Tu desdén hizo mella en mi sentido
despreciaste el amor que te entregaba
no supiste que el alma que te amaba
era templo de un solo amor cumplido.
Fue el capricho, tal vez, tu sinrazón
o ese miedo a perder tu vana hombría
lo que cegó con tanta saña un día
la luz que pudo darte el corazón.
Hoy deambulas con paso arrepentido
al verme en otro nido y otra hoguera
donde sobra el querer que has perdido.
Yo te eché para siempre al olvido
mientras tú, tras tu sombra trepadora
lames la herida de un amor fallido.
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