viernes, 29 de marzo de 2024

DULCES SONATAS.

 









Dueto Literario.

(Décimas endecasílabas)

 

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

En tu delicadeza nace un trino

en ramas de tu voz las aves cantan

del bosque de tus ojos se levantan

bandadas de suspiros del camino.

La noche sirve copas de buen vino

para decir salud a las estrellas

y la luna se guarda las botellas

para invitarle al sol el nuevo día.

Qué bonita la aurora y su alegría

cuando se abren tus ojos en aquellas.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Cuando se abren tus ojos en aquellas

divinas escarchas de medialunas

se tienden a placer bajo las dunas

y besando las noches hondas huellas

ya visiten de alegría a las doncellas

que titilan de lo alto del celeste

de Norte a Sur cayendo en el Sureste

bañando con su destellante encanto

Al sereno azul argentado manto

todo camino, hasta la greda agreste.

 

Antonio escobar Mendivez.

 

Todo camino, hasta la greda agreste

florece como eterna primavera

y también se regodea la obrera

aunque el famélico frío proteste.

Y el viento huracanado se moleste

Y disfrutando de las bellasombras

acechando ven como al verde nombras

en brindis el astro dicharachero.

Le canta armonioso al cansado enero

sonatas infinitas con alfombras.

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Sonatas infinitas con alfombras

de ternura insondable donde un nido

repica sus aromas en tu oído

y deja el eco dulce que tú nombras.

Tus ojos no permiten que las sombras

paseen por el bosque de tu risa

y se embarque en la barca de la brisa

a navegar miradas de claveles.

En la mar de tu voz los cascabeles

tienen rumor de brasas y ceniza.

 

miércoles, 27 de marzo de 2024

NAVÍO DE LA ESPERANZA.

 



Décimas endecasílabas.

(Dueto literario)

 

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

Asoma la mañana esplendorosa

perfumando va el campo y la campiña

que en mi intelecto gozoso se apiña

comparándolo a perfumada rosa.

Y mi ánima lo arrulla gozosa

melodiosas cantan alegres las aves

que nadando entre los deslaves

dan la bienvenida a la primavera.

Que en un mexicano navío navega

entonando nuestro himno en tonos suaves.

 

Antonio Escobar Mendívez

 

“Asoma la mañana esplendorosa”

con delantal de luna es una niña

las horas con amor la luz le ciña

y a su rostro el aroma la hace hermosa.

Con vestido de pétalos, airosa

camina y con su voz las notas claves

parece van al cielo y con las llaves

de su belleza mata las quimeras.

En mi patria peruana en sus riberas

“entonando nuestro himno en tonos suaves”.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Entonando nuestro himno en tonos suaves

besa en isla Bagdad la caracola

quien llega y va surfeando en una ola

le entrega del océano las llaves.

Para que tú, buen hermano te grabes

que existe eternamente el resplandor

donado al hombre por el Creador

grabó en tu corazón esperanza.

De un mañana que al destello se afianza

chispeante aurora de luz, amor.

 

Antonio Escobar Mendívez

 

“Chispeante aurora de luz, amor”

indescifrable con sus rayos de oro,

con esa transparencia yo decoro

el paisaje total y su esplendor.

Si ingresa a mi jardín con su fulgor

las margaritas cantan las baladas

con su romanticismo van aladas

en medio de su dulce corazón.

Mañanita traviesa mi canción

en tus horas de luz quedan atadas.



Imagen de Google

NAVÍO DE LA ESPERANZA

 




 

Asoma la mañana esplendorosa

perfumando va el campo y la campiña

que en mi intelecto gozoso se apiña

comparándolo a perfumada rosa.

Y mi ánima lo arrulla gozosa

melodiosas cantan alegres las aves

que nadando entre los deslaves

dan la bienvenida a la primavera.

Que en un mexicano navío navega

 entonando nuestro himno en tonos suaves.

 

Entonando nuestro himno en tonos suaves

besa en isla Bagdad la caracola

quien llega y va surfeando en una ola

le entrega del océano las llaves.

Para que tú, buen hermano te grabes

que existe eternamente el resplandor

donado al hombre por el Creador

grabó en tu corazón esperanza.

De un mañana que al destello se afianza

chispeante aurora de luz, amor.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

 

 

CORAZÓN CONTENTO.

 


 

Siento que voy de tu brazo

sintiendo el tibio calor

mi querido y gran señor

aliento que no remplazo.

Recargada en tu regazo

escucho las poesías

en tanto al lecho me guías

para cubrirme de besos.

Así en mis labios traviesos

sé que amor me escribirías.

 

Sé que amor me escribirías

en mi espalda y suave vientre

rogando que me concentre

en tus caricias bravías.

