas fuego en ...