Hoy puse la mesa con
el mismo amor de siempre,
con ese brillo en los
ojos que solo una madre entiende.
Esperé el sonido de
la puerta, el grito de los nietos,
esos que acuné en mis
brazos y que hoy guardan silencios.
Dicen que el mundo
avanza, que el dinero es el norte,
que el éxito se mide
por el brillo del transporte.
Y en esa carrera loca
por tener y por ganar,
se olvidan de la mano
que los enseñó a caminar.
Yo no pedía regalos
envueltos en seda fina,
quería el calor del
beso que la soledad domina.
Cuidé sus sueños de
niños, entregué mi vida entera,
y hoy mi paga es la
sombra de una espera verdadera.
Pero aunque el
olvido muerda y la ingratitud lastime,
mi amor es un tesoro
que ningún precio define.
Ellos tienen el oro,
el estatus y la prisa...
yo tengo la
conciencia de haber sido su sonrisa.
Que este siglo XXI,
con su brillo y su usura,
no borre que una
madre es la única luz pura.
Hija mía, nietos
míos, la vida es un momento:
el dinero se acaba...
solo queda el sentimiento.
Autora : Ma. Gloria
Carreón Zapata.
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