Mientras en mí te perdías

navegando en mi aposento

disfrutando del momento

que la vida nos regala.

Instantes de dicha y gala

dulce corazón contento.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

¡TAMPSJAG!

 

viernes, 22 de marzo de 2024

CONTRA VIENTO Y MAREA.

 





 

Tu sonrisa yo atesoro

cuando fijo tú me miras

y por mis besos deliras

es por eso que te adoro.

Vales mucho más que el oro

tu nobleza y tu lealtad

me brindan felicidad

eres mi más grande sueño.

De este amor eres el dueño

no es ninguna novedad.

 

No es ninguna novedad

este interminable amor

nos brinda el dulce sabor

de la perenne bondad.

Porque a fuerza y voluntad

va contra viento y marea

y en el mismo se recrean

superando inconvenientes

nuestros sentires silentes

de dicha se regodean.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

 

 

 

miércoles, 20 de marzo de 2024

ODA EN DÉCIMAS AL AJO

 








 

Sin ti todo es desabrido

cabeza del ingrediente

de todo sensible diente

y del hombre bien nacido.

Rey de la cocina has sido

un potente antioxidante

de salsas eres amante

el terror de los resfriados

Catarros muy mal cuidados

antibiótico brillante.

 

Antibiótico brillante

requerido en la cocina

para el caldo de gallina

de todo chef buen amante.

No existe quien te suplante

en sopas adobos moles

frijoles y hasta pozoles

de arte culinario dueño.

Del buen recetario ensueño

¡al virus le metes goles!

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright

 

domingo, 17 de marzo de 2024

LA MARCA DEL CUMPLEAÑOS







Era el cumpleaños de Isabella, la mujer que aún consideraba su mejor amiga. Solo la idea de ir a esa casa le erizaba el vello. Tania no entendía el rechazo instintivo que sentía; la casa respiraba una hostilidad sorda, un aire tan denso y amenazador que la hacía estremecer. No obstante, pensó Tania, faltar al aniversario de Isabella sería una grosería imperdonable.

​Esa tarde, desafiando su presentimiento ineludible, se puso su vestido favorito: un terciopelo color verde pistache. Era pleno otoño y el fresco ya se colaba con la caída del sol.

​Su amiga, Diana, alegre, intrépida y sagaz, era el polo opuesto de Tania, y la única que la animó a asistir. Le prometió pasar a buscarla, pues la idea de llegar sola al festejo le provocaba un pánico paralizante.

​De pronto, un claxon resonó afuera, seguido por el sonido insistente de su celular. Ignorándolo, se dirigió a la puerta. No quería hacer esperar a Diana.

​Al entrar en el coche, Diana le dedicó una sonrisa afable, pero la miró fijamente a los ojos, con una punzada de seriedad.

​—Sé lo que te pasa —dijo, sin rodeos—. Pero, ¿no podrías disimular un poco? Es su cumpleaños y te confieso que me sucede lo mismo. ¿Acaso crees que voy feliz?

​Tania la miró, sorprendida por la franqueza, pero aliviada de no ser la única.

​—No te lo quise comentar nunca para no alarmarte, pero me pasa exactamente lo que a ti. Además, me he dado cuenta de cómo nos mira Isabella. Esa mirada inexpresiva, fría, refleja un profundo odio y envidia. Más bien, hacia la vida misma —concluyó Diana, con un suspiro.

​—Mira —respondió Tania, reacia—. No sé qué puede envidiarnos. Ella vive mejor que nosotras. No te expreses así de Isabella, sé que tiene su carácter, pero en el fondo nos quiere. Somos sus únicas amigas.

​Diana soltó una risa seca. —Desde luego, en el fondo, muy en el fondo. ¿Y cómo no habríamos de serlo? Si todas huyen de ella. Tal vez por eso nos tolera.

​Tania se quedó en silencio. No quería discutir, aunque en el fondo, una parte helada de su ser le daba la razón a Diana. El comportamiento de Isabella con ambas era, a veces, profundamente extraño.


​La Llegada a la Mansión.


​Finalmente, llegaron a la casa. Diana abrió la cajuela para sacar los regalos. Al cruzar el umbral del recibidor, un escalofrío de pies a cabeza recorrió a Tania.

​El aire. Ese peculiar olor a moho viejo y podredumbre le causaba náuseas. Se respiraba una especie de muerte en el ambiente, y a pesar de no ser aún invierno, el frío que la penetraba le helaba hasta la sangre. La casa, aunque decorada con la elegancia tétrica de muebles antiguos y carísimos estilo barroco, adquiridos en Texas, seguía siendo un lugar opresivo. Diana y Tania se habían preguntado a menudo de dónde sacaban Isabella y su marido el dinero para semejante ostentación, pues él era un profesionista con un sueldo respetable, pero insuficiente para ese tren de vida.

