jueves, 3 de abril de 2014

BEBIENDO TU RECUERDO




Las lágrimas que derramaste un día
adheridas las llevo en mi retina
mis ojos que ahora son tus ojos
las  beben gota a gota cada día.

Te observo en la penumbra
transformado en ser de luz
y digito esa tu sonrisa con donaire,
a mi alma marchita que florece
en un mundo de perpetuas primaveras.

Y me bebí tus lagrimas
y me adherí a tu piel
como tentáculo que hecha raíces en el corazón
renaciendo en un verde esperanza cada mañana.

Y me bebí tu aroma
aquellas garatusas que en tus brazos
devolvieron dicha dejando atrás la agonía
bebiéndonos las sales de la sábula
que dejó aquel verano consagrado en mi memoria.

Y te preciso todo
cuando mi cuerpo reclama cada beso de tu boca
cierro mis ojos y me bebo extenuada tu recuerdo.


Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

REMEMBRANZAS DE AMOR






Cierro mis ojos y percibo los frescos aromas de la bienaventurada primavera.  A mi mente acuden las imágenes en que juntos ascendimos por aquella frondosa cordillera. Al bajar mis pies resbalaron, yo tenía temor de caer pero tú me tomabas entre tus brazos invitándome a seguir paso a paso. 

Con tu apoyo seguí adelante, al llegar a nuestro destino te recostaste sobre el pasto extenuado, en lo que yo no me cansaba de contemplar tu barbado rostro. Tus ojos, esos tus lindos ojos que tanto me gusta contemplar.

 Por que en ellos, veo reflejada la ternura que en tu alma anida. Ese brillo celestial que he encontrado en ellos me dicen que eres mi afición. Recuerdo que me acomodé a tu lado deseando que ese día se quedara en nuestro recuerdo para siempre. Amor, aquel verdinegro paisaje, ese  fresco olor a hierba sano como nuestro cariño.

 El sonido de las hojas que crujían y las ramas que al moverse melodiosas espantaban a las aves que al darse cuenta de nuestra presencia comenzaban a entonar melodiosas notas en honor a nuestra adoración. Era en ese momento que comenzaban a danzar de rama en rama, en lo que el viento ululaba a la par y comenzaba a cantar...

"Dos poetas le cantan al amor, ahora se encuentran aquí, en Villas del carbón.
El murmullo del agua de aquel majestuoso río al correr, se llevaba  para siempre el juramento de nuestro gran amor y lo depositaba en la profundidad donde las piedras que arrastraba la corriente, melodiosas daban gloria a Dios.

Ese atardecer  parte de mi alma quedó para siempre sepultada entre la espesura de la gran cima, y fue en ese momento en que brotó el gran afecto por tu bendito linaje que nos acompañaba.

 En lo que nuestras bocas esa misma tarde se profesaban un gran cariño, una pasión sin igual, un amor entregado, desinteresado, pulcro y cristalino como el mismo cielo azur , que de lejos nos cubría de bendiciones. Esa tarde amor me sentí la mujer más feliz del planeta, y hoy añorando esa víspera florecida ruego al cielo pronto poder estar a tu lado nuevamente para nunca más volver a separarme de ti.


Más hoy en esta fecha, y sin lograr contener las lagrimas de tanta felicidad mi memoria ha vuelto a evocar esta parte de nuestra gran historia de amor, capturada para siempre en mi alma de mujer enamorada.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Imagen tomada de Google.


LECCIÓN DE VIDA





Aquella tarde de álgido invierno en que la naturaleza nos obsequia el bello y nostálgico paisaje y las hojas teñidas de ocre van cayendo poco a poco de sus tallos hasta formar la gruesa alfombra de hojarasca.


Me sumergí en la melancolía, aislándome del mundo por entero, pensando en la distancia que me desconectaba de mi amado físicamente. Y mi rostro plañido de rocío no pudo evitar dejar de sentir el desconsuelo. En lo que un pequeño gato maullaba al compás de mi agonía. Más de pronto, yo que no soy aficionada a los animales  me asomé por la ventana para ver de donde provenían esos terroríficos maullidos, él, seguía maullando lastimosamente  como queriendo comprender el dolor que esa víspera me estrujaba.


