miércoles, 7 de enero de 2026

LA ARQUITECTURA DEL VUELO.

 





​Dicen que el amor es el motor del mundo, pero a veces olvidamos que su mayor milagro no es el movimiento, sino la quietud que nos regala. Es esa fuerza invisible que no necesita gritar para ser escuchada, ni golpear para vencer. Es, en esencia, la arquitectura que sostiene el techo de nuestra propia cabaña interior cuando afuera el tiempo insiste en su erosión.

​A diferencia del fuego que todo lo consume, este sentimiento es como el sol de invierno: calienta sin quemar, iluminando los rincones donde antes guardábamos el metal oxidado de viejos rencores. Los poetas de antaño no mentían al llamarlo oro, pues tiene la extraña virtud de convertir el plomo de los días difíciles en una moneda que sí tiene valor, una que no es falsa porque se acuña con la verdad del perdón y el descanso.

​Amar es, al final, el acto de valentía más silencioso que existe. Es decidir que el camino hacia adelante es más ancho que la huella del pasado, y que el corazón, lejos de ser un campo de batalla, es el jardín donde finalmente hemos decidido sentarnos a contemplar cómo gira la vida, impulsada por ese motor dulce que todo lo mueve, y que todo lo cura.

 

 

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

Fotografo Nathan Klok.

Minnesota.

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