jueves, 3 de abril de 2014

MORIR POR TU AMOR




Que dicha tan grande
sería morir en tus brazos,
sucumbir por este amor que disloca
mis pensamientos sacros.

Si, que placer, que gozo
sería morir contemplando tus amielados ojos;
esa dulzura que un día, me hizo perder la calma,
la cual llevo grabada por siempre en mi alma.

Morir así sería mi más grande utopía,
en tus brazos y contemplando tu dulce rostro;
y esa tu mirada que aún me tiene hechizada,
fundirme en ella para llevarla conmigo al nirvana.

Morir por tu amor que dicha sería,
entregarte mi vida en voto a nuestra alegría,
de esta pasión tan grande
como no existe en la vida,
un amor que se ha clavado
y que estoy segura, nunca cerrará la herida.

Por lo tanto pienso, que dicha tan grande la mía
el haberme alimentado de tu mies
el amarte tanto, por eso.
¡Mil veces morir que ir por la vida
con el silencio en mis labios
y el corazón vencido!
Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

TIRSO Y SATURIA





Amándonos libremente, cobijados con el inmenso manto estrellado, Carlos y yo hacíamos planes para desposarnos en poco tiempo; ya que teníamos cinco años de relación, y nos amábamos tanto que no podíamos vivir más tiempo separados. Yo le acariciaba y besaba sus grandes ojos color marrón que tanto me gustaban, y esa, su mirada tan profunda que me hacía temblar al contemplarle; tanto que su sonrisa me incitaba al beso más ardiente; de pronto, me tomó de la mano y mirándome fijamente en un leve susurro me habló en su acostumbrado tono.
-- ¿Amor, Isaura, puedes contemplar la inmensidad de agua que tienen los océanos? Tal es ilimitado este amor que por ti siento, y no es de ahora no, este amor que siento por ti, me dijo, sigue vivo a través de los siglos. Recuerda que en épocas atrás juramos amarnos hasta más allá de la muerte, ¿acaso no lo recuerdas vida mía? Y dentro de mi, sentí el corazón desbordar de gozo, y al latir apresuradamente, dejó escapar un suspiro sumiéndome en un éxtasis indecible, entre lo real y lo fantástico.
De pronto me vi salir de una gran pirámide, seguida por tres mujeres indígenas ataviadas con ropajes largos, en lo que yo vestía un lujoso y diminuto traje diseñado con caracoles vivos, sentí pavor; cuando a mi espalda escuché de pronto la voz de una de ellas...-- no tema son doce, estos caracoles que cargo en este frasco al igual vivos están, como aquél amor que Tirso y usted se profesaron aquel día. Sin poder comprender aquellas palabras seguí andando hasta llegar a un enorme patio, el cual tenía en la parte de en medio unos códigos desconocidos para mi, por lo cual me fue imposible descifrar.
Al llegar me incliné de rodillas, posando mi rostro sobre la madre tierra, y pude escuchar claramente sus gemidos, si, como si se lamentara, me puse de pie consternada, sin decir una sola palabra de lo que había escuchado, de todas formas, me hubiesen juzgado loca, nadie me creería. Comencé a danzar con el rostro mirando hacia el cielo y mis brazos extendidos, al momento que se dejó escuchar a los presentes un canto de alabanza, y a la vez que se unió a nosotras un grupo de hombres vestidos de negro gritando...-- TOUDAH, TOUDAH, para luego concluida la danza, comenzar el ritual al astro Rey. La misma mujer que llevaba el frasco, se me acercó y destapando el mismo, iba depositando de uno en uno los caracoles en mi mano derecha, al levantar mi brazo para arrojarlos  al astro rey en señal de ofrenda, vi como mi brazo se convertía en una gran antorcha, más no dejé de seguir lanzando cada uno de ellos en medio de una gran algarabía.
En lo que los hombres a la vez se inclinaban y clamaban... --¡Hija del sol, es la hija del sol! Para nuevamente comenzar a danzar formando un gran circulo en el cual quedé atrapada.
Concluido el ritual, me dirigí hacia otra de las pirámides que se encontraba frente al gran patio ceremonial, seguida de las mujeres, al entrar, quedé horrorizada. Dentro del lugar, se encontraban algunas mujeres leprosas, y una mujer tomaba de los cabellos a su acompañante tirándola por el suelo, la cual rodó escalones abajo, no me pude contener y en contra de mi voluntad lancé un grito atemorizada, mismo que las hizo voltear hacia la entrada. A verme estiraban sus manos en señal de súplica, gimiendo, no pude soportar más y salí corriendo. Eso fue lo que me hizo despertar de la alucinación.
Después al abrir los ojos Carlos, me miraba fijamente como si estuviera viendo un fantasma, no supe en ese instante explicarme la sensación extraña que me hizo sentir, solo supe que le amaba, con un amor profundo.
Posteriormente la tierra comenzó a temblar, él me abrazó tan fuerte que al caer por el mismo movimiento rodamos sin soltarnos, y un calor abrazador nos consumía al roce de nuestros cuerpos, al momento en que intenté levantarme para auxiliarlo ya que un pedazo de muro caía por su cuerpo, grité pidiendo auxilio más solo un gran silencio nos acompañaba. Y al acercarme nuevamente a él, vi con dolor como murmurando me decía.
...- amor mío, te espero más allá de la misma muerte...,  grité dirigiéndome al Eterno ¿por qué, por qué me privaba nuevamente de la tan ansiada felicidad?, loca de dolor me volví, me desgarré las ropas, arañé mi cuerpo ante la impotencia de no poder hacer nada. Mi amor, mi gran amor partía hacia el más allá y yo, loca de dolor me aferré a su cuerpo que aun tibio se encontraba.
Me puse de pie, salí corriendo y al hacerlo tropecé con una gran roca que se encontraba a la salida de la puerta deteniendo un pequeño macetero, al momento que intenté levantarme, mis manos tocaron algo extraño en el suelo, limpié el polvo que cubría algo que parecía una pequeña puerta, con una tapa de hierro oxidado, intenté levantarla, pero me fue imposible, regresé al interior de la casa, dirigiéndome al cuarto de herramientas, del cual extraje, un fierro que usaba el jardinero para excavar en el jardín, y lo metí en medio del acero y poco a poco logré levantar la tapa, pero, no podía creer lo que mis ojos miraban, ¡un pasadizo! me introduje lentamente arrastrando mi delgado cuerpo, al momento recordé que, había olvidado la lámpara, de nuevo corrí a todo lo que daban mis delgadas piernas, para nuevamente intentar entrar, ya adentro, todo estaba lleno de polvo cubierto con grandes telarañas, en el mismo instante en que sentí familiar ese sitio, si, ya había estado ahí anteriormente, pero, ¿cuando? si yo desconocía ese lugar, aunque me pareciera familiar.
Algo que colgaba en la gran pared, me llamó la atención, un enorme cuadro coloreado a mano del siglo XV, en el cual tenía grabado el año de 1868, me fui acercando poco a poco hacia el, y grande fue mi sorpresa, mi amado Carlos  y yo, eramos los de la fotografía, en la cual más abajo apenas pude leer unas diminutas letras con los nombres de Tirzo y Saturia, en el mismo instante en que vi en un viejo mueble un pequeño frasco el cual contenía algo de liquido, y lo tomé entre mis manos, aun ignorando de que se trataba, y corrí hacia el cadáver de mi amado, sin el no me importaba la vida. Acomodándome a su lado, para luego beber hasta la última gota del mortal liquido; afuera escuché como la lluvia comenzaba a caer sobre el tejado, al momento en que pegué mis labios a los de Carlos, murmurándole al oído...-- " Mi amor, nos encontraremos en la siguiente vida" Más allá de la misma muerte.
Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Derecho de autor 1204100589178

