lunes, 1 de julio de 2013

LA CASA DE SHUBERTH (Narrativa)



Como cada vez comenzando el mes de noviembre, los niños salían a pedir dulces todos en grupo de acuerdo a las costumbres del vecino país adoptadas como propias, incluidas en los nombres de las personas y en muchos términos de su lenguaje cotidiano,por prácticamente todos los habitantes de la frontera Norte; Paúl, que así se llama el protagonista de este escalofriante cuento, contaba con apenas nueve años pero, a pesar de ello, era un niño de una inteligencia asombrosa para su corta edad; casi desde que tuvo uso de razón, comenzó a soñar con volar como ave por las nubes; por lo cual poco tiempo después, comenzó a coleccionar aviones juntándolos de todos tamaños, y que eran a su vez la envidia de sus amigos de la cuadra; resolviendo algo más adelante en su mente todavía infantil que, un día, habría de partir de su pueblo natal a San Antonio Texas para así poder estudiar la carrera de piloto aviador.
La Villa donde vivía por esos tiempos, era muy pequeña y era asimismo parte de un municipio situado hacia la frontera Norte del estado de Coahuila; el poblado apenas contaba con una escuela secundaria, mucho menos iba a tener una escuela de aviación; así, sin más remedio,pensó siendo un chiquillo apenas de seis, algún día tendría qué salir lejos de la pequeña población si es que en verdad quería realizar su más grande sueño.
Esa noche de brujas, Georges,su mejor amigo, pasaría por él acompañado de otros camaradas del mismo barrio;eran aproximadamente las siete de la tarde cuando, Paúl, ya desesperado por la tardanza del grupo de compañeros de juegos, se asomaba cada minuto por la ventana de su habitación la cual daba hacia un gran parque a un lado de su casa,en el momento en que, de pronto, vio a unos metros de distancia a otra palomilla de niños quienes gritaban al mismo tiempo frente a la casa de unos vecinos, al otro lado de la calle:
-¡Dulce o travesura!...-.
Más grande fue su desesperación al ver aquello a la distancia, así que verificó los últimos detalles del bulto hecho por él mismo debajo de las cobijas las cuales movió un poco, para terminar de hacerlo parecer su cuerpo acurrucado entre las sábanas dando las espaldas a la entrada del cuarto, en seguida arregló los cabellos de una peluca colocada sobre un bulto fabricado con sus pijama, y fue hasta la puerta para apagar la luz y ver por última ocasión su obra tan realista; luego,regresó hasta la ventana para, asido fuertemente de una estructura de malla sosteniendo las gruesas enredaderas las cuales rodeaban la casa, descolgarse sigilosamente hasta el jardín; una vez abajo,se dispuso ir al encuentro de sus amigos a quienes no tardó en encontrar; en cuanto estuvo con ellos,en seguida les comentó que ya era un poco tarde para ir a pedir dulces pues, otros grupos de niños se les habían adelantado; y echando de menos a Georges,quien no se encontraba entre el grupo, preguntó:
–No veo a Georges… ¿sus papás no le dieron permiso de salir a pedir dulces?...-
Y Gaetano, el mayor de ellos,les informó:
-Al parecer no lo dejaron salir pero…a mí tampoco me dieron el permiso…y me escapé…-, terminó en tono de orgullo.
Paúl por su parte, dijo:
-¡Yo también… mi madre dice que es peligroso salir esta noche pues… según ella… el diablo anda suelto!…-,aseveró causando con ello un escalofrío entre los demás chiquillos que lo oían.
Pasado el susto, Gaetano volvió a hablar dirigiéndose a Paúl:
-Pensamos que Georges estaba contigo… fuimos a su casa y nadie salió…-.
Por toda respuesta éste, les pidió que se adelantaran, él iría por su amigo; y apresurado se echó a correr rumbo a casa de Georges, no sin antes ponerse de acuerdo donde se encontrarían.
Transitando por un lugar desolado y muy oscuro, un estremecimiento se apoderó de él al sentir un viento helado recorrer su piel, y pensó para si:
“Mi Grand Mother decía que…cuando uno siente esto que acabo de sentir… es porque ha llegado el momento de nuestra propia muerte…-.
De pronto, un ruido lo dejó paralizado; al pisar las hojas secas de los árboles y oírles crujir, a la vez que una de las ramas rozaba su pantalón y un ruido extraño parecía venir desde las copas de los árboles circundantes, sintió terror y apuró más el paso, para después correr a todo lo que daban sus largas y delgadas piernas; no paró, hasta encontrarse frente a la puerta de la casa de su amigo; luego de descansar unos instantes pegando las espaldas a la puerta y viendo así que nada pasaba,más tranquilo ya se pegó del timbre sin obtener respuesta, y pensó:
“Qué extraño… tanto que me insistió Georges que saliéramos… para que nos haya dejado plantados...”
Lo curioso del asunto, era quel as luces de la casa estaban todas encendidas; inclusive los adornos de noche de brujas, todo; y desalentado, comenzó a retirarse del lugar aunque, de pronto,algo lo hizo voltear hacia la ventana del segundo piso; para su sorpresa, un pequeño le saludaba agitando su manita y él le contestó; su rostro se iluminó yse dispuso a insistir exclamando para sí mismo:
-Es Georges… lo sabía… no podía dejarme plantado…-, y regresó sobre sus pasos pero, al pegar de nuevo su  manita sobre el timbre, se dio cuenta que la puerta estaba apenas abierta; en ese momento pensó que su amigo había bajado a abrirle, y lentamente se introdujo al interior de la gran casona; primero se encaminó a la sala y se sentó a esperar a su amigo como ya tantas veces lo había hecho, más de pronto,escuchó un gran golpe; la puerta se cerró sola, haciendo un ruido ensordecedor;en seguida escuchó como daba vueltas el cerrojo, como si alguien hubiera puesto llave.
El temor lo invadió nuevamente, y un escalofrío volvió a recorrer su delgado cuerpo; con mucho temor dentro, llamó con desesperación a su amigo sin obtener respuesta alguna:
-¡Apúrate Georges… ya es tarde!... ¿en que quedamos…no que íbamos a ser puntuales… eh?...-, y siguió como armándose de valor, adentrándose al mismo tiempo en la casona:
-¡Pero ya veras en cuanto bajes… te daré unos buenos zapes… y si lloras… te meto otros más!…-, obteniendo un silencio sepulcral como respuesta.
Y, al estar frente a la recamara de su camarada, aventó la puerta antes de entrar de un salto con la clara intención de sorprenderle, dándose cuenta de inmediato que la recámara se encontraba vacía; todo estaba como si Georges no hubiera dormido ahí por largo tiempo, ni tampoco nadie hubiese entrado; el polvo cubría el piso y los muebles del lugar,con lo que las huellas de sus pequeños zapatos quedaban marcadas en el suelo; por su lado, la pequeña lámpara del buró se encontraba encendida; y pensó en seguida:
“Seguramente Paúl… me estaba queriendo jugar una broma…”
Y se dispuso a esconderse en el armario para ser él, quien sorprendiera al otro; sin hacer ruido, abrió sigilosamente la puerta y penetró dentro del viejo ropero; al cerrar desde dentro, sintió que algo helado lo sujetaba fuertemente del brazo, invitándolo al mismo tiempo a callar:
-¡Sh!...¡no hagas ruido… ella se encuentra aún aquí!...-.
Sin comprender absolutamente nada Paúl, preguntó a su amigo a qué jugaba, mas Georges, no dejaba de temblar y de sollozar quedamente, por lo cual el primero preguntó, no sin sentir cierto temor:
-¿Qué pasa Georges… estás de broma?...-.
De pronto, escuchó un ruido como de algo que se arrastraba y, al mirar por el hoyo de la chapa, pudo darse cuenta que una mujer estaba frente al armario; su piel era tan pálida, que parecía ser un fantasma; sus cabellos largos y despeinados, no dejaban apreciar muy bien las facciones de su rostro; sus manos delgadas e igualmente pálidas,temblaban al momento de sostener una cuerda de nailon entre los dedos.
Fue en ese momento cuando Paúl,sintió lo que era el verdadero terror y, temblando de miedo junto al otro, se refugiaron ambos en una esquina del oscuro lugar oliendo a humedad.
Afuera, muy a la distancia, se escuchaban los gritos de los niños pidiendo dulces a cambio de no hacer alguna travesura; cuánta razón tenía mi madre al negarme el permiso de salir, pero ya era tarde, pensó, sin embargo, ahora tenía que salir de esta. Y así sin comprender que es lo que estaba sucediendo en casa de su amigo, estiró los brazos para alcanzar un suéter, el frío que se sentía en el lugar le estaba congelando hasta la médula de los huesos, -algo muy extraño, pensó, la casa contaba con calefacción, sin embargo él sentía congelarse, al momento que sintió que algo pesado caía sobre él, se trajo una caja de metal, haciendo un ruido ensordecedor, para de pronto escuchar nuevamente el ruido de la puerta abrirse de golpe, para después ver a la misma mujer dirigirse al armario y de un fuerte golpe lo abrió.