Me acomodé al calor de la chimenea en un viejo sofá, hojeando un viejo libro de rimas, prosas y leyendas, recordando al gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer. "La Corza Blanca", uno de sus relatos. Naufragué en el más temible misterio donde la protagonista se transforma de noche en el citado animal, de pronto, un escalofrío invadió mi alma, al sentir que algo rosaba sobre mis piernas, No pude evitar pegar tremendo susto, era un gigantesco gato de color beige  que se acomodaba a mi lado, de inmediato reaccioné de forma agresiva sacándome la pantufla para darle con ella. Más todo quedó en el intento, ya que mi hija, al escuchar mis gritos, bajó corriendo y gritando desaforada.

 - Nooo, mamá--
--¿ Por qué le pegas?--

Ella no hace nada es kiki, siguió hablando en lo que se alejaba con la gata en brazos, ya la había adoptado como de ella. Pero más tardó en retirarla de mi que la gata en escaparse para regresar a mi lado nuevamente, y de un saltó caer sobre mi regazo  paralizándome del miedo que me producían esos animales. sentí que todo mi cuerpo se cubría del pelo del animal, para luego yo iniciar un vals de estornudos.



Me encaminé hacia la alcoba de mi hija para tomar prestado su ordenador por que el mío se había averiado. Ella, a esas horas se encontraba en la universidad. En eso, sentí que la gata, de una gran pirueta trepaba hacia mi cuello sin parar de ronronear paralizándome DE terror y después pegar tremendo grito horrorizada.

 -¿Un gato arriba de mi?, -¡que horrooor!-
Con rapidez  la tomé de los pelos y la aventé algunos metros sin dejar de pensar en la leyenda de Bécquer.



Apresurad amente me dirigí a la entrada y de un fuerte portazo coloqué linea divisoria entre ese monstruo para después escuchar de nuevo un fuerte golpe en el pórtico. Me precipité a espiar  pensando que era un intruso o tal vez un invitado de la kiki. 

Más mi suposición fue errónea, al ver entrar a mi hija Ariadna por la puerta principal muy sonriente  haciendo mimos a la gata antes que a mi. Me acerqué amenazante ante la presencia de kiki y de un grito histérico provoqué temor entre las dos. 

-¡No quiero a este animal en casa!- Grité enfurecida.

 Dirigiéndome al teléfono que en ese momento interrumpía, levanté el auricular sin deseos de iniciar ninguna charla.



De aquél lado de la linea escuché una voz de mujer, que muy amablemente me comunicaba. 

-Señora, su cita era para este día y usted no se presentó- 

Agradecí el recordatorio y colgué,si, había perdido la cita al doctor, bueno ya la sacaría nuevamente, me dije, ahora lo importante era sacar a ese pequeño engendro, a como diera lugar, lejos de casa.



En esa misma semana me presenté al doctor; que ya tenía el diagnostico del laboratorio, para luego extenderme otras ordenes más de radiografía y un ecosonograma. Así fue como deambulé por el hospital por algunos días, hasta obtener una respuesta a mis estudios. Cuando menos estaba descansando de kiki, murmuré entre dientes. El Doctor de medicina general, me informó esa misma tarde su diagnostico...-"Hipertiroidismo"- que había adquirido, debido a un trastorno metabólico, esa era la causa de mi taquicardia, perdida de peso y nerviosismo, dijo, así que más estudios y más visitas al hospital, eso me hundió más en la desesperación. Por un lado el pequeño enemigo y por otro mi delicada enfermedad. Desde ese día kiki se volvió mi compañera inseparable, más yo solo buscaba la manera de deshacerme de ella.



