Bajo el cielo de La Huacana,
donde el sol abraza fuerte, nació un hombre de palabra, de alma clara y buena
suerte. No por azar del destino, sino por ley de su pecho: ser honorable en el
paso y en el verso siempre recto. Compositor de la vida, que entre notas y
poesías, dibuja con humildad el pan de todos los días. Es el respeto su escudo,
la familia su estandarte, pues sabe que amar a los suyos es la más alta forma
del arte. No hay soberbia en su tintero, aunque el mundo lo admire, prefiere
que sea el ejemplo quien por su nombre suspire. Tan humano y tan cercano, tan
poeta y tan sincero, que en su hogar encuentra el triunfo, su refugio y su
lucero. Que se guarde este tributo en el compendio de la historia, para el
hombre que hace del bien su más grande victoria.
Soneto al poeta de
la Huacana.
En la tierra caliente,
alma y brío,
nace el verso en un
hombre de conciencia,
que cultiva con fe la
transparencia
y al hogar le dedica
su albedrío.
Es poeta, es
canción, es desafío
honorable en el arte
y la presencia
que ante el ruido del
mundo y su arrogancia
prefiere el bien, el
nido y el rocío.
Humilde en el andar,
su voz es guía
respetuoso y humano
es su semblante,
un faro de virtud y
de alegría.
Admira su linaje el
caminante,
pues no hay mayor y
hermosa poesía
que el amor de su
casta por delante.

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