Inspirados en la
imagen
Maestro Leonardo.
al observar su "Última
Cena", uno no ve simplemente una comida sagrada, sino un estudio del alma
humana bajo presión. Me pregunto si, al sostener el pincel en el refectorio de
Santa María delle Grazie, sentía usted el peso de los doce destinos que se entrelazan
en esa mesa.
Lo que más conmueve no es la
divinidad de la escena, sino la humanidad de los gestos, las manos que se alzan
en negación, los hombros que se encogen con duda y ese espacio vacío, casi
eléctrico, que rodea a la figura central. Ha logrado usted que el espectador
escuche el eco de la frase "Uno de vosotros me entregará" siglos
después de haber sido pronunciada. Es, quizás, el retrato más honesto de cómo
la verdad puede sacudir los cimientos de la lealtad.
EL ECO DE LA MESA.
(Romance)
En la pared del
convento,
donde el silencio se
hospeda,
ha dibujado el
maestro
el drama de una
respuesta.
Doce rostros se
amontonan
ante una voz de luz
llena,
que ha soltado entre
los panes
una verdad que
golpea.
¡Qué estruendo de
manos vivas!
¡Qué agitación de
conciencias!
Unos preguntan con
miedo,
otros niegan con
presteza,
mientras el aire se
rompe
en esa sagrada cena,
y el traidor, entre
las sombras,
su propia culpa
encadena.
Leonardo mira y
aguarda,
con la mirada
despierta,
buscando el alma del
hombre
detrás de la forma
externa.
No pinta solo a los
santos,
pinta la duda y la
espera,
el hueco que deja el
alma
cuando el amor se
ausenta.
Queda el eco en los
pinceles,
queda la luz en la
mesa,
y un Cristo que, en
su abandono,
toda la paz nos
entrega.
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