Rene Aguilera Fierro
(Octavas reales)
Murió el poeta, el hombre, el emisario,
que en versos de cristal sembró la calma;
aquel que hizo del verbo su santuario
y unió las manos con la voz del alma.
Hoy queda mudo el viejo abecedario
y un frío de nostalgia el pecho encalma,
mas brilla en el confín de la memoria
su nombre escrito en letras de victoria.
Fue mi amigo, mi guía y compañero
en este laberinto de la pluma,
buscando aquel lenguaje verdadero
que nace entre la roca y entre la espuma.
Él fue del mundo un sabio mensajero
que disipó del odio la espesa bruma,
dejando en cada puerto una simiente,
un mundo en paz, un lazo en cada frente.
No es silencio la ausencia que nos deja,
es un eco de luz que no se olvida;
su pluma es una llama que no ceja
de dar calor al alma malherida.
Al noble amigo que el óbito aleja
su herencia de bondad es la medida,
pues vive en cada verso que ha nacido
y el cielo en su honor hoy suena a latido.
@copyright

No hay comentarios:
Publicar un comentario