​En la antesala se alzaba una gran consola de espejo barroco, con chapa de oro y tapa de mármol. A ambos lados del sillón, dos elegantes lámparas hacían juego con los candiles de cristal cortado que colgaban del techo. De pronto, algo que asomaba por debajo del sillón llamó la atención de Tania.

​Se encaminó hacia allí, pero una mano suave y firme le apretó el brazo derecho, deteniéndola. Era Isabella, mirándola con una sonrisa irónica y, a la vez, triunfal. Su mirada era fría y calculadora.

​—¡Bienvenidas, amigas queridas! —dijo en voz alta.

​Luego, acercándose a Tania para que Diana no escuchara, le dio un beso en la mejilla, susurrándole al oído:

​—Luego te cuento —.

​Pasaron al gran salón donde se encontraban los demás invitados, en su mayoría, la familia del esposo. Al atravesar el lúgubre y largo corredor, pintado de un verde pino profundo, divisaron al final un tenebroso espejo antiguo de marco dorado, silencioso testigo que parecía guardar el misterio de esa casa.


​El Secreto Susurrando.


​Después de un rato de convivencia forzada, Tania sintió un profundo sopor que la envolvía, seguido de un mareo. Diana se aproximó rápidamente.

​—Sácame de aquí, amiga. No me siento bien —le suplicó Tania.

​Isabella, que no había dejado de observarlas desde lejos, se acercó de inmediato para preguntar qué sucedía. Tania aprovechó el momento para despedirse.

​—No he dormido bien por la tarea de mi último semestre —se excusó—, por eso me siento mal.

​—Vamos —dijo Diana—. Te dejo y me voy a casa. Es tarde, y con lo que se vive en la ciudad, tengo miedo de regresar tan tarde.

​—¡No! —respondió Isabella con demasiada vehemencia—. ¡De ninguna manera! Quédate, por favor, otro rato, Diana. Yo voy y dejo a Tania en su casa.

​—Tiene razón, Isabella, quédate a acompañarla —intervino Tania, sintiendo una urgencia irracional por irse—. Discúlpenme, pero no me pasa nada grave, saben que no estoy acostumbrada a salir de casa y será por eso que me siento así —añadió, excusándose de nuevo.

​Tania se puso de pie, seguida por Isabella, y se dirigieron hacia la salida, no sin antes despedirse de los invitados. Al pasar de nuevo por el sillón de la antesala, Tania guio a Isabella hasta allí para mostrarle lo que había llamado su atención.

​Diana observó, sintiendo que una revelación terrible estaba por ocurrir. El rostro de Isabella se endureció con una sonrisa sarcástica y endemoniada.

​—¿Sabes lo qué es esto, amiga? —preguntó Isabella, con la mirada clavada en Tania.

​Tania solo atinó a negar con la cabeza.

​—Bien, te lo diré. Llevamos años haciendo este ritual —su voz se redujo a un escalofriante murmullo—. Es una maceta. El cráneo humano que ves es regado con sangre. Es para la protección de mi familia. Pertenecemos a una secta. Nuestro dios es Belcebú, y a él está dedicado este ritual.

​Por un instante, Isabella la miró fijamente a los ojos, sin dejar de sonreír, como poseída por algo maléfico. Tania sintió una ráfaga de frío que invadió su cuerpo por completo. La mordaz mirada de su amiga era una amenaza. Ahora lo comprendía todo: el rechazo, el pánico, la hostilidad que emanaba de Isabella y de esa casa maléfica.


​La Huida y la Marca.


​Isabella dio un paso hacia ella. La sonrisa se había transformado en una mueca de triunfo sádico.

​—Diana se queda. Una de ustedes debe acompañarme, tarde o temprano.

​Tania sintió que el mareo regresaba, pero esta vez no era por cansancio; era el instinto de supervivencia que gritaba. Su mente se enfocó en una única orden: Huir.

​Sin pensar, se dio la vuelta y echó a correr hacia la puerta principal. Escuchó la voz gélida de Isabella a sus espaldas, que ahora sonaba como un rugido contenido:

​—¡No te atrevas a irte, Tania! ¡Aún no hemos terminado!

​Tania no se detuvo a mirar atrás. Corrió por el largo corredor verde pino, sintiendo el aire espeso y frío pegarse a su piel. Al pasar por el salón, vio a Diana. Estaba de pie junto a un candelabro, inmóvil, mirando fijamente a un punto indefinido. Su rostro, generalmente vivaz, estaba pálido y sin expresión, como si una parte de ella ya se hubiera rendido a la oscuridad de la casa.