AMOR INAGOTABLE




Sorpresivamente hojeando el periódico, mis ojos se quedaron sin parpadeo al leer la noticia del día, TU FAMA AMOR, con letras mayúsculas, que decía...
"EL FAMOSO ESCRITOR"... que alegría sentí en ese momento, era tanto el amor y la admiración que sentía por ti, que lo repasé no sé cuantas veces hasta quedarme profundamente dormida con el papel abrazado.
Soñé amor que a tu lado caminaba subiendo la cuesta de un cerro, más tú, indiferente a mi presencia seguías andando lentamente como un sonámbulo con la mirada perdida, no pude evitar que la piel se erizara, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, al sospechar tus descabelladas intenciones. Tu mirada te había delatado, y sin desviarla me di cuenta que llevabas tus ojos puestos hacia un precipicio, y por más que quise llamar tu atención, fue imposible.
Al llegar al final, me hiciste a un lado, más yo me aferré a tu camisa, y al resbalar caí a lo profundo de aquel abismo, lo último que escuché de tus labios fue, que pronunciaste mi nombre que se fue haciendo eco conforme caía, y aquel grito desgarrador me hizo volver de aquella horrenda zozobra. Más al abrir mis ojos me llevé una gran sorpresa, mis manos apretaban con fuerza aquel pedazo de tu camisa, y el botón aún venía prendido del ojal.
Por unos segundos, creí estar dentro de aquella pesadilla hasta que reaccioné, y de un brinco me levanté de la cama y corrí al teléfono, de lo nerviosa que me sentía, no lograba recordar tu número, y al intentarlo varias veces al fin el contestador logró repetir un..."Me encuentro de viaje, por favor deja tu mensaje y a mi regreso te devuelvo la llamada", en ese momento me sentí tranquila de escuchar tu voz por unos segundos, ...-¿qué habrá pasado? de pronto se me ocurrió marcarle a uno de tus mejores amigos pero no, es mejor ir a verle personalmente, me dije, colgándome aquella gabardina beige que tanto te gusta, salí apresurada sin sentir el frío de aquella mañana del crudo invierno, mis ojos no dejaban de derramar lagrimas de dolor, no se el porqué presentía que algo malo estaba sucediendo. Al llegar al departamento de Gonzalo, subí los escalones a grandes zancadas hasta detenerme en el número novecientos diez y nueve.
-Es aquí, lo recuerdo muy bien, me repetí a mi misma, y tocando fuertemente a punto de echar abajo la puerta, escuché tras de la misma a un hombre que por la voz, me pareció tener la edad de un anciano que ya rebasaba los noventa años ¿o acaso cien?
El cual muy sorprendido, abrió la vieja puerta lentamente que no dejaba de hacer un chirrido como queriendo se me venir encima; me miró de arriba abajo, y efectivamente, con una voz cavernosa se dirigió a mi, interrogándome.
- Busco a Gonzalo Montemayor, señor, le insistí, es muy urgente comunicarme con él, haga el favor de llamarlo, dígale por favor que Luisa Del Llano lo busca, que me urge hablarle. El hombre con una sonrisa burlona en su rostro y sus ojos que a pesar de la edad tenían el brillo de un adolescente, me invitó a pasar, señalándome un antiguo y polvoriento sofá a punto de derribarse, pero yo, haciendo caso omiso me quedé de pié, no sin agradecerle sus atenciones, el hombre se quedó callado por unos segundos para después, dejar ver su boca desdentada, de forma extraña volvió a repetir mi nombre entre silabas de manera interrogante.

