La Semana Santa no es solo la
conmemoración de un evento histórico o una tradición marcada en el calendario;
es una invitación a mirar hacia adentro y reconocer el valor de lo que se
entrega por los demás. En un mundo que a menudo corre de prisa, estos días nos
proponen un silencio necesario para entender que el amor más puro es aquel que
se da sin esperar nada a cambio.
Clavado fue en el
árido madero
por darnos salvación
y dar la vida
dejó sobre la cruz su
sangre vertida
el humilde y divino
Cordero.
El mundo, en su
desdén, fue compañero
de una sombra
constante y sin salida
rechazando la mano
prometida
del Salvador, el guía
verdadero.
Escrito ya estaba el
sacrificio
que en amor se fundó
por la conciencia,
venciendo del pecado
cada vicio.
Legado de victoria y
de paciencia,
rey que otorga a la
gloria su servicio,
bendito sea Dios en
su presencia.
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