(La Guardiana del Pollo Dorado)
En un vecindario que parece tranquilo, existe una liga
secreta de vigilantes. Su líder no lleva capa, sino un flequillo perfectamente
peinado y una mirada perspicaz que todo lo nota. Ella es Mica, una Shih Tzu con
un olfato capaz de detectar una injusticia (o un trozo de pechuga) a kilómetros
de distancia.
Cada tarde, el archienemigo de Mica aparece: El Plato de
Croquetas. Aunque Mica es fiel y amorosa, tiene principios innegociables. Para
una superheroína de su calibre, las croquetas son "combustible
básico", pero ella sabe que su verdadera fuente de poder es la Pechuga de
Pollo Sagrada.
Cuando el plato toca el suelo, Mica ejecuta su
"Berrinche Sónico". Ladra con autoridad, patea el aire y hace esos
desplantes dramáticos que solo los grandes héroes pueden costearse. No es
capricho, es una cuestión de estatus: una guerrera necesita proteína de alta calidad.
Pero Mica no trabaja sola. Su mano derecha es Wanda, una
gata siamés con un estilo de combate único. Wanda heredó la elegancia de su
madre, la legendaria Kiki, pero tiene un superpoder especial: el Paso de la
Danza Borracha. Debido a su equilibrio juguetón, Wanda camina como si esquivara
rayos láser invisibles.
Mica, siendo valiente y protectora, siempre está al lado de
Wanda. Si Wanda se tambalea, Mica se queda firme como un pilar. Son tan unidas
que incluso han diseñado una táctica de espionaje llamada "El Intercambio
de Raciones": Wanda prueba la comida de perro (para asegurarse de que no
esté envenenada, claro) y Mica analiza las delicias felinas de Wanda.
El verdadero superpoder de Mica es su capacidad de ser
metiche. Nada escapa a su vigilancia. Si una hoja cae de un árbol o un extraño
camina por la acera, Mica da la señal de alerta. Ella es la "Cámara de
Seguridad Viviente".
Una tarde, mientras Wanda practicaba su equilibrio en el
sofá, Mica detectó un peligro: ¡un repartidor se acercaba a la casa! Mica
corrió a la ventana, sus patas traseras firmes, su pecho erguido.
— ¡Wanda, a mi señal! — pareció decir con un ladrido corto.
Wanda se posicionó en el flanco izquierdo, usando su
caminar errático para confundir al "invasor", mientras Mica lanzaba
su grito de batalla. El repartidor, intimidado por tanta valentía en un empaque
tan pequeño y peludo, dejó el paquete y huyó rápidamente.
Al final del día, después de proteger el hogar y cuidar a
su amiga, Mica recibe su merecido trofeo: una porción de pechuga de pollo. Se
la come con la satisfacción de quien ha cumplido con su deber.
Se acurruca junto a Wanda, recordando que, aunque Kiki ya
no esté, su linaje de valentía sigue vivo en ellas. Mica cierra los ojos,
sabiendo que mañana habrá más cosas que vigilar, más berrinches que hacer y,
sobre todo, mucho amor que dar.

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