-¿Lui-sa del Lla-no?... que coincidencia Señorita, hace muchos años tuve un amigo, mi mejor amigo.
Yo le interrumpí desesperada, insisto señor, el anciano estiró su mano en señal de saludo no sin antes disculparse por no haberlo hecho antes.
-- Disculpe usted señorita, mi nombre es Gonzalo Montemayor, no pude impedir que un escalofrío recorriera mi cuerpo, me quedé mirándole fijamente por unos segundos, más no intenté reconocerle,...debe haber un error Sr. Gonzalo, dirigiéndome a él; me dejé caer en el antiguo sofá, yo busco a Gonzalo Montemayor Zárate, y él hombre asintiendo con la cabeza y sin dejar de sonreír me contestó de forma contundente.
-Yo soy esa persona que busca, más yo no le recuerdo a usted, no creo conocerle, nunca en mi vida le había visto se lo aseguro, más sin embargo su nombre si me es conocido, pero no puede ser posible, me dijo, ellos no lograron procrear ningún hijo antes de morir, y sin dejar de hablar.
El hombre se puso de pié, y dirigiéndose muy lentamente sin dejar de arrastrar sus cansados pies a un antiguo mueble de madera, del cual sacó unas amarillentas y viejas fotografías, regresó a sentarse junto a mi, para mi sorpresa me mostró la fotografía de mi amado Antonio, en lo que no logré evitar alzar la voz de la emoción,...--si, si, es Antonio, mi amado Antonio, le repetí muy emocionada, ...pero, el viejo sin comprender nada, y con la piel tan trasparente como la del papel, que más bien se asemejaba a la de un cadáver, y sus ojos a punto de salirse de sus órbitas, de manera incrédula me dijo en voz alta.
-¿Pero usted esta loca? -como es que ha conocido a Antonio si él falleció hace muchísimos años, levanté mi mano izquierda mostrándole una argolla de matrimonio, la cual tenía grabada nuestros nombres, efectivamente, la esposa de Antonio que fue mi mejor amigo se llamó en vida Luisa del Llano.
-¿Ve? yo soy Luisa Del Llano Durán, la esposa de Antonio, el terror se reflejó en los ojos de aquel pobre anciano, y más aún al ver el pedazo de camisa con uno de los botones, que ella le mostraba.
Esa era la parte de la vestidura que hacía falta cuando se identificaron los cuerpos, sin hacer ningún comentario al respecto, ya sin comprender nada ninguno de los dos y después de tragar saliva siguió aquel viejo hablando sin dejar de mirarla, sus ojos reflejaban el miedo que en esos momentos recorría su esquelético cuerpo, para después proseguir.

Aún recuerdo como si hubiera sido ayer, Antonio me anunció de su viaje al extranjero, y estaba muy contento, los periódicos no hablaban más que de él, una de sus obras literarias le había dado la fama, "Waldina", la novela que le llevó al éxito, y junto a su amada Luisa, el único amor de su vida recorrerían varios países en la presentación de la obra; pero, se detuvo por unos minutos, el llanto no lo dejaba seguir hablando, y entre suspiros y sollozos le narró a Luisa del lamentable deceso, pero efectivamente, él mismo les había regalado la argolla de matrimonio el día de la boda, por eso fue que de inmediato la reconoció, era tan grande el amor que se profesaban, siguió... que siempre juraron que se amarían por toda la eternidad y aún en le más allá. Un grito desgarrador se dejó escuchar, interrumpiendo las ultimas palabras del viejo, ante la insólita historia narrada.
Un sepulcral silencio invadió el ambiente, tratando de comprender esta aterradora historia, de nuevo el viejo trajo las pasadas remembranzas de aquella época de estudiantes.

Antonio y él fueron compañeros en la secundaria, Tony como así le decía él comenzaba a escribir canciones para los grupos de la época, era un joven mucho muy honesto y trabajador, en sus ratos libres prestaba sus servicios en una pequeña librería del pueblo, huérfano de padre, tenía que aportar dinero a casa ya que Vivían de una modesta pensión que les había dejado Don Mauricio, su padre al morir, pero se había disparado aquella crisis económica en el país y era imposible sacar adelante los estudios de él y sus dos hermanos, Lalo y Rafael un par de años menores que él, y sí que no le quedaba mucho tiempo para escribir, solo en el rato en que le dejaban los clientes de la librería.
Una tarde lluviosa del mes de mayo, vio entrar a una chica de tez blanca, y de abundante cabellera de color negro azabache, lacio, sus ojos acuosos reflejaban la tristeza personalizada, y dirigiéndose a él le habló con cierto nerviosismo.
-Busco el libro de Benito Perez Galdos,
-¿lo tienen, Marianela, sabe? me lo han recomendado como muy bueno. En lo que él, embobado al ver tanta belleza en esa chica de diminuta y frágil figura, simplemente asintió con la cabeza, no logró pronunciar palabra, después de envolver el libro en papel estraza le dijo entre silabas,
-esta, muy bueno, estoy seguro que será de su agrado.
Sin decir más la joven pagó el libro y salió apresurada del lugar, pero Antonio corrió tras ella al darse cuenta de que había olvidado un pequeño pañuelo de color rosa en el mostrador.
-Señorita, señorita y al alcanzarla pudo ver a la luz del sol como del rostro de la chica desprendía un halo de cierta melancolía, y al sonreírle de manera de agradecimiento, en ese mismo instante Antonio quedó totalmente enamorado de esa extraña joven que ni siquiera conocía, ella le dio la mano en señal de agradecimiento, musitando muy apenas con una voz angelical.

