Fui sembrando la esperanza,
hoy cosecho ilusionada
el cariño verdadero
que acaso navegó el Duero.
Fue la corriente del agua
la que me trajo tu puerto,
dejando atrás el desierto
donde el alma ya no avanza.
En este remanso vivo,
donde el tiempo no tiene prisa,
renace dulce la risa
con el fruto que cultivo.
Visten los campos de rojo,
pero en mi pecho hay calma,
florece dentro del alma
lo que con fe me propongo.
Y si el río sigue el curso
directo hacia la marea,
que nuestra historia sea
el final de este discurso.
Un refugio de amapolas,
donde no exista el olvido,
y el camino recorrido
nos abrace entre sus olas.
@copyrigth

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