"El que, apuesta por el doblez ajeno, solo demuestra
la fragilidad de su propia rectitud. No busques en mí el reflejo de tus
caprichos; mi historia ya tiene dueño, y se llama dignidad."
Crees, en tu ingenua arrogancia, que la voluntad es una
cuerda que puedes tensar hasta que ceda. Hablas de "doblar las manos"
como quien anticipa una rendición en un tablero de juegos, pero olvidas un
detalle fundamental: yo no juego.
Tu error es confundir mi silencio con debilidad y mi calma
con una espera.
No busco
conquistadores de salón ni estrategas de capricho. El amor que habita en mí no
se rinde ante la fanfarronería, porque mi fuego solo se enciende con la chispa
de la sinceridad, no con el roce de un ego necesitado de aplausos.
Ahorra tus apuestas y retira tus piezas. Mientras tú
calculas movimientos para alimentar tu orgullo, yo ya he ganado la única
batalla que importa: la de saber quién soy y qué merezco. No habrá
"caída", porque mis manos solo se abren ante la verdad, y tú,
caballero de humo, solo ofreces el vacío de un triunfo hueco.
Imagen Google.
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