La gata sentía mi rechazo, y buscaba la forma de ser aceptada por mi, más yo, con eso de la enfermedad me fui olvidando poco a poco de mi macabro plan, deshacerme de ella. Y una tarde en que frente al espejo cepillaba mi cabello, ella trepó al tocador amenazante, yo, había violado su privacidad entrando a la recamara de ella y de su ama; ahora era ella quien me rechazaba y quería verme fuera de la alcoba.



Me acerqué a la computadora de mi hija nuevamente temiendo ser agredida y para pronto, kiki, amenazante de un ligero brinco; se tendió sobre el teclado. Pegándome tremendo susto, que me hizo salir precipitadamente del lugar. Desde ese día yo trataba de amistar con ella, pero ella me había declarado la guerra. Al paso del tiempo y acudir a una de mis citas al hospital, y el Doctor, darse cuenta que el medicamento no había evolucionado como era debido, tomó la decisión de intervenirme. En ese lapso, no había conseguido deshacerme del terrible animal, que deambulaba dentro de la casa, solo espiándome o esperando el momento de atacar al enemigo, que era yo, así lo imaginaba.



Mi salud mermaba cada día, no hubo más opción. El Doctor programó la fecha de la cirugía, y kiki cada día se volvía más agresiva conmigo; sin embargo, no dejaba pasar la oportunidad de vez en cuando de hacerme una de sus travesuras, o espantarme con sus terribles maullidos.



Llegué al hospital, no sin antes ponerme en las manos de Dios y despedirme de mis hijos y de la odiosa kiki. Pensando en que ya nunca más regresaría a casa, que era ella quién había triunfado, al fin, ella era quien me había sacado de mi hogar, apoderándose hasta del cariño de mi pequeña hija. Pasaron las horas y de pronto, al despertar de la anestesia, vi que mi pequeña no se había separado de mi, estaba sentada ahí junto al buró, que sostenía una pequeña lampara, y a lado del teléfono un recipiente de agua, y mi hija entre sus manos sujetaba, un “mata burros” de alguna de sus materias, ya que estaba por terminar su carrera de química. Acercándose a mi, me apretó la mano en señal de aliento, y dándome un beso en mi mejilla,me dio la noticia de que su papá había estado al pendiente de la cirugía, no había podido estar a mi lado personalmente debido a su función , pero estaba al tanto de todo, a la distancia.


Después de las instrucciones dadas por el Doctor; al tercer día fui dada de alta, mi marido pasó a recogerme para llevarme a la cabaña en Villas del Carbón, a llevar mi convalecencia, así que a los pocos días, partimos los cuatro, mi amado esposo, nuestra pequeña hija, y, la odiosa kiki, quien en el camino, no dejaba de asustarme con sus terribles maullidos. Más a la vez, en ocasiones se me acercaba tratando de reanimarme, y yo con la cicatriz en el cuello, trataba de que no se me acercaba, temiendo contraer algún virus o alguna infección.



Al fin llegamos a la cabaña; luego de largas horas de viaje, y después de instalarnos, y de bajar las maletas me dirigí a contemplar el hermoso panorama que ofrecía la sabia naturaleza, no sin mi esposo a mi lado; que trataba de recompensar los días en que estuvo ausente, en lo que kiki corría por toda la choza, contenta de sentirse libre. En ese momento mi amado me tomó entre sus brazos dirigiéndose a la pequeña alcoba, para luego, depositarme en un cómodo sofá, de donde se podía ver la gran montaña de color verdinegro, prometiendo que en cuanto mejorara mi salud volveríamos a escalarla como cada año lo hacíamos en compañía de toda la familia.




En lo que kiki, celosa no dejaba de seguirme, y cuando tenía la oportunidad se paseaba por mis pies sin dejar de ronronear, yo sentía que me retaba, fue entonces que urdí mi macabro plan, en cuanto regresáramos kiki, se perdería en esa gran montaña, ella no regresaría a la ciudad. Era mi oportunidad, me desharía de ella, si, al fin, descansaría de esa gata mimada, al fin y al cabo me había robado el cariño de mi pequeña hija y hasta de mi marido, inclusive del cariño de mis demás hijos, la amaban. Pero ella parecía presentir lo que yo tenía en mente, desde ese día no se despegaba de mi y se acomodaba en mi cuello, cuando se daba cuenta que yo dormía, y al despertar hacia rabietas al sentirla acurrucada en mi cuello.