Ellos gritaron al ver a la mujer amenazante que con el odio reflejado en su demacrado rostro, los sujetó de las manos,arrastrándolos hasta llegar a las escaleras del gran sótano, para después aventarlos al mismo y cerrar con llave la puerta. Georges, no dejaba de llorar gritando:
-¿mis padres, donde están ellos, y mi hermanita? Esta mujer los asesinó, en ese mismo momento Paúl comprendió que estaban en un grave peligro. –No recordaba haber visto a los padres de su amigo al llegar, es más ni siquiera los conocía, su amigo era quien lo visitaba cuando se daba sus escapadas al caer la noche, más de pronto, recordó que al llegar vio el coche y la camioneta estacionados en el pórtico dela casa. Por cierto, cubiertos de polvo, al igual que la recamara del amigo –En ese momento se le ocurrió un plan, - levántate Georges, se me ha ocurrido un plan.

Y como pudieron trataron de llamar la atención de la mujer, para hacerla venir, y se pusieron a gritar a todo lo que daba su  pequeña garganta, sin conseguirlo. Así pasó un par de horas cuando de pronto,escucharon un fuerte ruido que provenía de arriba, al momento que la mujer aventaba un pequeño bulto que rodó por las escaleras, ellos, gritaron de miedo al ver que se trataba de su amigo Gaetano, es el cadáver de Tano, como le decían ellos. Se dijeron entre sí.

Al momento que escucharon un fuerte grito que provenía de afuera, la mujer llamaba a su hijo, en un lamentable grito, que logró hacer eco en la gran casona. Y por las palabras que alcanzaron a escuchar,se refería a su hijo muerto.
¡Mi hijoooo!
Paúl, buscó la manera de escapar, husmeando por todo el sótano. Más era imposible, la única y diminuta ventana que veía, estaba rodeada de una reja de hierro, no creía tener la fuerza para derribarla, buscó a su alrededor algo en qué trepar, más de pronto sus azules ojos se posaron sobre un viejo baúl, y dirigiéndose a el, olvidó de pronto la única esperanza de escapar del tétrico lugar. Limpió con un pedazo de tela envejecida por el tiempo, el polvo del viejo baúl, y al ir abriéndolo lentamente se dio cuenta que estaba lleno de fotografías de la familia, comenzó a contemplar una a una, en ellas había fotografías de la hermanita de su amigo,y por medio de ellas fue conociendo a los padres de Georges, a lo cual solo conocía hasta ese día, pequeños detalles cuando su amigo le hablaba de ellos,Había llegado a quererle a pesar de que era algo taciturno, Georges lo había recibido al llegar al barrio hacía ya un año, y desde entonces no dejaba de visitarlo.

