Detiene el bardo el paso ante el camino,
donde otros ven tan solo piedra y lodo,
él halla en el silencio, de algún modo,
el hilo rojo que tejió el destino.
No busca el oro falso ni el desatino
del ruido que lo envuelve todo a modo,
prefiere el alma despojada, el todo,
que brilla en el rincón más peregrino.
Su ojo es el escudo y la cabaña,
donde el dolor se vuelve luz serena
y el odio en el perdón al fin se baña.
Traduce el verso el peso de la pena,
pues no hay verdad que la mirada engaña
si el corazón es quien la pluma llena.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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@Alf

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