-Luisa, Luisa Del Llano, para servirle, mientras él, con cara de quien ha visto un fantasma se quedó parado hasta ver como ella se perdía en la distancia, no supo cuanto tiempo se quedó parado como si estuviera hipnotizado, hasta que un niño que pasaba por ahí lo haló de la camisa para comunicarle que le llamaban en la librería, desde ese día no dejó de pensar en la chica del pañuelo rosa.
Y esa misma noche Antonio me buscó, siguió narrando Gonzalo, con el rostro desencajado… para contarme que se había enamorado de una hermosa chica y que a pesar de que el pueblo de Texcoco era pequeño nunca en su vida la había visto antes, y claro así fue, respondió Luisa.
- yo tenía apenas unos días de haber llegado de Sonoita, el lugar donde nací pero nunca imaginé siquiera que el destino o Dios, que sé yo, me deparaban esa bella sorpresa, desde el mismo instante en que yo le vi. Mi corazón dio un vuelco a mil por hora dándome cuenta que Antonio era el amor de mi vida, mi alma gemela, contestó Luisa, y en su rostro se veía reflejada una gran tristeza, más el viejo nada entendía de lo que estaba ocurriendo. En ese momento, Luisa se puso de pié.
Ya sin saber que hacer ni que decir al respecto se despidió del anciano y muy desilusionada se dirigió hacia la puerta, al llegar a la entrada volteó y guiñándole un ojo le dijo con una sonrisa forzada.
-“Cuando el Nilo se seque veras florecer el romanticismo”. El hombre que a duras penas caminaba tras ella para acompañarla a la salida, sintió como que le lanzaban un cubetazo de agua fría en el rostro, no había duda, el guiño y esas mismas palabras pronunciaba ella cada que se despedían, sin comprender que era lo que en realidad estaba pasando se aferró de un mueble que estaba cerca para no caer de la impresión, sintió que el alma se le salía del cuerpo, y por un buen rato siguió mirando la fotografía de Antonio que traía en su mano, que casi estaba seguro le sonreía y que a pesar de lo amarillento de la fotografía, pudo distinguir un luminoso brillo en la mirada. Para luego pronunciar una cuantas palabras…
-¿Que está pasando Antonio, no logro comprender nada, quien es esa mujer, que sabe todo de nuestras vidas?.
Fin.
Autora: Ma Gloria Carreón Zapata
Derecho de autor 1204100589178

EL VALOR DE LA AMISTAD




¿Que vale más que el sentimiento, una cara o un cuerpo? 
¿Entonces porqué dicen que nuestra amistad es virtual? 
Si te siento cerca, cuando juntas lloramos de alegría o dolor, si triste estas,
y tan solo nos separa el monitor, si nos entregamos a diario el corazón, con palabras de aliento, felicitación o saludo, o un sencillo clik, para hacerte saber que me encuentro cerca de ti. 
¿Es que acaso la gente no sabe distinguir? 
Cuando plasmo en mis versos mi sentir, Amiga, amigo.
La amistad para mi, es un tesoro valioso, es por eso que los llevo en lo profundo de mi ser, si sufren sufro al igual y si ríen mi alma salta de gozo, no importa la distancia, porque nos queremos y estamos tan cerca de un clik. 
Para decirte amiga, amigo, gracias por brindarme tu amistad, y muy bendecida me siento al conocerte, que no necesito verte ni tocarte, cuando en lontananza puedo abrazar tu alma, y enviarte un cálido abrazo con el viento.
Bendita sea nuestra sincera amistad.

LA MUJER QUE YO ADMIRO






Una mujer independientemente de ser ama de casa tiene el don de transformar su vida, aunque no siempre es valorada. La mujer es quien lleva las riendas de una morada, sin ella el hogar no sería un hogar ya que es ella quien brinda calidez y armonía a su familia. Esta vez  no escribiré sobre mujeres ilustres, no, escribiré sobre la eminente mujer, la que permanece en el anonimato, la mujer sacrificada, la mujer sumisa, dócil porque de esa forma fue educada por sus progenitores. La mujer que por conservar su hogar y dar un buen ejemplo a sus hijos  permanece callada  soportando humillaciones y maltratos tanto físicos y psicológicos, en algunos casos. 
En espera de que sus hijos crezcan y así poder liberarse de yugos. Esta mujer, aparte de ser madre es medico pediatra, profesora, psicología, abogada, psiquiatra tiene un sinfín de profesiones y oficios, no reconocidos. En ocasiones sin tener una preparación académica guía a sus hijos en las tareas escolares aprendiendo junto con ellos, logrando con la constancia y dedicación sobresalientes profesionistas.
 Ella la que haciendo a un lado banalidades, no tiene manos suaves y bonitas, la que no viste a la moda, la que no acostumbra los salones de belleza, ni sabe maquillar su rostro, ni mucho menos derrocha en perfumes caros, la que no tiene coche del año, y que para ella, es más importante el conservar ese dinero para la educación sus hijos, esta mujer es la que yo admiro. 
La mujer abnegada, que prefiere vivir a la opacidad del marido  que salir atrabajar ocho horas diarias fuera de casa; por un mísero salario, que apenas si le alcanza para su transporte, la que prefiere economizar lo que su marido le lleva y estar al pendiente de sus hijos, poniendo en una balanza el amor y el tiempo de calidad que brinda a su familia, haciendo magia en lo poco, porque es una mujer mágica, que todo lo transforma y hace rendir, y muchas veces sacrifica sueños y hasta su propio apetito, con tal de ver satisfechos a sus hijos. En algunas ocasiones si por desgracia llega a quedar viuda  es capaz de sacar a sus hijos adelante, y de mucho más, demostrando su fortaleza, inteligencia y valentía. Esa mujer es mi madre.
Autora: Ma Gloria Carreón Zapata.
Fotografía, mi madre Waldina Zapata H.

