(A Gustavo Adolfo Bécquer)
Del arpa en el rincón, en el olvido
despertaste la nota adormecida
buscando en la palabra conmovida
el rastro de un amor que ya se ha ido.
Tus rimas son el nido construido
con hilos de una luz desconocida
la estrofa que en el alma queda unida
al sueño que el poeta ha perseguido.
¡Oh, bardo de la angustia y la saeta!
que cruzas por el tiempo como un ave
tratando con tu sombra vas la meta.
Tu voz es ese rastro dulce y suave,
la esencia que define al buen poeta
y guarda del misterio la gran llave.
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