Sábado, 25 de junio de 2011 a las 3:27
Con el laurel del triunfo sostenido en el pico,
alzaste un vuelo libre, buscando solo paz;
cantabas aquel Himno, solemne y Federico,
entre notas de bronce y un eco celestial.
Amabas a esta tierra con besos hacia el viento,
trazando soluciones en un lienzo invisible,
pero el suelo crujía bajo un sol de tormento
y el país se fundía en un caos terrible.
¡Se derrumba la patria!
Oprimida por garras de ambición y dinero,
donde el miedo germina y la voz se silencia;
el rostro de la muerte se volvió compañero
destruyendo el refugio de nuestra confianza.
¡Estamos en guerra!
Y el águila emigra hacia un suelo extranjero,
perseguida y proscrita junto a toda su cría;
un vuelo majestuoso, ilegal y certero,
que pretende cambiar el final de este día.
¡Vuela, cenzontle, que en lamentos te escucho!
¡Vuelan aves de acero y estalla el cielo herido!
Girasol que al azar has sufrido ya mucho,
buscando en el sol un abrazo perdido.
¿Acaso no recuerdas a Marina, la esencia?
Crisol de dos culturas que el tiempo ha forjado;
hoy México es botín de la vil descendencia,
del zopilote infame que acecha lo amado.
¡Sus víctimas: los jóvenes!
A ellos les saquearon el honor de los viejos,
libertad y respeto... su herencia sagrada;
les roban la vida, les quitan los espejos,
a punta de daga y a sangre calada.
Hoy el mundo gravita uniendo dos banderas,
dos dolores que fluyen por la misma corriente...
¡Y yo quiero ser nopal, roca y fronteras,

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