sábado, 24 de enero de 2026

MICA.

 





(La Guardiana del Pollo Dorado)

 

​En un vecindario que parece tranquilo, existe una liga secreta de vigilantes. Su líder no lleva capa, sino un flequillo perfectamente peinado y una mirada perspicaz que todo lo nota. Ella es Mica, una Shih Tzu con un olfato capaz de detectar una injusticia (o un trozo de pechuga) a kilómetros de distancia.

​Cada tarde, el archienemigo de Mica aparece: El Plato de Croquetas. Aunque Mica es fiel y amorosa, tiene principios innegociables. Para una superheroína de su calibre, las croquetas son "combustible básico", pero ella sabe que su verdadera fuente de poder es la Pechuga de Pollo Sagrada.

​Cuando el plato toca el suelo, Mica ejecuta su "Berrinche Sónico". Ladra con autoridad, patea el aire y hace esos desplantes dramáticos que solo los grandes héroes pueden costearse. No es capricho, es una cuestión de estatus: una guerrera necesita proteína de alta calidad.

​Pero Mica no trabaja sola. Su mano derecha es Wanda, una gata siamés con un estilo de combate único. Wanda heredó la elegancia de su madre, la legendaria Kiki, pero tiene un superpoder especial: el Paso de la Danza Borracha. Debido a su equilibrio juguetón, Wanda camina como si esquivara rayos láser invisibles.

​Mica, siendo valiente y protectora, siempre está al lado de Wanda. Si Wanda se tambalea, Mica se queda firme como un pilar. Son tan unidas que incluso han diseñado una táctica de espionaje llamada "El Intercambio de Raciones": Wanda prueba la comida de perro (para asegurarse de que no esté envenenada, claro) y Mica analiza las delicias felinas de Wanda.

​El verdadero superpoder de Mica es su capacidad de ser metiche. Nada escapa a su vigilancia. Si una hoja cae de un árbol o un extraño camina por la acera, Mica da la señal de alerta. Ella es la "Cámara de Seguridad Viviente".

​Una tarde, mientras Wanda practicaba su equilibrio en el sofá, Mica detectó un peligro: ¡un repartidor se acercaba a la casa! Mica corrió a la ventana, sus patas traseras firmes, su pecho erguido.

— ¡Wanda, a mi señal! — pareció decir con un ladrido corto.

​Wanda se posicionó en el flanco izquierdo, usando su caminar errático para confundir al "invasor", mientras Mica lanzaba su grito de batalla. El repartidor, intimidado por tanta valentía en un empaque tan pequeño y peludo, dejó el paquete y huyó rápidamente.

​Al final del día, después de proteger el hogar y cuidar a su amiga, Mica recibe su merecido trofeo: una porción de pechuga de pollo. Se la come con la satisfacción de quien ha cumplido con su deber.

​Se acurruca junto a Wanda, recordando que, aunque Kiki ya no esté, su linaje de valentía sigue vivo en ellas. Mica cierra los ojos, sabiendo que mañana habrá más cosas que vigilar, más berrinches que hacer y, sobre todo, mucho amor que dar.

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