​—¡Diana, vámonos! —gritó Tania con la voz rasgada por el miedo.

​Diana no reaccionó. Isabella apareció en la entrada del salón, bloqueando el camino hacia su amiga.

​Tania se lanzó contra la puerta principal. La abrió de un golpe, escuchando el crujido de la madera antigua. Salió corriendo hacia la calle, sin buscar su coche, sin preocuparse por el terciopelo de su vestido. Solo corría, sintiendo la mirada de Isabella quemándole la espalda como una maldición.

​Cuando llegó a la esquina, se atrevió a mirar hacia atrás. La casa de Isabella se erguía oscura y señorial, sus ventanas vacías como ojos muertos. El miedo se asentó en su estómago con una certeza gélida: Diana no saldría esta noche.

​Tania se desplomó contra un muro, jadeando. Había escapado de la casa, pero no de la secta. Mientras recuperaba el aliento, sintió un picor agudo en su mano derecha, la misma que Isabella había sujetado al inicio. Al bajar la mirada, notó que no era una simple marca de presión.

​En la piel de su muñeca, una pequeña y fina línea de sangre había dibujado la silueta de un pentagrama invertido. La había marcado, discretamente, durante el falso abrazo de bienvenida.

​Tania se levantó, temblando. Sabía que la casa de Isabella no era el final. Era solo el principio de una pesadilla que la seguiría hasta que cumpliera el ritual. Su huida había terminado; la cacería de Belcebú acababa de comenzar.

 



 

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

Imagen de Google.

17 Marzo 2024.


 

 



 

NUEVAS ROSAS.

 





 

No tiene caso, ya no tiene caso

luchar por lo que nunca se ha tenido

por lo que el tiempo dejó en el olvido

pintó de gris el luminoso ocaso.

Hoy lo gritan las letras del parnaso

Hacen mención de una triste vereda

de un vestigio olvidado en la arboleda

donde el canto de las aves lamentan

Ese ayer perdido al viento le cuentan

que huellas no quedaron bajo la greda.

 

Que huellas no quedaron bajo la greda

solo un puñal que señala al culpable

indigno del amor, cruel insaciable

quien mancilló un dulce sueño de seda.

Arrastrándolo en suelta polvareda

hoy brotan ya nuevas fragantes rosas

derriban del alma pesadas losas

enterrando un artrítico pasado.

Que por las aves chuelas fue velado

y hoy me han brindado cantigas hermosas.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

 

 

lunes, 11 de marzo de 2024

ASI ES NUESTRO AMOR.

 

                                                                           




 

Perpetuo es el inmenso firmamento

como inmortal es la greda que pisas

así mismo la lluvia con sus brisas

inagotable amor que por ti siento.

Para el espíritu es un dulce ungüento

aunque mi mente se niega a aceptarlo

más el corazón se empeñe en negarlo

y el sentimiento revista de olvido.

 Atrapados nos tiene ya cupido

y es imposible del alma sacarlo.

 

Y es imposible del alma sacarlo

cuando diariamente lo ulula el viento

notifica a las aves lo que siento

 en trinos acostumbran informarlo.

 El cenzontle en su gorjeo versarlo

Porque este puro amor, inmarcesible

ha superado todo lo indecible

así mismo al de Romeo y Julieta.

Bendecido también por el profeta

inmortal es nuestro amor, ¡Increíble!

 

 


viernes, 8 de marzo de 2024

LO QUE EL AMOR ABANDONA


 




                                                                        

 

 

 


Prefacio: El costo de la ausencia.

 

​Vivimos en una época de presencias digitales y ausencias físicas. Nunca antes los hijos habían estado tan "conectados" al mundo y, sin embargo, tan desconectados de sus propios padres. Este relato nace de una observación dolorosa: la facilidad con la que, en medio de la ambición y la frivolidad, se delega el cuidado de lo más sagrado a manos de desconocidos.

​Hoy en día, muchos padres parecen haber olvidado que la crianza no es un accesorio de su estilo de vida, sino su centro. Se pierden en "arrumacos subidos de tono", en viajes de negocios que pudieron ser llamadas o en la persecución incansable de un estatus que no podrá comprar el tiempo perdido. Es la tragedia de la nueva generación: padres que son expertos en "ser vistos" por el mundo, pero totalmente ciegos ante el llanto que ocurre en su propia casa.