BEBIENDO TU RECUERDO




Las lágrimas que derramaste un día
adheridas las llevo en mi retina
mis ojos que ahora son tus ojos
las  beben gota a gota cada día.

Te observo en la penumbra
transformado en ser de luz
y digito esa tu sonrisa con donaire,
a mi alma marchita que florece
en un mundo de perpetuas primaveras.

Y me bebí tus lagrimas
y me adherí a tu piel
como tentáculo que hecha raíces en el corazón
renaciendo en un verde esperanza cada mañana.

Y me bebí tu aroma
aquellas garatusas que en tus brazos
devolvieron dicha dejando atrás la agonía
bebiéndonos las sales de la sábula
que dejó aquel verano consagrado en mi memoria.

Y te preciso todo
cuando mi cuerpo reclama cada beso de tu boca
cierro mis ojos y me bebo extenuada tu recuerdo.


Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

REMEMBRANZAS DE AMOR




Cierro mis ojos y percibo los frescos aromas de la bienaventurada primavera;  a mi mente acuden las imágenes en que juntos ascendimos por aquella frondosa cordillera, al bajar, mis pies resbalaban y yo tenía temor de caer pero tú me tomabas entre tus brazos invitándome a seguir paso a paso, y con tu apoyo seguí adelante, al llegar a nuestro destino te recostaste sobre el pasto, extenuado, en lo que yo, no me cansaba de contemplar tu barbado rostro, tus ojos, esos tus lindos ojos que tanto me gusta contemplar, por que en ellos, veo reflejada la ternura que en tu alma anida, ese brillo celestial que he encontrado en ellos me dicen que eres mi fisión, recuerdo que me acomodé a tu lado deseando que ese día se quedara en nuestro recuerdo para siempre. Amor, aquel verdinegro paisaje, ese  fresco olor a hierba, sano como nuestro cariño, el sonido de las hojas que crujían y las ramas que al moverse melodiosas espantaban a las aves que al darse cuenta de nuestra presencia comenzaban a entonar melodiosas notas en honor a nuestra adoración, era en ese momento que comenzaban a danzar de rama en rama, en lo que el viento ululaba a la par y comenzaba a cantar..."Dos poetas le cantan al amor" ahora se encuentran aquí, en Villas del carbón.
Y el murmullo del agua, de aquel majestuoso río al correr, se llevaba  para siempre el juramento de nuestro gran amor y lo depositaba en la profundidad donde las piedras que arrastraba la corriente, melodiosas daban gloria a Dios.

Ese atardecer, parte de mi alma quedó para siempre sepultada entre la espesura de la gran cima, y fue en ese momento en que brotó el gran afecto por tu bendito linaje que nos acompañaba, en lo que nuestras bocas esa misma tarde, se profesaban un gran cariño, una pasión sin igual, un amor entregado, desinteresado, pulcro y cristalino como el mismo cielo azur , que de lejos nos cubría de bendiciones, esa tarde amor me sentí la mujer más feliz del planeta, y hoy añorando esa víspera florecida ruego al cielo pronto poder estar a tu lado nuevamente, para nunca más volver a separarme de ti.


Más hoy en esta fecha, y sin lograr contener las lagrimas de tanta felicidad mi memoria ha vuelto a evocar esta parte de nuestra gran historia de amor, capturada para siempre en mi alma de mujer enamorada.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.


LECCIÓN DE VIDA (Narrativa, sin editar)






Aquella tarde de álgido invierno; en que la naturaleza nos obsequia el bello y nostálgico paisaje, y las hojas teñidas de ocre, van cayendo poco a poco de sus tallos hasta formar la gruesa alfombra de hojarasca.
Me sumergí en la melancolía, aislándome del mundo por entero, pensando en la distancia que me desconectaba de mi amado físicamente. Y mi rostro plañido de rocío, no pudo evitar dejar de sentir el desconsuelo; en lo que un pequeño gato maullaba al compás de mi agonía. Más de pronto, yo que no soy aficionada a los animales, me asomé por la ventana para ver de donde provenían esos terroríficos maullidos, el, seguía maullando lastimosamente, como queriendo comprender el dolor que esa víspera me estrujaba.

 Me acomodé al calor de la chimenea en un viejo sofá, hojeando un viejo libro de rimas, prosas y leyendas, recordando al gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer. La Corza Blanca, una de sus leyendas. Naufragué en el más temible misterio. Donde la protagonista se transforma de noche en el citado animal, de pronto, un escalofrío invadió mi alma, al sentir que algo rosaba sobre mis piernas, no pude evitar pegar tremendo susto, era un gigantesco gato de color blanco, que se acomodaba a mi lado, en lo que yo de inmediato reaccioné de forma agresiva, sacándome la pantufla, para darle con ella. Más todo quedó en el intento, ya que mi hija, al escuchar mis gritos,  bajó corriendo y gritando desaforada. - Nooo, mamá-..., ¿ por qué le peguas, ella no hace nada?, es kiki, siguió hablando en lo que se alejaba con la gata en brazos, ya la había adoptado como de ella. Pero más tardó en retirarla de mi, que la gata en escaparse para regresar a mi lado nuevamente, y de un saltó caer sobre mi regazo, paralizándome del miedo que me producían esos animales, sintiendo que todo mi cuerpo se cubría del pelo del animal, para luego iniciar un vals de estornudos.