Una tarde en que mi marido salió por leña a la montaña, para encender la chimenea de adobe, que había mandado fabricar hacía muchos años, abrí la ventana un poco y corrí las cortinas, para que entrara el viento, y se ventilara un poco, que en ese momento ululaba a la par de la kiki que hacía unos ruidos extraños. Me dispuse a leer, cuando de reojo, vi a la gata, acomodada a un lado de mis pies. 

En ese momento me llamó la atención verla en una postura extraña, como si estuviera apunto de cazar algún bicho, esta vez yo leía “Axolotl” de Julio Cortazar, De pronto, di un reparo al ver a kiki, como se lanzaba sobre un animal que parecía ser una víbora venenosa, si, era una víbora coralillo, por sus colores la reconocí, la cual había salido de la chimenea al remover los residuos de la leña quemada. 

Yo grité a todo lo quedaba mi garganta, aunque tenía prohibido por el médico no hablar mucho, ya que la glándula había presionado las cuerdas vocales, y había afectado un poco la voz, más en ese momento olvidé toda instrucción.


De pronto sentí los brazos de mi amado esposo tratando de protegerme, el cual al escuchar mis gritos, soltó la leña para correr en mi auxilio, y tomándome de la cintura, me condujo al sofá nuevamente, y no sin antes acariciar a kiki quien se encontraba ya nuevamente a mis pies, orgullosa de haberme salvado la vida. 

Más el monstruo no dejaba de ronronear, enredándose en mi larga bata, en lo que yo, en ese momento no encontraba donde meterme, y de alguna forma hacerle entender a kiki que estaba arrepentida de mi mal proceder, me sentía avergonzada.



Pasaron los días de mi convalecencia, e hicimos planes para regresar a casa, esa noche, kiki no se despegó de mi, durmió a mis pies, me había salvado la vida, así que, estaba en deuda con ella, me olvidaría de dejarla en la montaña, y ahora tenía que soportar su ronronear y hasta se había adueñado de mi cama, y de toda mi familia. mis demás hijos, que sin conocerla aun, ya la amaban.Ya de regreso, conforme el coche avanzaba me internaba nuevamente en mis pensamientos. 
-¿Que hubiera pasado si kiki no hubiera estado cerca de mi en ese momento?

 Quizá yo ya no estuviera viva, pero gracias a ella, regresaba a casa feliz.



Nunca más pensaría deshacerme de ella, al fin, como decía mi hija, cuando yo me molestaba por ver alguno de sus pelos en mi ropa, - mamá a nosotros los humanos también se nos cae el cabello, y no pasa nada, nosotros los humanos también tenemos parásitos no pasa nada, solo que nosotros los humanos nunca somos capaces de arriesgar nuestra vida por el prójimo, eh ahí la gran diferencia entre kiki y nosotros,los seres humanos. Avergonzada solamente incliné la cabeza para solo contestar con un reproche. – Si, eso dices tú por que kiki es el animal que más te gusta-.



 Miguel solamente movió su cabeza para inclinarse a darme un beso en la boca no sin antes pasar su brazo por mi cintura y murmurar quedamente al oído -Lo siento amor, tenemos kiki, por muchos tiempo-. Ese animal, me había dado muy buena lección de vida.


FIN.






Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.


Derecho de autor



HIMNO AL AMOR











Mi corazón como golondrina elevó sus alas 
a la región aérea alejando la tristeza,
embriagado de ilusión se prendió del pensamiento 
para luego posarse sobre el Olimpo
haciendo de nuestro amor un himno 
que tocó al compás de nuestro gran idilio,
y nuestras rutilantes almas despidieron 
rayos luminosos brillando como el Tíbar.

