Octava real
Verde sierra, picos de gran altura,
donde el cóndor reina y el alma respira,
corro libre por tu llanura oscura,
y el viento en mi faz dulcemente gira.
Es la soledad mi inmensa ventura,
mi canto libre que al cielo se inspira,
sin ataduras, mi espíritu expande,
en tu grandeza, que es, sin duda, grande.
Bajo un sol de oro, la pradera verde
se extiende al horizonte, suave y calma,
y en las aguas del
río el dolor pierde,
hallando paz profunda en mi triste alma.
Aquí, el mundo bullicioso no muerde,
y mi ser entero siente la palma
la naturaleza, me abraza fuerte,
regalándome una vida, una suerte.

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