(Inspiradas en la
imagen)
Preámbulo
En el corazón de un jardín, un
estanque de agua quieta actúa como un espejo. Una figura femenina, vestida de
luz y adornada con mariposas que parecen unirse a la danza del agua, se
inclina, hipnotizada por su propio reflejo. En ese instante, el tiempo se detiene
y la realidad se difumina.
Esta escena nos invita a una
reflexión profunda sobre la naturaleza de la belleza y la peligrosa seducción
del ego, como si de un nuevo Narciso se tratara. Las siguientes octavas
intentan capturar la esencia de este momento, donde la fascinación por la
propia imagen se convierte en un laberinto sin salida.
El Reflejo de la
Obsesión.
Octavas reales.
Inclinada al abismo
transparente,
donde el estanque su
verdad esconde,
busca en las aguas
con afán ardiente
la sombra fija que a
su voz responde.
Un espejismo
hipnótico y luciente
a la ilusión del alma
corresponde,
y fascinada por la
ninfa incierta,
al dulce hechizo la
razón despierta.
Rizo de linfa que la
vida apaga,
sombra de espuma en
la penumbra fría,
el ego dulce que el
sentido embriaga
la arrastra lenta a
su fatal porfía.
No ve el engaño que
en el fondo vaga
ni el hondo velo de
la fantasía,
queda cautiva del
encanto vano,
rozando el agua con
sedienta mano.
El Reflejo y la
Trampa del Ego.
Romance.
Inclinada sobre el
agua,
como un lirio en el
estanque,
mira el hondo espejo
frío
que la hechiza y la
engalana.
Un vaho de luz
dorada
le dibuja la mirada,
y en el fondo
transparente
otra sombra la
reclama.
Es el rostro de su
ego,
dulce trampa
cristalina,
que la llama desde el
abismo
con voz suave y
fascinada.
Se le escapan
mariposas
de la tela de su
enagua,
volando hacia la
corriente
donde el espejismo
habita.
Cuanto más busca en
el fondo,
más la vida se le
escapa,
cautiva de su
reflejo,
soñando sobre el
estanque.
@coyrigth
Imagen de la Web

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