Desde ahí contempló con ilusión 
las maravillas de la creación,
dándose cuenta que la vida 
era poca para este gran afecto
 voló mi alma como vahage
buscando un lugar 
donde anidaran nuestros ensueños
ahí canturrearon nuestras almas 
engarzadas como piedras preciosas
entonando el himno del amor
interminable como el tiempo.

Cantamos a la risa, a la fama
al deseo y al pensamiento
nada más valioso encontramos 
que nuestra dilección
en un amanecer regocijados 
probamos el alimento de los dioses
aprisionamos nuestras almas bebiendo 
nuestro aliento hasta fundirnos en uno mismo.

Tórridos como el fuego nos fundimos unánimes,
bendito nuestro afecto que nos arrastró a la gloria
así de nuestro infierno logramos fundar un paraíso
cuando el ala tiró de la viga callaron los vientos , 
los ríos y los volcanes
suavizando dulcemente 
a nuestro oído la más sublime nota.

Cantamos a la afición extasiados, 
cantamos de amores y a todo lo divino.
bebiendo de nuestras trémulas bocas
los hibleos ósculos cristalinos
testigo fue el profeta vaporoso 
que predijo nuestra suerte.

Se extendió nuestra pasión 
como nube blanca y ligera
el cisne entonó ledamente 
“el himno del amor”
en lo que yo subí al caballo alado
inmortalizando para siempre
nuestro fértil sentimiento.


Como la diosa Vesta vivo consagrada 
eternamente a esta alabanza del amor.


Autora: Ma Gloria Carreón Zapata.
Imagen tomada de Google.



El presente dejó plantado el lúgubre pasado, yerto de frío; prometiendo mañanas de cristal. Palpé tus labios ávidos de mi y con el rostro plañido de cincuenta lagrimas; reí en el momento en que cayó el rocío al salir el sol. Y como el ave fénix resucité aferrada a la esperanza, intentándolo una y otra vez, ahora, con un beso tuyo me bastó; cuando nuestras almas acordes en sentimiento se unieron en armonía y constancia, y me perdí en el vértice de tus caricias, ya no se ni quien soy, ahora te pertenezco, y aunque camine a despoblado sé, que de tu mano voy por siempre, cuando el jilguero canta sé que tú me esperas impaciente. Comienzo a experimentar nuevas sensaciones, la vida me brinda nuevos sueños, que prometen, después de que en el extravío deambulé afirmando que había llegado sola al final de mi último verano.

Más tu dádiva estaba presente, regalándome vida y nuevas quimeras, abriendo surcos para entregarme la felicidad anhelada.
He emancipado el silencio detenido, y los mil te amos que para ti he atesorado. Y esos ósculos deliciosos que solo tú, has podido deleitar de mi amén escarlata.

Ahora vivo dando vueltas sobre ti, en lo que tu danzas cual colibrí, después de que he sido fecundada. Me conduces a tu nido, forrado de placer y gloria, y yo deseosa de libar desesperada, de tu boca que me tiene embrujada, cuando antaño, me sentí exterminada. Y ahora mi nicho se llama tú, cuando me brindas el néctar de la felicidad, y me alimento de tus mieles, manjar de dioses. Retomando fuerzas para sobrevivir, y junto a ti, la vida marca la luz del camino al abordar la felicidad que solo conocí en efímeros instantes, y hoy para siempre eterna la vivo entre tus brazos fuertes y vigorosos.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Imagen tomada de Google.
Derecho de autor 1204100589178

ME GUSTA LA DANZA DE TUS BESOS.




Me gusta cuando me guías a nuestro aposento con mesura,
en el momento en que tus manos acarician mi cuerpo
y van resbalando poco a poco por mi espalda;
y bebo ansiosa hasta llegar a tu boca, quieta e inofensiva
deleitándome de tu exquisito sabor.

Anhelo tu boca que a diario me provoca,
tus labios suaves y cálidos 
en el tiempo que se abren al compás del beso,
donde nuestras lenguas se unen
danzando entre si, sellando nuestro afecto.

