(Soneto)
Asombro de los
siglos, pluma brava
que el Parnaso
domaste con el rastro
de un ingenio que
brilla como un astro
y en cada verso el
alma se te esclava.
Nadie como tu voz la
lengua alaba
fuego que no conoce
el alabastro
siguiendo de la vida
el hondo rastro
donde la prosa en
música se acaba.
Monstruo de la
natura en tu porfía
diste al teatro ley,
diste el sentido
con la magia de tu
arte y tu hidalguía.
Tu laurel por el
tiempo es mantenido
pues no habrá quien
ignore todavía
que tu nombre en la
gloria se ha quedado... y ha ido.
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