​Tracio no nació de mi imaginación como un villano, sino como una advertencia. Él es la personificación de esa antigua regla de la naturaleza que dicta que los espacios vacíos siempre terminan por llenarse. Si un padre decide que su libertad y sus placeres son más urgentes que el corazón de su hijo, el mundo enviará algo para llenar ese hueco

 

​"Lo que el amor abandona" es una invitación a reflexionar sobre la mirada que les negamos a los niños. A veces, el monstruo no es el que tiene escamas y dientes afilados; a veces, el verdadero horror es el brillo de una risa indiferente y frívola mientras un hijo desaparece frente a nuestros propios ojos, buscando en un extraño lo que en casa nunca encontró.




LO QUE EL AMOR ABANDONA   

(Critica Social)




Cada vez que Tracio se cruzaba con los humanos, escuchaba el mismo susurro hiriente: «¡Qué horrible!... ¡asqueroso!». Y es que él, en efecto, era una afrenta a la simetría. Su piel no era de un verde sólido, sino un patrón de manchas musgo y amarillentas, siempre envueltas en una mucosidad fina que lo hacía brillar bajo el sol como una joya enferma. Sus ojos eran globos de un dorado vítreo con pupilas horizontales que nunca parpadeaban, y su boca, una línea ancha que cortaba su rostro de oreja a oreja, ocultaba hileras de dientes afilados como agujas.

​Pero su rasgo más extraño era la joroba. Se veía pesada, tensa, como si algo bajo su piel pujara por nacer. Esa carga lo obligaba a caminar con un balanceo errático, usando sus largos brazos para no besar el suelo. Sin embargo, por dentro, Tracio no era diferente a nadie; excepto por un detalle: a él sí le dolía el sufrimiento de los niños.

​Su cuidador —que más bien parecía su dueño— solía escupirle una verdad amarga: que los humanos eran malvados y que, por dinero o vanidad, abandonaban a sus hijos en manos de cualquier extraño. Tracio lo comprobó al conocer a Carlitos. El pequeño, hijo de padres millonarios, era una víctima más de los negocios y la frivolidad. Si Carlitos tenía suerte, veía a sus progenitores un par de veces por semana, solo por unos instantes empañados por los "arrumacos subidos de tono" de la pareja, quienes parecían no percatarse de que el niño de apenas seis años estaba allí, mendigando una mirada.

​—¡Tú eres mi único amigo! —le repetía Carlitos—. Eres el único que me comprende. Sé que no hablas, pero sé que entiendes todo lo que te digo.

​Tracio lo observaba en silencio. Al ver el desprecio que sufría el niño, comprendió que no era el único rechazado en este mundo. Se sintió, por primera vez, útil.

​El día de la séptima órbita de Carlitos al sol, el olvido fue total. Sus padres estaban en Atenas y ni una llamada llegó para el cumpleañero. Roto por dentro, el niño miró a la criatura y sentenció:

—¡Quiero irme de casa!

​Tracio no lo dudó. Con su diestra de tres dedos, tomó la mano izquierda del pequeño y lo guio hacia la montaña de donde él mismo había emergido. Tracio no era un ser común; era una entidad convocada por el dolor. Se decía que nació del "Eco de la Montaña", allí donde el agua golpea las piedras con una frecuencia que resuena con los lamentos infantiles de siglos. Era tristeza acumulada que aprendió a caminar, un experimento del destino donde el moho se hizo carne y las lágrimas de la piedra se hicieron sangre verde.

​Se internaron en el bosque hasta llegar a una cueva oculta tras una cortina de agua. Al cruzarla, el ruido del mundo exterior desapareció, reemplazado por un goteo rítmico que sonaba como el latido de un corazón de piedra. La cueva no estaba oscura; las paredes estaban recubiertas por un liquen fosforescente que emitía una luz azulina y trémula. En lo profundo, donde goteaban las «lágrimas de la montaña», el instinto de Tracio despertó. Como en una cámara rápida, se colgó de una saliente rocosa y comenzó a segregar una saliva espesa que lo envolvió en un capullo. Carlitos, fiel, se quedó a su lado, alimentándose de frutos y raíces, esperando el renacer de su único amigo.

​Dos semanas después, los padres regresaron de su viaje. Justo esa mañana, Tracio emergió de su metamorfosis. Había crecido y su boca era ahora una sima insondable.

​Al día siguiente, Eugenio y Gabriela salieron a montar a caballo, quejándose vagamente de la ausencia del niño. De pronto, de entre la bruma de la montaña, apareció Tracio. Su piel ya no estaba húmeda, sino tensa y estirada sobre un bulto que conservaba, cruelmente, la forma de un abrazo. La luz del sol golpeó sus ojos de sapo, que ahora brillaban con la inteligencia de quien sabe que el amor a veces se consume. Su vientre estaba deformado: se podía ver claramente la figura de un niño con los brazos extendidos, como pidiendo un auxilio que nunca llegó.