 Me encaminé hacia la alcoba de mi hija, para tomar prestado su ordenador ya que el mío se había averidado; y ella, a esas horas se encontraba en la universidad. En eso, sentí que la gata, de una gran pirueta trepaba hacia mi cuello, sin parar de ronronear, paralizándome para después, pegar tremendo clamor horrorizada. -¿Un gato arriba de mi?, -¡que horrooor!- sin pensar la tomé de los pelos y la aventé algunos metros, sin dejar de pensar en la leyenda de Bécquer.

Apresurad amente me dirigí a la entrada, y de un fuerte portazo, coloqué linea divisoria entre ese monstruo y yo. Al escuchar de nuevo un fuerte golpe en el pórtico.  Me precipité a espiar, pensando que era un intruso o tal vez un invitado de la kiki. Más mi suposición fue errónea, al ver entrar a mi hija Ariadna por la puerta principal, muy sonriente, haciendo mimos a la gata antes que a mi, a la vez que me acerqué amenazante ante la presencia de kiki. Y de un grito histérico provoqué temor entre las dos. -¡no quiero a este animal en casa!-, y dirigiéndome al teléfono que en ese momento interrumpía, levanté el auricular sin deseos de iniciar ninguna charla.

De aquél lado de la linea escuché una voz de mujer, que muy amablemente me comunicaba. -Señora, su cita era para este día y usted no se presentó- agradecí el recordatorio y colgué,si, había perdido la cita al doctor, bueno ya la sacaría nuevamente, me dije, ahora lo importante era sacar a ese pequeño engendro, a como diera lugar, lejos de casa.

En esa misma semana me presenté al doctor; que ya tenía el diagnostico del laboratorio, para luego extenderme otras ordenes más de radiografía y un ecosonograma. Así fue como deambulé por el hospital por algunos días, hasta obtener una respuesta a mis estudios. Cuando menos estaba descansando de kiki, murmuré entre dientes. El Doctor de medicina general, me informó esa misma tarde su diagnostico...-"Hipertiroidismo"- que había adquirido, debido a un trastorno metabólico, esa era la causa de mi taquicardia, perdida de peso y nerviosismo, dijo, así que más estudios y más visitas al hospital, eso me hundió más en la desesperación. Por un lado el pequeño enemigo y por otro mi delicada enfermedad. Desde ese día kiki se volvió mi compañera inseparable, más yo solo buscaba la manera de deshacerme de ella.

La gata sentía mi rechazo, y buscaba la forma de ser aceptada por mi, más yo, con eso de la enfermedad me fui olvidando poco a poco de mi macabro plan,  deshacerme de ella. Y una tarde en que frente al espejo cepillaba mi cabello, ella trepó al tocador amenazante, yo, había violado su privacidad entrando a la recamara de ella y de su ama; ahora era ella quien me rechazaba y quería verme fuera de la alcoba.

Me acerqué a la computadora de mi hija nuevamente temiendo ser agredida y para pronto, kiki, amenazante de un ligero brinco; se tendió sobre el teclado. Pegándome tremendo susto, que me hizo salir precipitadamente del lugar. Desde ese día yo trataba de amistar con ella, pero ella me había declarado la guerra. Al paso del tiempo y acudir a una de mis citas al hospital, y el Doctor, darse cuenta  que el medicamento no había evolucionado como era debido, tomó la decisión de intervenirme. En ese lapso, no había conseguido deshacerme del terrible animal, que deambulaba dentro de la casa, solo espiándome o esperando el momento de atacar al enemigo, que era yo, así lo imaginaba.

Mi salud mermaba cada día, no hubo más opción. El Doctor programó la fecha de la cirugía, y kiki cada día se volvía más agresiva conmigo; sin embargo, no dejaba pasar la oportunidad de vez en cuando de hacerme una de sus travesuras, o espantarme con sus terribles maullidos.

Llegué al hospital, no sin antes ponerme en las manos de Dios y despedirme de mis hijos y de la odiosa kiki. Pensando en que ya nunca más regresaría a casa, que era ella quién había triunfado, al fin, ella era quien me había sacado de mi hogar, apoderándose hasta del cariño de mi pequeña hija. Pasaron las horas y de pronto, al despertar de la anestesia, vi que mi pequeña no se había separado de mi, estaba sentada ahí junto al buró, que sostenía una pequeña lampara, y a lado del teléfono un recipiente de agua, y mi hija entre sus manos sujetaba, un “mata burros” de alguna de sus materias, ya que estaba por terminar su carrera de química. Acercándose a mi, me apretó la mano en señal de aliento, y dándome un beso en mi mejilla,me dio la noticia de que su papá había estado al pendiente de la cirugía, no había podido estar a mi lado personalmente debido a su función , pero estaba al tanto de todo, a la distancia.
Después de las instrucciones dadas por el Doctor; al tercer día fui dada de alta, mi marido pasó a recogerme para llevarme a la cabaña en Villas del Carbón, a llevar mi convalecencia, así que a los pocos días, partimos los cuatro, mi amado esposo, nuestra pequeña  hija, y, la odiosa kiki, quien en el camino, no dejaba de asustarme con sus terribles maullidos. Más a la vez, en ocasiones se me acercaba tratando de reanimarme, y yo con la cicatriz en el cuello, trataba de que no se me acercaba, temiendo contraer algún virus o alguna infección.