Saboreo cuando aprisionas 
mi boca contra tus labios,
uniéndose en un largo y apasionado beso 
y esa sensación que hace 
latir acelerado el corazón,
iniciando una danza amorosa y sensitiva.

Disfruto, cuando suspendes el beso
para pronunciar quedo, un te quiero,
para mirarte en mis ojos, tus ojos
y reflejarte en ellos contemplando mi embeleso,
me gusta si, la danza de tus besos en mi boca.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

PRIMAVERA




Hoy llega la primavera sazonando nuestra tierra, con sus flores de múltiples tamaños y formas la engalana, y el dehesa cubre el planeta como la esperanza mi alma, que espabila los gajes de mi juventud. La fe, es mi mayor estandarte y la llevo conmigo a todas partes. Las aves gorjean melodiosas, desde el Duero hasta el Río Bravo, y en conjunto cantan victoriosas el himno a su creador, y el verde desprende su esencia que invita a reflexionar. La primavera ha llegado y se a posado heroica sobre mis hombros nevados. Y a ataviado de colores mi alma ilusionada. Las flores y las aves danzan al compás del viento, cual si fueran damas en espera de ser rescatadas.

Benditas estaciones que como acuarelas tiñen el ambiente, ocre, verdinegro, blanco, rosa, y de la mano del arcoiris el viento emperifolla la región aérea, cuando el sol arde desprendiendo rayos de luz, y mi rostro arrebolado, no se cansa de dar gracias a mi Principie Soberano. Es tiempo de florecimiento y danza la estación, revestida de nuevos sueños, e invita a nuestras almas a vestir la túnica de la conciencia y el escudo de la esperanza. Luchemos unidos con el afán de rescatar nuestra flora y  nuestra fauna. Aunque de sobra sepamos que, una golondrina no hace primavera.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

LA JAULA QUE NUNCA FUE.






​Aquella cálida tarde de verano, el crepúsculo no solo caía, sino que regalaba un aire perfumado al ambiente. Yo me encontraba paseando por el verde oscuro de la dehesa cuando a lo lejos, sobre una rama de un pequeño arbusto, vi aterrizar a un gorrión. Se notaba, al instante, que estaba lesionado.

​Me acerqué lentamente para no asustarlo.

Lo tomé entre mis manos, depositando en él todo el cariño que es capaz de transmitir el ser humano. Lo arrullé entre mis brazos, lo alimenté, le dediqué mis versos. Y él, poco a poco, comenzó a hacer quiebros con la voz en su garganta, retozando feliz a mi lado. Rogaba, suplicaba, que no lo lanzara al viento. Tenía sus alas rotas, las cuales traté con infinita delicadeza.

​Un día, con una mezcla de miedo y ternura, me pidió que lo enjaulara, que lo atara si era posible. Hice caso omiso a sus ruegos. No me gustaba ver las aves en cautiverio, así que, suelto lo dejé. Solo le pedí un favor: que, cuando quisiera marcharse, me lo comunicara. Así vivimos los dos algunas lunas; un bello idilio donde poeta y gorrión se unieron en un solo canto dedicado al amor.

​Al pasar algún tiempo, vi el hastío dibujado en sus pequeños ojos y, con un nudo en el pecho, le pregunté:

—¿Quieres elevar tu vuelo?

—No —respondió—. Soy feliz a tu lado.

​Así seguimos, mas yo me daba cuenta de que el cariño que le profesaba, aunque inmenso, no le era suficiente para la criatura que era. De pronto, un día, me gritó que mi amor lo asfixiaba, pidió que lo liberara, que estaba cansado de mis caricias.

​Y sin decir más, lo tomé por última vez en mis manos.

 Con un beso suave en su pico, lo dejé en libertad. Vi cómo, contento y sin mirar atrás, alzaba el vuelo directo a su ansiada libertad, solo que su destino no fue la soledad del cielo, sino otro nido.

​Mi dolor fue la primera estrofa de una larga elegía. Y como dijo Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta del lamento:

​"...como se saca el hierro de una herida, su amor de las entrañas me arranqué, aunque sentí al hacerlo que la vida me arrancaba con él."

​Pese a la punzada, lo superé. El tiempo siguió su paso, y un día, quiso regresar. Pero yo, la poeta que le había enseñado a volar, ya lo había olvidado.







Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Derecho de autor 1204100589178

sábado, 28 de diciembre de 2013

CUANDO PIENSO EN TI

Cuando pienso en ti, 
el día se oscurece
la noche gime de desesperación,
¿será que las estrellas
en su titilar me consuelan? 


¿Acaso escuchan que 
te nombro en un susurro 
cuando el viento silba para que tú, 
lo confundas con el eco y no pienses 
que cada segundo muero de amor por ti? 


Tu acento que grabado 
llevo en mi memoria 
repiquetea sobre mi cabeza 
dando vueltas, y yo 
angustiada le pregunto a las estrellas, 
¿Que será de ti, si acaso como yo 
contemplas el firmamento? 


En lo que la luna duerme 
derramando sueños 
con la esperanza 
de un mejor mañana, 
descalza deambulo cuidadosa 
como alma en pena 
tratando de alcanzar aquel mañana 
en que juntos soñamos un verano. 




Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata. 
Imagen tomada de Google.

domingo, 13 de octubre de 2013

PROVOCACIÓN




Sé que tus ojos se han posado en los míos,
¡impío!
sabes perfectamente que ni el alma me pertenece,
¡necio!
sé que quererte es pecado,
¡sacrilegio!
aunque la vida te muestre lo contrario.

Tus besos son profanos y provocan,
al alma a pecar desde tu intrépida boca
es este corazón indomable que se estremece al verte,
pero mi alma, no sabe reconocer que ya te ama.

Entre las aguas turbulentas del deseo
fluye el ansia loca por quererte,
cuando se posa la dulzura total de tu boca
sobre mi cuerpo que a diario te provoca.

¡Terco!
has corrompido mis pensamientos
cuando te nombro inconscientemente
en mis frías madrugadas,
y en espera de tu voz
que me es prohibida
el alma inerte te pronuncia día con día.

Autora: Ma Gloria Carreón Zapata.
Imagen tomada de Google.

CARTA DE AMOR Y DESPEDIDA







Esta carta dirigida a ti, más que de amor es de despedida, al darme cuenta que nunca en la vida, lograste amarme como yo, alma perdida.

Y hoy que haciendo inventario de mi vida, en una báscula, he depositado nuestras almas, y lamentablemente la balanza se inclinó, hacia el pasado que destruyó mi existir.

Por eso quiero que sepas que ayer, cuando dije amarte no fue más que una mentira, quise probar tu alma que deambulaba mofándose de mil amantes conquistadas, tejiendo trampas y ofreciendo más que amor, tu alma destilaba amarguras.

Aunque ayer, quizá mi alma te hubiese querido, tal vez, pero cometiste el gran error, de haber confundido amor callejero con amor divino.

Y hoy es tarde ya, mi alma se dirige a la senda en donde un día me encontraste dolida, camino incierto que provocó que un día, yo confundiera la verdad con la mentira.

Y abusando de mi tonta alma, penetraste dentro de mí, con trampas, haciéndome creer que tú me amabas, pero el amor, que todo lo sufre sin medida, abrió sus alas y voló posándose lejos de tu frente.

Y aunque el alma ardía nuevamente de dolor, salvó el amor que llevo guardado en el fondo de mi lúgubre existencia. Pero tú, jamás sabrás cuánto te amo y te amaré vida mía, más esta carta, nunca será leída, va a un destino olvidado y el remitente será, un corazón destrozado.

Autora: Ma Gloria Carreón Zapata.

EL DIÁLOGO CON LA NOCHE Y EL SILENCIO.

  Lacera el alma tu ausencia bendita y quema el pecho la luz de tu fuego es un altar donde sufro y me entrego a la memoria que sua...