viernes, 17 de julio de 2026

SILENCIO AL AMANECER



 







Querido amigo y entrañable colega, Carlos Blanco Cubeiro.

​Recibir sus versos es, para mí, es recorrer de nuevo los senderos que dan sentido a mi vida. Me ha conmovido profundamente cómo ha logrado capturar, con su maestría española, la esencia de mi hogar, el susurro del Río Bravo, la inmensidad de Playa Bagdad y la paz que habita en la Laguna La Escondida.

​No es solo un poema; es un puente que ha tendido entre nuestras tierras, un regalo que pone de relieve el amor que siento por este rincón de México. Su capacidad para mirar mi entorno a través de la poesía no solo honra a mi ciudad, sino que reafirma nuestra conexión literaria y humana.

​Gracias por dedicar su talento a inmortalizar estos paisajes y por acompañarme, desde la distancia, en este caminar por las letras. Guardo este poema como un tesoro, sintiendo que, a través de su pluma, nuestra amistad ha encontrado un nuevo lugar donde florecer. Saludos cordiales desde mi querido México.

 

 

Un poema más allá del Atlántico.

A Ma Gloria Carreón Zapata 

 

 

   SILENCIO AL AMANECER

 

Su mirada clavada en el mar,

en las suaves olas perciben

la luz crepuscular de alba,

sus tonos dorados y grana

que acarician el delta de río

donde el agua dulce se funde

en el mar de playa Bagdad.

 

Su mirada se pierde en el horizonte

 tumbada en la arena

blanca de la duna,

esa que guarda los misterios

del silencio.

Ella mira,

siente los besos de la brisa

 en su húmeda sonrisa

mientras su mano va llenando

su pergamino,

verso a verso en la cálida bruma

que llena el aire

de su amado México.

 

Aquella mañana,

a la vera del mar y descalza

caminaba con su sonrisa mientras

imaginaba su alejada laguna

La Escondida.

 

Caminaba dejando que la luz

del alba pintaran de reflejos

 su tez y su figura solitaria.

Aquella mañana,

con las huellas en la duna blanca

escribía,

llenaba las hojas con tinta de oro

que le proporcionaba el silencio.

 

En la pluma del ave que guiaba

sus palabras.

Casi dormida,

cuando el sol se hallaba

en su cénit,

una sombra majestuosa

la miraba.

 

Era su alma

contemplando admirada

la dulzura de sus rimas y prosas.

Aquel amanecer,

sobre la duna blanca,

en el delta de Río Bravo,

escribió en un instante,

ocupado.por el silencio,

los versos más hermosos

jamás escuchados.

 

Aquel amanecer

despertaron sus ojos sintiendo

esa brisa que la conduce

por Reynosa sin cambiar

de nombre su Río Bravo.

Ese sueño que la sumergió

en otro más profundo

bajo las estrellas que iluminan

La Escondida.

 

Cierra los párpados y sueña,

estos sueños te llevarán,

 sin darte cuenta, a lo más alto.

 

Carlos Blanco Cubeiro

Julio de 2026

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