(Octavas Reales)
I
Tu voz despierta el eco del olvido,
en el humilde trazo de la mano,
que busca en el amor lo ya perdido
y encuentra la verdad de lo profano.
No hay versos que se queden en el nido,
si vuelan por el pecho del hermano,
que en tu palabra el tiempo se detiene,
y el corazón su pulso fiel mantiene.
II
Me tomo ahora la luna a cucharadas,
como quien busca alivio en su blancura,
en noches de pasiones desveladas
donde el silencio calma la amargura.
Son gotas de luz fría, destiladas,
que curan la nostalgia y la locura,
pues sabe el alma, en su rincón dormido,
que el tiempo sin amar es tiempo ido.
III
Los que callan el fuego en la mirada,
los que buscan la luz en el abismo,
van tejiendo su red de madrugada
con el hilo sutil del heroísmo.
No esperan de la suerte casi nada,
pues se pierden con fe dentro de sí mismo,
y en el deseo, de sombras revestido,
encuentran el refugio prometido.
IV
No calla el bardo bajo el suelo frío,
su voz es un torrente de esperanza,
que cruza por el alma como un río
y en el lector su puerto siempre alcanza.
Hoy desterramos todo el desvarío,
poniendo su verdad en la balanza,
que el verso que por siglos ha servido,
jamás se perderá por el olvido.
@copyright
Imagen de Google.

No hay comentarios:
Publicar un comentario