​Tracio se detuvo frente a ellos. Tras un eructo profundo que vibró en el aire, habló con una voz grave que parecía salir de la tierra misma:

—¡Qué rico estaba Carlitos!

​Gabriela, en un despliegue de su infinita frivolidad, soltó una carcajada cristalina.

—¡Eso mismo te iba a decir! —exclamó señalando el vientre del monstruo—. ¡Esa figura me lo recordaba tanto!

​—¡Ja, ja, ja! —rio Eugenio, espoleando su caballo—. ¡A mí también me lo pareció! ¡Qué ocurrencia!

​La pareja se abrazó y se besaron largamente sobre sus monturas, celebrando su libertad recuperada, y continuaron su paseo seguidos por Tracio. La criatura caminaba tras ellos con una nueva paciencia; se sentía satisfecho por haber liberado a su amigo, pero también hambriento de nuevo. Sin saberlo, Eugenio y Gabriela cabalgaban hacia el mismo destino que su hijo. En la montaña, el eco del olvido siempre termina por reclamar lo que le pertenece.




​Moraleja:

Cuidado con el vacío que dejas en el corazón de un hijo; si tú no lo llenas con presencia, el mundo enviará a sus monstruos para llenarlo con su sombra. Porque al final, nada permanece huérfano por mucho tiempo: lo que el amor abandona, el olvido lo reclama.



Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.






 


A




DÉCIMAS PARA WALDINA.

 





(Décimas endecasílabas)

(Feliz Cumpleaños hija)


El cielo me brindó una hermosa flor

de mi elegante jardín, más hermosa

blanca, delicada, afable, amorosa

regada con atenciones y amor.

De ella el ser Supremo, su gran autor

misericordioso, llamó mujer

destellante luz del amanecer

la vida le regala una cantata.

En dulce y armoniosa serenata

lo cual me hace sentir muy orgullosa

 

Lo cual me hace sentir muy orgullosa

haciendo alarde de sus primaveras

que danzan sobre el tiempo, son quimeras

que bello panorama, ahí reposa.

El buen lucero que a su lado posa

la cobija con chalina de Luna

quien arrulla sus sueños, ¡que fortuna!

Waldina lleva por nombre esta flor.

Es el nombre de mi madre, ¡que honor!

quien también la arrulló desde su cuna.


08/03/2024

 

 

 

 

 

 

 





jueves, 7 de marzo de 2024

MUJER

 






 

Te nombró mujer, bienaventurada

sabia, amorosa, prudente, sensible

a ti, fémina que eres increíble

para vida y amor fuiste creada.

Nuestro Dios, te tiene en alto situada

eres madre, esposa, hermana, hija, abuela

con sabiduría y amor consuelas

Él, te compara con piedras preciosas.

Rodeada de tus hijos gozas

porque sus anhelos fielmente velas.

 

Porque sus anhelos fielmente velas.

grande es tu valor, fuente de bondad

 tu rostro lleva marcada bondad

y ante el redentor por ellos apelas.

A Él, tu gran preocupación revelas.

aunque muchas veces te desatienden

 Ignoran que con la omisión ofenden

y mitigas callada tu dolor.

Enalteciendo con ello el valor

con la ilusión de que sus errores enmienden.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

País: México.

07/03/2024.

 


A MA. GLORIA.

 





 

Autor: Dr. H.C. Delfino Perea. Miembro Fundador de la Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística de CDMX.

 

La dulce inspiración,

cinceló tu alma,

grabó la rima,

de sutiles versos.

 

Tu hermoso estilo,

canto de poesía,

pincel de algarabía,

sonidos de poeta.

 

Tu grata sensibilidad,

superior a las ninfas,

escribió bellos sonetos,

y décimas de amor.

 

Tu exquisita belleza,

señorial, de princesa,

tu imagen grabó,

en hálito de ensueño.

 

De la pluma y el papel,

tu ilusión y tu sueño,

son ingenio y talento,

que emocionan al lector.

 

Así ha sido tu letra,

intelectual escritora,

rima, medida y cadencia,

de calidez y ternura.

 

Tener los expresivos dones,

de tu belleza y el arte,

es difícil y extraño,

ver juntas las dos virtudes.

 

Así se plasma tu letra,

fascinación de embeleso,

sueños de luna llena,

carísima elocuencia de amor.

Análisis de la Prosa Poética, MUJER", por el escritor Fco. Javier Dávila de León.

 

Fco Javier Davila.

Siempre es grato admira el lienzo que forman su magistral pluma, la pulcritud de las metáforas

Y la musicalidad en uso del lenguaje poético

Muy agradecido.

