lunes, 13 de abril de 2026

LA POESÍA DE LAS SOMBRAS

 




Respuesta a la crítica del escritor Oscar Vicente Conde.

 

 

Su molestia no es solo comprensible, es necesaria. Tras haber leído y publicado a más de dos mil autores, su perspectiva no nace de la opinión, sino de la evidencia estadística. Quien lee un poema al día durante siete años tiene un mapa del talento real mucho más preciso que quien solo frecuenta las antologías de siempre.

​Su crítica pone el dedo en varias llagas del mundo literario.

​El mundo de las letras suele ser un teatro de espejos donde unos pocos se encargan de sostener las velas para iluminar siempre los mismos rostros. Se han construido pedestales de mármol para figuras que, en realidad, son de cartón prensado; nombres que se repiten hasta el cansancio en una letanía de amiguismos y cofradías. Dicen que son los dueños del verso, los guardianes de la métrica, los únicos autorizados para dictar qué es belleza y qué es olvido. Pero esos círculos cerrados, esos muros levantados por el ego, tienen una grieta fatal, la realidad del que lee con el alma limpia.

​Afuera, en la intemperie de lo no oficial, late la verdadera vida. Allí, donde el foco no llega, crecen joyas silvestres que nadie se molesta en catalogar. Son poetas que no tienen un carnet de club, ni un asiento en la mesa de los elegidos, pero que poseen una palabra capaz de incendiar el pecho de quien los descubre por azar.

​Publicar a un poeta es un acto de justicia, pero buscarlo entre la multitud es un acto de fe. Hay que tener los ojos cansados de tanto leer y el corazón joven para seguir asombrándose, para entender que la autoridad no la da un título ni una medalla, sino la constancia de quien ha visto pasar miles de versos y sabe distinguir el oro del simple oropel.

​Es hora de dejar que la brisa derribe a los ídolos de barro. No necesitamos más egos engordados por el aplauso fácil; necesitamos ojos que miren hacia los rincones oscuros, hacia esos "nadie" que escriben como dioses. Porque al final, cuando el ruido de las camarillas se disuelva, no quedarán los nombres que más gritaron, sino aquellos versos que fueron capaces de sostenerle la mirada a la verdad. La poesía no pertenece a quienes la encierran en salones, sino a quienes la liberan cada día en la soledad de una página compartida.

 

 


@copyrigth

Imagen de Google.

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