viernes, 1 de mayo de 2026

EL SILENCIO MÁGICO DE DANITA Y EMILIA.

 




 

30 De abril Día Del Niño.


 

Un día, Leonardo decidió que el campo era demasiado pequeño para su gran vocabulario. Se paró frente a las niñas, infló el pecho y soltó una ráfaga de rebuznos que sonaban casi como rimas, aunque la "r" se le escapaba por los costados de los dientes como si fuera un silbato.

​—¡Mira, Mira! —parecía decir con sus orejas tiesas—, yo ya sé decir "alfalfa" y "atardecer", mientras ustedes solo señalan las flores con el dedo.

​Danita y Emilia se miraron. Dana, con la calma de sus cinco años, simplemente se sentó en la hierba. Emilia, la pequeña de tres, se llevó un dedo a los labios pidiendo silencio. Leonardo, confundido, dejó de rebuznar y bajó la cabeza para ver qué hacían.

​Fue entonces cuando sucedió algo que el arsenal de letras de Leonardo no podía explicar. Las niñas no necesitaban palabras para entenderse. Con un simple gesto, Dana levantó una piedra redonda y Emilia, de inmediato, trajo un puñado de musgo para hacerle una "cama" a la piedra. Sin decir una sola sílaba, habían decidido que esa roca era un huevo de dragón que necesitaba cuidados.

​Leonardo intentó intervenir:

—¡Re-bu-zno! ¡Es una pi-pi-piedra! —balbuceó, tropezando con la doble pe.

​Pero al verlas tan concentradas, el burrito comprendió que el lenguaje no solo vive en el diccionario o en la punta de la lengua. A veces, las palabras más bonitas son las que se quedan guardadas para cuando el momento es perfecto.

​Desde entonces, Leonardo sigue practicando sus letras, pero ya no se ríe. Ahora, cuando se le traba la lengua, simplemente se acerca a las niñas y espera en silencio, aprendiendo que la amistad tiene su propio idioma, uno que no necesita que la lengua no se trabe para ser compartido y vivido.



 

 

@copyright

Imagen de Google

Dedicado a dos de mis mayores tesoros Dana y Emilia Mayorga.

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