Reseña: Poesía

Autora Ma Ma Gloria Carreón Zapata

Título: Mujer





Por: Fco. Javier Dávila de León.

 

Tienes toda la razón, Javier. Me disculpo por no mencionar el lenguaje poético utilizado en el poema "Mujer" de Ma Gloria Carreón Zapata. La autora utiliza palabras cuidadosamente seleccionadas y evocadoras para transmitir la belleza y el poder de la mujer. A través de metáforas y descripciones poéticas, logra crear imágenes vívidas y cautivadoras que resaltan la feminidad en todo su esplendor.

Desde la risueña aurora hasta la delicada flor encantada, cada palabra elegida por la autora contribuye a la atmósfera poética del poema. La forma en que describe el andar de la mujer como una exquisita danza musical y su comparación con una palmera en la orilla de un piélago tempestuoso, demuestra la habilidad de la autora para utilizar metáforas poderosas y evocadoras.

Además, la autora utiliza palabras como "fragante", "preñada de amor" y "tibio regazo" para despertar los sentidos y crear una experiencia sensorial en el lector. Estas elecciones de palabras contribuyen a la riqueza poética del poema y añaden una capa adicional de belleza y profundidad a la descripción de la mujer.

En resumen, el lenguaje poético utilizado en el poema "Mujer" de Ma Gloria Carreón Zapata es cautivador y evocador. La autora selecciona cuidadosamente cada palabra para transmitir la esencia y la belleza de la feminidad.

Este uso del lenguaje poético añade una dimensión adicional al poema, permitiendo que el lector se sumerja en la experiencia lírica y aprecie la sutileza y la profundidad de las palabras elegidas.



F. J. D. L

martes, 5 de marzo de 2024

AMOR SIN LÍMITE.

 





 

Conoció a Agraviado Martínez por medio de las redes sociales. Él, era un infatigable defensor de la justicia, declarado obradorista desde finales de los años ochentas. Florencia le admiraba por ser un hombre de alto valor. Ella, por ese medio compartía su poesía, y desde luego Agraviado era su fiel lector. Se hicieron grandes amigos. Él la invitaba a participar en todos los grupos de política en que él colaboraba. Ella feliz lo seguía.

No era que a ella le gustara participar en la política, más bien lo hacía para quedar bien y estar cerca de su amigo. Florencia pensaba que era mucho estrés. La encorajinaba leer los comentarios que hacía la parte contraria utilizando un lenguaje tan basto cuando se trataba de debatir, siendo nuestro idioma tan amplio y profuso. Un día ella entablaba una conversación por chat con su amiga Rosario, hablaban sobre Rafael Sebastián Guillén Vicente, mejor conocido como el subcomandante Marcos. Se puso el alias de “Marcos”, porque era el nombre de un compañero ya fallecido del propio Comandante Rafael Sebastián.  

Florencia le comentaba que ella lo admiraba por su lucha a favor de la democracia, libertad, paz, y justicia, a beneficio de las comunidades indígenas, y por ser uno de los líderes del grupo armado indigenista mexicano EZLN  (Ejército Zapatista de Liberación Nacional),  y sobretodo porque se distinguía por sus habilidades literarias e intelectuales. Había leído la carta que el comandante, “Marcos”, le había escrito al General Don Emiliano Zapata donde le decía:

“Aquí estamos mi General, aquí seguimos. Aquí estamos porque estos gobiernos siguen sin memoria para los indígenas y porque los ricos hacendados, con otros nombres, siguen despojando de su tierra a los campesinos. Como cuando usted llamó a luchar por la tierra y la libertad, hoy las tierras mexicanas se entregan a los ricos extranjeros. Como entonces pasó, ahora los gobiernos hacen leyes para legitimar el robo de tierras. Como entonces, los que se niegan a aceptar las injusticias son perseguidos, encarcelados, muertos. Pero como entonces, mi General, hay hombres y mujeres cabales que no se están callados y se luchan para no dejarse, se organizan para exigir tierra y libertad. Por eso le escribo a usted Don Emiliano, para que sepa usted que aquí estamos, aquí seguimos”.

Florencia consideraba que un hombre que lucha en contra de las injusticias defendiendo los derechos de su gente no podía ser una persona de malos sentimientos. Y eso hacía que ella admirara más a su amigo Agraviado y al Subcomandante “Marcos”, por esa gran empatía a favor del pueblo mexicano.

Una tarde en que coincidieron en Facebook Agraviado saludó a Florencia.

--¡Hola amiga!, quisiera presentarte a un amigo…--, le escribió.

- ¿A un amigo?... pero yo no necesito amigos… ya cuento con tu amistad, ¿para qué quiero más amigos?...--, respondió algo confundida y molesta.