Más de pronto sus ojos se detuvieron en una delas fotografías. Ella tenía que ser la madre de su amigo, lo tenía cargado en sus brazos. Si, era ella, no comprendía el por que esa mujer le parecía conocida. Quizá algún día la había visto cuando llevaba a su casa a Georges, y de pronto un escalofriante grito lo hizo reaccionar. Guardó rápidamente las fotografías para correr hacia las escaleras y escuchar con claridad, que es lo que la mujer después del gran grito murmuraba, como si rezara, pero en otro idioma que él desconocía.

De pronto, el silencio de la noche se dejó escuchar. Y claramente Paúl, escucho gritos que provenían de afuera de la gran casona, eran sus amigos que los llamaban por su nombre, para con rapidez arrastrar con la ayuda de Tano, quien en ese momento se estaba incorporando poco a poco. La mujer lo había encontrando merodeando la casa buscando a sus amigos, que al ver que no llegaban, decidió ir en su busca.

Y trepando al baúl se asomó a la pequeña ventana para a la vez gritar a sus amigos en petición de auxilio, más fue en vano. Ellos, se encontraban retirados, del otro lado del sótano, había sido imposible su gran esfuerzo.

En eso, se dejaron escuchar a lo lejos las sirenas de algunas patrullas que no pararon de hacer ruido hasta postrarse frente a la gran casona. Y derribando la puerta penetraron con armas en mano,unos oficiales en busca de los muchachos, los cuales gritaban jubilosos de saberse rescatados de la peligrosa mujer, que ya uno de ellos llevaba esposada por delante. Fue en ese mismo instante que Paúl y Gaetano, repararon en la ausencia de su amigo. Georges, que no encontraron por ningún lado.

Ya en la delegación de policía y abrazados de sus padres se sintieron seguros , y muy arrepentido de haber desobedecido a su madre Paúl, les pidió perdón, muy arrepentido, nunca más los desobedecería. Esa mala experiencia, no la olvidaría en toda su vida, más lo que escucharon de los labios de la misteriosa mujer los dejó helados.

Y en ese momento Paúl, se dio cuenta que la demacrada y desquiciada mujer era nada más, ni nada menos que la mujer de la fotografía, quién precisamente tenía cargado en brazos a su amigo Georges.

Hacía un año, la pobre mujer había perdido a su esposo e hijos en un accidente automovilístico, cuando en esas fechas de Halloween se dirigían a pasar unas merecidas vacaciones al Sur del País, cuando intempestivamente un trailer los arremetió, perdiendo la vida todos sus miembros, a lo cual solo ella se había salvado. Y no queriendo aceptar la realidad y perdiendo la razón había acudido a la guija con lo cual había logrado traer la presencia de un ente venido de ultratumba, el fantasma de Georges Schuberth. Ya nada era igual para él, cuanto lo extrañaba al caer la noche, Georges era su confidente, al cual le contaba sus grande sueños, nunca logró olvidar a su gran amigo y aunque habían pasado los años, y él se había convertido en un gran piloto aviador le recordaba con cariño, al paso del tiempo había invertido sus ahorros en “La Casa de Schuberth”, como se apellidaba su gran e inseparable amigo.
Y en la cual vivió muy feliz alado de su bella esposa. Contaban sus compañeros, que siempre le veían a su lado, aún al paso de los años, el fantasma estuvo presente en su graduación, aunque él nunca más volvió a verle. Lo que si recuerda bien, es que en una ocasión,después de una noche de juerga y sin haber dormido, el avión se desplomó cuando hacía sus prácticas y fue, precisamente Georges quién le despertó, salvándole la vida.
FIN.

Autora: Ma Gloria Carreón Zapata
Edición Literaria: Miguel Valdés.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

MAMÁ

Torrente de ternura pilastra mi morada me mimas con dulzura divina madre amada Tus ojos y mirada tus manos tu sonrisa ...