Al fin llegamos a la cabaña; luego de largas horas de viaje, y después de instalarnos, y de bajar las maletas me dirigí a contemplar el hermoso panorama que ofrecía la sabia naturaleza, no sin mi esposo a mi lado; que trataba de recompensar los días en que estuvo ausente, en lo que kiki corría por toda la  choza, contenta de sentirse libre. En ese momento mi amado me tomó entre sus brazos dirigiéndose  a la pequeña alcoba, para luego, depositarme en un cómodo sofá, de donde se podía ver la gran montaña de color verdinegro, prometiendo que en cuanto mejorara mi salud volveríamos a escalarla como cada año lo hacíamos en compañía de toda la familia.

En lo que kiki, celosa no dejaba de seguirme, y cuando tenía la oportunidad se paseaba por mis pies sin dejar de ronronear, yo sentía que me retaba, fue entonces que urdí mi macabro plan, en cuanto regresáramos kiki, se perdería en esa gran montaña, ella no regresaría a la ciudad. Era mi oportunidad, me desharía de ella, si, al fin, descansaría de esa gata mimada, al fin y al cabo me había robado el cariño de mi pequeña hija y hasta de mi marido, inclusive del cariño de mis demás hijos, la amaban.  Pero ella parecía presentir lo que yo tenía en mente, desde ese día no se despegaba de mi y se acomodaba en mi cuello, cuando se daba cuenta que yo dormía, y al despertar  hacia rabietas al sentirla acurrucada en mi cuello.
Una tarde en que mi marido salió por leña a la montaña, para encender la chimenea de adobe, que había mandado fabricar hacía muchos años, abrí la ventana un poco y corrí las cortinas, para que entrara el viento, y se ventilara un poco, que en ese momento ululaba a la par de la kiki que hacía unos ruidos extraños. Me dispuse a leer, cuando de reojo, vi a la gata,  acomodada a un lado de mis pies. En ese momento me llamó la atención verla en una postura extraña, como si estuviera apunto de cazar algún bicho, esta vez yo leía “Axolotl” de Julio Cortazar, De pronto, di un reparo al ver a kiki, como se lanzaba sobre un animal que parecía ser una víbora venenosa, si, era una víbora coralillo, por sus colores  la reconocí, la cual había salido de la chimenea al remover los residuos de la leña quemada. Yo grité a todo lo quedaba mi garganta, aunque tenía prohibido por el médico no hablar mucho, ya que la glándula había presionado las cuerdas vocales, y había afectado un poco la voz, más en ese momento olvidé toda instrucción.
De pronto sentí los brazos de mi amado esposo tratando de protegerme, el cual al escuchar mis gritos, soltó la leña para correr en mi auxilio, y tomándome de la cintura, me condujo al sofá nuevamente, y no sin antes acariciar a kiki quien se encontraba ya nuevamente a mis pies, orgullosa de haberme salvado la vida. Más el monstruo no dejaba de ronronear, enredándose en mi larga bata, en lo que yo, en ese momento no encontraba donde meterme, y de alguna forma hacerle entender a kiki que estaba arrepentida de mi mal proceder, me sentía avergonzada.

Pasaron los días de mi convalecencia, e hicimos planes para regresar a casa, esa noche, kiki no se despegó de mi, durmió a mis pies, me había salvado la vida, así que, estaba en deuda con ella, me olvidaría de dejarla en la montaña, y ahora tenía que soportar su ronronear y hasta se había adueñado de mi cama, y de toda mi familia. mis demás hijos, que sin conocerla aun, ya la amaban.Ya de regreso, conforme el coche avanzaba me internaba nuevamente en mis pensamientos. -¿Que hubiera pasado si kiki no hubiera estado cerca de mi en ese momento? Quizá yo ya no estuviera viva, pero gracias a ella, regresaba a casa feliz.

Nunca más pensaría deshacerme de ella, al fin, como decía mi hija, cuando yo me molestaba por ver alguno de sus pelos en mi ropa, - mamá a nosotros los humanos también se nos cae el cabello, y no pasa nada, nosotros los humanos también tenemos parásitos no pasa nada, solo que nosotros los humanos nunca somos capaces de arriesgar nuestra vida por el prójimo, eh ahí la gran diferencia entre kiki y nosotros,los seres humanos. Avergonzada solamente incliné la cabeza para solo contestar con un reproche. – Si, eso dices tú por que kiki es el animal que más te gusta-. Miguel solamente movió su cabeza para inclinarse a darme un beso en la boca no sin antes pasar su brazo por mi cintura y murmurar quedamente al oído -Lo siento amor, tenemos kiki, por muchos tiempo-. Ese animal, me había dado muy buena lección de vida.
FIN.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
Derecho de autor


HIMNO AL AMOR



Mi corazón como golondrina elevó sus alas a la región aérea alejando la tristeza,
embriagado de ilusión se prendió del pensamiento para luego posarse sobre el Olimpo
haciendo de nuestro amor un himno que tocó al compás de nuestro gran idilio,
y nuestras rutilantes almas despidieron rayos luminosos  brillando como el Tíbar.

Desde ahí contempló con ilusión las maravillas de la creación,
dándose cuenta que la vida era poca para este gran afecto
y voló mi alma como vahage buscando un lugar donde anidar nuestros ensueños
ahí canturrearon nuestras almas engarzadas como piedras preciosas
entonando el himno del amor interminable como el tiempo.

