Inspirado en la reflexión de William Shakespeare, "El
amor no mira con los ojos, sino con el alma".
No busca el amor la
forma,
ni el color del fango
o el oro,
que la luz que viste
el cuerpo
es un destello
remoto.
El amor no mira nunca
con la prisa de los
ojos,
que la vista se
equivoca
en el paisaje del
rostro.
Él prefiere andar a
ciegas,
silencioso, paso a
poco,
descifrando los
latidos
en el pecho de los
otros.
Va buscando los
secretos,
el rincón del alma
absorto,
donde no importan las
sombras,
ni las grietas, ni
los lodos.
Se encuentran dos
voluntades
en un lazo poderoso,
sin mirarse las
estatuas,
sin herirse con el
lodo.
Que los ojos solo ven
lo que el tiempo
vuelve polvo,
pero el alma ve la
esencia
y el fuego que vive
en todo.
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