Caminaba por la arena,
bajo el manto del ocaso,
con el alma en la mirada
y el suspiro en cada paso.
Se encendieron las estrellas
en el lienzo del espacio,
dibujando tu silueta
con un brillo de topacio.
No hay marea que me aleje,
ni viento que sea escaso,
si mi norte es tu sonrisa
y mi puerto es tu regazo.
Imagen de Google.

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