Se cayó el telón de mis ingenuos ojos,
al fin veo tus malsanas intenciones,
corazón de mil indecisiones,
el odio brota de tu alma a manojos.
Mataste en mí las ilusiones,
dejando solo rastros de despojos;
ya no pretendas buscar mis perdones
donde solo quedan amargos abrojos.
No vuelvas a buscarme, te lo pido,
no soy cheque al portador de vividores;
más vale que te lances al olvido,
no acostumbro a guardar viejos amores.
Ahora vienes a mí, tan arrepentido,
y quieres dialogar no sé qué cosa;
olvidas que ya tienes nueva esposa,
¡Sinvergüenza, comodino y mantenido!
@copyright
Imagen de Google.

No hay comentarios:
Publicar un comentario