No ignores aquel ayer, no descuides el momento,
la tarde en que las manos se entregaron al placer;
la vida transcurría con un paso tan lento
que unidos aguardamos el vivo amanecer.
No intentes, ni un instante, confundir el presente
con la génesis pura de lo que fue vibrar;
fundimos nuestras almas de forma tan ardiente
que el tiempo, en su fuga, nos vio la aurora hallar.
Eternidad grabada quedó en la memoria,
un hito imborrable que no conoce olvido;
me rindo ante el relato de nuestra gran historia
y a mi propio elemento te llevo siempre unido.
En tardes de estío, bajo el roble gigante,
convierto en mis versos aquel dulce fragmento;
veo danzar la paloma, blanca y galante,
mientras para nosotros... invento el mejor cuento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario