Prosa poética.
El Sol abraza de la cintura al
alba, que irradia dicha al sentirse amada, mientras el Mar la besa con la
mirada...
En ese instante eterno donde los
horizontes se confunden, la tierra entera parece detener su aliento para
contemplar el milagro. No hay prisa en las olas ni urgencia en el viento; solo
la serena certeza de dos almas que se reconocen a través de la luz.
El aliento dorado de la mañana
acaricia la espuma, vistiendo al agua de destellos carmesí y violeta, como si
el propio universo quisiera bordar un manto para su encuentro. El cielo,
cómplice y testigo, descorre suavemente sus velos de bruma para dejar al descubierto
la verdad más pura: que el amor verdaderamente correspondido no necesita
palabras para encender la vida, basta con la tibia presencia de quien nos
abraza y la devoción callada de quien nos mira sosteniendo el mundo.
Octava I
El Sol abraza al alba
en la frontera,
que irradia dicha al
verse tan amada;
el Mar la besa con
pasión sincera,
de pura luz vistiendo
la mirada.
Un fuego de oro en la
sutil ribera
deja la bruma en la
extensión, calmada,
y en el abrazo que la
noche olvida
se despierta la
gracia de la vida.
Octava II
En el horizonte,
donde el agua toca
el manto carmesí del
firmamento,
el dulce susurro del
amor convoca
a suspender el paso
del aliento.
El firmamento a la
marea evoca
la devoción bendita
del momento,
y entre el calor del
astro y la marea
el alma amante en el
amor recrea.
Romance
El Sol abraza a la
aurora
por su tan fina
cintura,
y ella irradia suave
dicha
al sentirse afortunada.
El Mar la besa a lo
lejos
con una inmensa
dulzura,
mientras la bruma del
cielo
en las olas se
disuelva.
Se viste el agua de
encajes
y de dorada
hermosura,
y en el confín de la
playa
un fino manto la
cruza.
La brisa calla su
canto,
la luz el mundo me recuerda,
y en este abrazo
dorado
el gran amor se
perpetua.
@copyrigth

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