martes, 2 de julio de 2013

LA CELDA DEL DIABLO (Narrativa)












Tenía rato que había entrado la noche y, Pedro, quien practicaba la levitación, daba vueltas en la cama de la horrible y pestilente celda; estaba inquieto y no podía dormir a pesar de sentirse fatigado y somnoliento; llevaba ya tiempo sin poder pegar los ojos debido al terror que lo invadía sólo de pensar en lo que vendría llegado el momento.

Desde hacía un par de semanas, la pesadilla comenzaba arribando justo la media noche; dando la hora, veía una sombra pequeña ante sus ojos de más o menos medio metro de altura, seguida de un gato enorme de color negro que se acercaba a él poco a poco haciendo un sutil pero tenebroso ruido demoníaco, como paladeando el momento.

A pesar del terror que lo invadía, eso al parecer lo hipnotizaba; al ver y escuchar aquello, se quedaba profundamente dormido en contra de su voluntad; al amanecer, veía en su abdomen y su pecho grandes arañazos que le indicaban que la pesadilla era algo real.

Una noche puso todo su empeño y pudo vencer el sueño que le provocaba esa especie de ronroneo infernal y, de esa manera, visiblemente atolondrado, pudo ver cómo el gigantesco gato trepaba a su pecho haciendo el gutural sonido.

Aterrorizado quiso huir saliendo de su cuerpo, más al llegar a la diminuta ventana, sintió que su alma se la llevaba el viento y sintió temor de morir; fue como decidió volver.

Al siguiente día le platicó a su compañero de celda, quien incrédulo a lo que escuchaba, decidió velar para verificar si Pedro le decía la verdad, o se tratara de una simple broma.

Al llegar la hora, Pedro como cada noche, se quedó hipnotizado perdiendo la noción de tiempo y espacio; su compañero, fastidiado al ver que aparentemente nada pasaba, se durmió; de pronto, poco después, sintió un peso enorme en su tórax; se trataba de dos gatos negros que peleaban encima de él; al momento quiso gritarle a Pedro pero, al voltear, vio que aquél estaba inconsciente y sólo hacia un ruido que le aterrorizó, y que no le permitió mover un sólo músculo.

Al narrar a los demás compañeros del reclusorio lo ocurrido, estos les informaron que antes de llegar ellos, un hombre quien habitaba la misma celda tenía pacto con el demonio; que además, hacia rituales a favor del mismo, y tenía estampada la imagen de Satanás en la pared de la celda, la cual fue borrada al morir aquél inquilino.

Fue entonces que Pedro buscó la ayuda de Dios y, así, a la hora cuando nuevamente apareció la sombra y el endemoniado gato, se puso a rezar en pos de ayuda ante la mirada incrédula de su compañero, quien era ateo.


Fue de esa manera que logró salvar su alma y su vida pues, esa misma madrugada, escuchó un terrorífico grito que le hizo erizar la piel; al incorporarse vio cómo dos enormes gatos negros, descuartizaban y se tragaban al compañero de celda.

Autora: Ma Gloria Carreón Zapata
Edición Literaria: Miguel Valdés.
Imagen tomada de web.

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