domingo, 4 de enero de 2026

LA DEUDA QUE NO SE PAGA CON MONEDAS.

 





​Hoy puse la mesa con el mismo amor de siempre,

con ese brillo en los ojos que solo una madre entiende.

 

Esperé el sonido de la puerta, el grito de los nietos,

esos que acuné en mis brazos y que hoy guardan silencios.

 

​Dicen que el mundo avanza, que el dinero es el norte,

que el éxito se mide por el brillo del transporte.

 

Y en esa carrera loca por tener y por ganar,

se olvidan de la mano que los enseñó a caminar.

 

​Yo no pedía regalos envueltos en seda fina,

quería el calor del beso que la soledad domina.

 

Cuidé sus sueños de niños, entregué mi vida entera,

y hoy mi paga es la sombra de una espera verdadera.

 

​Pero aunque el olvido muerda y la ingratitud lastime,

mi amor es un tesoro que ningún precio define.

 

Ellos tienen el oro, el estatus y la prisa...

yo tengo la conciencia de haber sido su sonrisa.

 

​Que este siglo XXI, con su brillo y su usura,

no borre que una madre es la única luz pura.

 

Hija mía, nietos míos, la vida es un momento:

el dinero se acaba... solo queda el sentimiento.

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

Imagen de Google.

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