martes, 25 de agosto de 2026

BITÁCORA DE UN VIEJO AMIGO

 



Prosa poética.


 

​Hay un encanto sereno en sostener un libro de papel. No es solo el peso de sus páginas entre las manos, sino ese aroma único a tinta y tiempo que se desprende al abrirlo, como un secreto guardado a voces.

​A lo largo de los años, ha sido el compañero más fiel de mi trayectoria. Subió conmigo en la infancia hasta la copa más alta del nogal, navegó las corrientes del Río Escondido y del Río Bravo, y un día cruzó el Atlántico para recorrer el mundo. Hizo pausa obligada en el vibrante Barrio de las Letras en Madrid, anduvo los caminos del norte de España y llevó el calor de sus letras hasta el frío sereno de Estocolmo.

​Por doquier y en cada etapa de la vida, este libro abrigó los sueños norteños y sureños con la fidelidad de los viejos amigos. Por eso, tras haber navegado distancias y mapas infinitos, sé que no existe refugio más seguro ni viaje más hermoso que regresar a su lomo desgastado, aspirar su aroma entrañable y reconocerme, página a página, en todo lo que hemos vivido juntos.



 

Bitácora de un viejo amigo.

(Cuartetas octosílabas)

 

​Fiel amigo me acompaña

a cualquier lugar que vaya,

su presencia no desmaya

ni me deja en tierra extraña.

 

​Compartió el peregrinar

de mi infancia en el nogal,

y su aroma sin igual

por siempre me hizo soñar.

 

​Por sus hojas han corrido

Río Bravo y Escondido;

Ebro y Ega ha conocido

donde la ilusión navega.

 

​En la cuna o en la vejez,

es mi libro de papel:

aroma a tinta e hilvanes,

fiel guardián en cada tez.

 

​Norteños, también sureños,

en sus páginas de ayer

guarda intactos los ensueños

que me ayudan a vencer.

 

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