sábado, 15 de agosto de 2015

CARTA A MI PADRE (A trece años después de su partida)









Papá, que rápido ha pasado el tiempo. En este agosto del dos mil quince cumplirás trece años de tu partida, pero para mí es como si hubiera sido ayer cuando te fuiste de nuestro lado.

La casa ya no es igual porque falta tu presencia y sobretodo tus sabios consejos.

Recuerdo con tristeza aquella nefasta noche en que el cirujano nos dio la mala noticia de tu cirugía.
Yo sentí que el piso se abría a mis pies, porque se de antemano que una operación en la cabeza es mortal. Más sin embargo confié en que Dios te diera una última oportunidad de seguir a nuestro lado.
No fue así, tú habías cumplido tu misión en la Tierra y era imposible detener los designios de nuestro Creador.
Partiste dejándonos un gran legado, nos enseñaste a practicar la humildad, el amor hacia nuestro prójimo y a conducirnos con honestidad. Estos grandes valores que para muchas personas no tienen validez, son el mayor tesoro que pudiste dejarnos y te lo agradezco infinitamente.
Me siento bien conmigo misma porque estuve contigo hasta el último momento, aunque a veces lloro tu ausencia al recordar cuando nos despedimos en la puerta del quirógrafo y prometí esperarte para regresar a casa juntos, más el destino dispuso lo contrario.
Regresé contigo sí, pero tú viajabas en la carroza de un Estado a otro.
Y ahora que soy madre recuerdo tus sabios consejos y trato de ponerlos en práctica.
Agradeciendo cada día a nuestro Creador haberte designado mi ángel sobre la Tierra.
Tantas cosas tengo que agradecerte, por último te diré que fuiste el mejor de los padres, siempre pensando primero en tu familia antes que en ti mismo.
Hoy solo me queda agradecerte y decirte que espero un día volver a estar entre tus brazos nuevamente.
Tu hija que te ama y no te olvida.

FIRMA: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Hoy te miro detrás del velo que cobija nuestro recuerdo,con el rostro envejecido por el paso del tiempo,
me miro encanecida por los años más este viejo sentimiento no deja de dar vueltas sobre mi testa.
Te abrazo cada noche de luna sintiendo por siempre tu ternura.
Te veo al paso de los años, sonriente y amoroso como ninguno, padre mío, te llevo por siempre conmigo
hasta que nuevamente nos vuelva a juntar el destino.

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