Cantamos a la risa, a la fama, al deseo  y al pensamiento
y nada más valioso  encontramos que nuestra dilección;
y en un amanecer regocijados probamos el alimento de los dioses,
aprisionamos nuestras almas bebiendo nuestro aliento hasta fundirnos en uno mismo.

Tórridos como el fuego nos fundimos unánimes,
bendito nuestro afecto que nos arrastró a la gloria
así de nuestro infierno logramos fundar un paraíso
cuando el ala tiró de la viga callaron los vientos , los ríos y los volcanes
suavizando dulcemente a nuestro oído la más sublime nota.

Y cantamos a la afición extasiados, cantamos de amores y a todo lo divino.

Bebiendo de nuestras  trémulas bocas los hibleos ósculos cristalinos
y testigo fue el profeta vaporoso que predijo nuestra suerte.

Y se extendió nuestra pasión como nube blanca y ligera
y el cisne entonó  ledamente “el himno del amor”
en lo que yo subí al caballo alado inmortalizando para siempre
nuestro fértil sentimiento.
y como la diosa Vesta vivo consagrada eternamente a esta alabanza del amor.


Autora: Ma Gloria Carreón Zapata.



El presente dejó plantado el lúgubre pasado, yerto de frío; prometiendo mañanas de cristal. Palpé tus labios ávidos de mi y con el rostro plañido de cincuenta lagrimas; reí en el momento en que cayó el rocío al salir el sol. Y como el ave fénix resucité aferrada a la esperanza, intentándolo una y otra vez, ahora, con un beso tuyo me bastó; cuando nuestras almas acordes en sentimiento se unieron en armonía y constancia, y me perdí en el vértice de tus caricias, ya no se ni quien soy, ahora te pertenezco, y aunque camine a despoblado sé, que de tu mano voy por siempre, cuando el jilguero canta sé que tú me esperas impaciente. Comienzo a experimentar nuevas sensaciones, la vida me brinda nuevos sueños, que prometen, después de que en el extravío deambulé afirmando que había llegado sola al final de mi último verano.

Más tu dádiva estaba presente, regalándome vida y nuevas quimeras, abriendo surcos para entregarme la felicidad anhelada.
He emancipado el silencio detenido, y los mil te amos que para ti he atesorado. Y esos ósculos deliciosos que solo tú, has podido deleitar de mi amén escarlata.

Ahora vivo dando vueltas sobre ti, en lo que tu danzas cual colibrí, después de que he sido fecundada. Me conduces a tu nido, forrado de placer y gloria, y yo deseosa de libar desesperada, de tu boca que me tiene embrujada, cuando antaño, me sentí exterminada. Y ahora mi nicho se llama tú, cuando me brindas el néctar de la felicidad, y me alimento de tus mieles, manjar de dioses. Retomando fuerzas para sobrevivir, y junto a ti, la vida marca la luz del camino al abordar la felicidad que solo conocí en efímeros instantes, y hoy para siempre eterna la vivo entre tus brazos fuertes y vigorosos.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.
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ME GUSTA LA DANZA DE TUS BESOS.




Me gusta cuando me guías a nuestro aposento con mesura,
en el momento en que tus manos acarician mi cuerpo
y van resbalando poco a poco por mi espalda;
y bebo ansiosa hasta llegar a tu boca, quieta e inofensiva
deleitándome de tu exquisito sabor.

Anhelo tu boca que a diario me provoca,
tus labios suaves y cálidos 
en el tiempo que se abren al compás del beso,
donde nuestras lenguas se unen
danzando entre si, sellando nuestro afecto.

Saboreo cuando aprisionas 
mi boca contra tus labios,
uniéndose en un largo y apasionado beso 
y esa sensación que hace 
latir acelerado el corazón,
iniciando una danza amorosa y sensitiva.

Disfruto, cuando suspendes el beso
para pronunciar quedo, un te quiero,
para mirarte en mis ojos, tus ojos
y reflejarte en ellos contemplando mi embeleso,
me gusta si, la danza de tus besos en mi boca.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

PRIMAVERA




Hoy llega la primavera sazonando nuestra tierra, con sus flores de múltiples tamaños y formas la engalana, y el dehesa cubre el planeta como la esperanza mi alma, que espabila los gajes de mi juventud. La fe, es mi mayor estandarte y la llevo conmigo a todas partes. Las aves gorjean melodiosas, desde el Duero hasta el Río Bravo, y en conjunto cantan victoriosas el himno a su creador, y el verde desprende su esencia que invita a reflexionar. La primavera ha llegado y se a posado heroica sobre mis hombros nevados. Y a ataviado de colores mi alma ilusionada. Las flores y las aves danzan al compás del viento, cual si fueran damas en espera de ser rescatadas.

Benditas estaciones que como acuarelas tiñen el ambiente, ocre, verdinegro, blanco, rosa, y de la mano del arcoiris el viento emperifolla la región aérea, cuando el sol arde desprendiendo rayos de luz, y mi rostro arrebolado, no se cansa de dar gracias a mi Principie Soberano. Es tiempo de florecimiento y danza la estación, revestida de nuevos sueños, e invita a nuestras almas a vestir la túnica de la conciencia y el escudo de la esperanza. Luchemos unidos con el afán de rescatar nuestra flora y  nuestra fauna. Aunque de sobra sepamos que, una golondrina no hace primavera.

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

MAMÁ

Torrente de ternura pilastra mi morada me mimas con dulzura divina madre amada Tus ojos y mirada tus manos tu sonrisa ...