Soneto
Bajo el dosel de ramas y de verde
tras el sudor y el paso ya cansado
contemplo a la vaquita allí en el prado
y en su mirada el tiempo se me pierde.
Vibra una herencia que en mi pecho muerde
mi padre, aquel jinete tan osado
que conoció los campos y el ganado
memoria que en mi espíritu se acuerde.
Pura ternura en su quietud me ofrece
noble animal de dones tan sencillos
que bajo el cielo gris resplandece.
Sus ojos son de luz dos estribillos
que calman mi ansiedad cuando amanece...
¡regalo que del campo he recibido!
@copyrigth
Imagen de mi propiedad.

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