Agraviado sabía de la admiración de su amiga por el Subcomandante Marcos.

--¿Y si me quiere presentar al Subcomandante “Marcos”?...--, pensó ilusionada, y respondió al fin:

--¡De acuerdo!

Él, le mostró una fotografía enviándosela por el chat.

Se trataba de un caballero mayor que ella, más o menos de unos cincuenta años. Con buena presencia y gentil figura, de rostro tranquilo y plácido. Lo que más le llamó la atención fue su afable sonrisa, la cual alcanzaba a distinguir en la fotografía. El hombre participaba en una manifestación afuera de la embajada de U.S.A, sosteniendo con firmeza una pancarta, que decía:

“Pedir ayuda a E.U con el narcotráfico, es como amarrar al perro con longaniza”.

¡BASTA YA DE ESTA GUERRA INGENUA!

Florencia se quedó mirando la fotografía detenidamente por un buen rato. Sintiendo que el corazón le quería explotar. Ese hombre que sin conocer había logrado arrancarle un suspiro.

En eso volvió a saltar el chat.

--¿Estas?

--¿Viste a mi amigo?... ¿creo que no está bien de la cabeza, verdad?

Las palabras de Agraviado hicieron mella en sus sentimientos.

--¡Cállate, necio!... ¡no sabes lo que dices!...--, y continuó:

--¡Me gustan los hombres valientes dispuestos a librar cualquier batalla… detesto a los pusilánimes sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas!

Y solo alcanzó a leer unas palabras que Agraviado le escribió en el chat para luego desaparecer.

--¡Ja,ja,ja!... espera, ahora regreso… quiero hablar muy seriamente contig…--, dejó escrito Agraviado.

Dentro de un rato volvió a saltar el chat.

--Ya regresé… ¿estás?

Ahí estaba ella y escribió:

--¡Si hombre, te espero!... ¿acaso me presentarás al comandante “Marcos”?... ¿lo conoces? --, preguntó inquieta finalmente.

--¿Cómo crees Florencia?... a quien te quiero presentar es a mi amigo, al de la fotografía… pero antes quiero confesarte algo.

Y siguió escribiendo.

--Yo no me llamo Agraviado… por razones personales tuve que abrir este perfil, pero es falso…--, aseveró el amigo.

---¡Mmm!... ya me lo imaginaba… la verdad ese nombre está muy feo, no me gusta, pero… entonces… ¿quién eres y de que planeta vienes?...--, interrogó ella.

--Ya en serio amiga, mi nombre verdadero es…--, y por unos minutos dejó de escribir.

Florencia puso los codos en el escritorio recargando las manos sobre su rostro esperando ansiosa la respuesta de su amigo, el supuesto Agraviado.

Y pensó:

--Este amigo creo está peleado con la vida, por eso eligió ese desagradable nombre… ¡ja,ja,ja!...--, no paraba de reír, le causaba gracia que Agraviado le hubiera tomado el pelo. Llevaban ya un año de amistad y ahora se le ocurría amargarle la tarde.

De pronto, saltó nuevamente el chat.

--Florencia…--, escribió Agraviado.

--Mi verdadero nombre es Rodrigo Montesinos

Nuevamente ella estalló en carcajadas a la vez que escribió.

--Ya no sé cuál de los dos nombres está mejor, si Agraviado o Rodrigo.

--¡Ja,ja,ja!... ¡bueno… ya en serio, cuéntame!... ¿a qué te dedicas en la vida real, aparte de “leguleyo”?

-- Soy una figura pública… ¿ves?...--, escribió.

En eso algo que apareció en la parte de arriba del ordenador llamó la atención de Florencia.

Rodrigo Montesinos, acababa de enviarle solicitud de amistad, la cual ella aceptó de inmediato. Y en ese mismo momento Rodrigo le envió mensaje por messenger.

--Me sacas de quicio agraviado--, le escribió ella.

 De aquel lado de la pantalla leyó.

--¿Quieres ser mi novia cibernética?... preguntó Rodrigo.

--¡No!... ¡no quiero ser tu novia cibernética… quiero ser tu novia real…--, respondió del otro lado de la pantalla Florencia.

Ella, tenía la esperanza de que fuera en realidad el Sub Comandante “Marcos”; y desde entonces, Rodrigo y Florencia se profesan un amor sin límite, un amor que va más allá de esta vida. Sin embargo, ella sigue pensando que Rodrigo es el gran amor de su vida, el hombre de sus sueños, Rafael Sebastián Guillén Vicente, mejor conocido como el Subcomandante “Marcos”.

 

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

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Imagen tomada de Google.

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