Dana era una niña de cinco años con el pelo del color del
caramelo y una risa que sonaba como un puñado de campanitas. Vivía en una
cabaña pequeña justo al borde del Bosque de Cristal, un lugar que todos en el
pueblo decían que estaba encantado, especialmente en invierno.
Mientras las otras casas se adornaban con luces eléctricas,
Dana solo tenía un pequeño pino con tres adornos de madera tallados por su
abuelo. Pero a Dana no le importaba. Para ella, su arbolito era el más especial
del mundo.
Un día, mientras caían los primeros copos de nieve grandes,
Dana siguió a una mariposa de alas azules más allá de su jardín. La mariposa se
deslizó entre unos arbustos y, cuando Dana los atravesó, el mundo cambió.
El aire se hizo denso con un olor dulce a menta y pino. El
sol ya no se veía, pero todo brillaba: los árboles tenían ramas cubiertas de
una escarcha tan perfecta que parecían hechas de vidrio soplado, y el suelo era
un colchón de musgo que resplandecía como terciopelo verde. Dana había entrado
en el Bosque Encantado.
Pronto, encontró a un pequeño duende sentado en una seta,
llorando. El duende, llamado Musgo, le mostró un trozo de corteza rota. Con esa
corteza mágica hacían las cestas para guardar la Luz Mágica de Navidad.
-El problema-, le explicó Musgo, - es que la Luz Mágica solo sirve si la
canasta está hecha con la Corteza de la Paciencia, el Musgo de la Gratitud y el
Hilo de la Amistad.
Las cosas bonitas no son bonitas por ser nuevas o perfectas,
sino por lo que se necesita para crealas -
En ese momento, tres Hadas del Polvo de Estrellas volaron
hacia ellos. El hada Cristal les dijo que la Luz Mágica se estaba apagando
porque los humanos habían olvidado el valor de lo pequeño y solo deseaban cosas
grandes y caras.
-Tienes que encontrar tres ingredientes
especiales -, dijo el hada Nieve: -el Regalo que No se Compra, la
Dulce que No Se Come, y la Joya que No Brilla Sola-
El Primer Tesoro: La Fe.
Musgo le indicó a Dana que fuera al Valle de los Ecos para
encontrar el Regalo que No se Compra.
El Valle estaba lleno del ruido ensordecedor de los deseos
de los humanos: —¡Quiero la consola más grande!— —¡Deseo cien regalos caros!—
El hada Cristal le aconsejó: - La Fe es un susurro. Solo se
escucha cuando el corazón está quieto. Tienes que creer sin pedir nada a cambio
-
Dana se sentó, cerró los ojos y se concentró en su
arbolito, pensando en el amor y la paciencia de su abuelo.
Hizo una promesa silenciosa:
-Deseo que el Bosque de Cristal recupere su Luz Mágica, porque la magia
sencilla es lo más valioso de todo -
En cuanto ese pensamiento puro salió de su corazón, el
ruido del Valle se detuvo. En el centro, una luz tibia y suave, que era la Fe,
comenzó a elevarse y se instaló en el saquito de terciopelo de Dana. ¡Primer
tesoro encontrado!
El Segundo Tesoro: El Amor.
Dana se dirigió al Rincón de la Memoria, donde las
historias crecían en los árboles y los faroles estaban llenos de recuerdos.
Pero la luz de los faroles era gris porque los humanos solo recordaban lo
amargo.
Musgo le dijo que buscara el recuerdo que fuera totalmente
dulce: la Dulce que No Se Come.
Dana pensó en la Navidad pasada y en el momento en que su
abuelo le entregó los adornos de madera con una voz llena de amor
incondicional.
-¡El amor, Musgo! El amor es la dulce que no se come -,
exclamó Dana.
En ese momento, un farol se encendió con un brillo cálido y
dorado. De él flotó una sustancia dorada y pegajosa, pero ligera y cálida. Era
el extracto más puro de la bondad y el cariño, el Amor.
El segundo ingrediente se instaló junto a la Fe en el
saquito de Dana.
El Tercer Tesoro: La Familia.
El hada Esencia guio a Dana al Lago de la Vanidad, un lugar
impresionante de árboles de plata pulida y un lago espejo, pero donde todo era
frío y deslumbrante, sin calor.
En la orilla, Dana vio muchas gemas de hielo, brillantes
como diamantes, pero esparcidas y solas.
- Esta es la Joya que No Brilla Sola -, dijo el hada Nieve. - Se rompió porque cada pieza piensa solo en
sí misma -
Dana se dio cuenta: para que el mundo fuera cálido, se
necesitaba unión.
- La joya no puede brillar sola -, dijo Dana. - Se necesita a los abuelos, a los padres, a
los hermanos... ¡se necesita a toda la Familia junta para reflejar el calor!-
Dana recogió las gemas y las juntó en un círculo en su
mano. Al tocarse, dejaron de emitir una luz fría. Se encendieron con un
resplandor dorado y ardiente.
Una intensa luz cálida flotó desde el círculo de gemas
hasta el saquito de Dana. ¡El tercer tesoro estaba completo!
En cuanto el tesoro entró en la bolsa, el Bosque de Cristal
cobró vida con calor. La Luz Mágica de Navidad se encendió de nuevo.
El Secreto del Valor.
Musgo y las hadas le dieron un regalo a Dana: una pequeña
campanita de cristal de hielo que sonaría solo cuando el valor de las cosas
sencillas fuera más grande que el valor de las cosas caras.
Dana regresó a su casa. Colgó la campanita de cristal junto
a sus tres adornos de madera, y esta sonó con el sonido más dulce y claro que
jamás había escuchado.
Esa Navidad, Dana no tuvo muchos regalos, pero sabía que
poseía los tesoros más grandes del mundo: la Fe, el Amor y la Familia. Y
gracias a ella, la magia simple y verdadera de la Navidad brilló con más fuerza
que cualquier joya.
Fin.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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