Señor y Maestro de la Palabra,
en este día en que el mundo
celebra el libro y el genio de quienes escriben, mi alma se vuelve hacia Ti, el
Arquitecto de los Tiempos y el Autor Supremo de mi existencia.
Te agradezco por haberme
otorgado el don de la escritura, pero, sobre todo, por ser Tú quien redacta mis
días con tinta de misericordia y amor.
Gracias por permitirme ser una de Tus páginas,
por corregir mis tachones con Tu perdón y por inspirar cada verso que brota de
mi pluma.
Siendo Tú el dueño de la Verdad
y la Belleza, no hay mayor derecho de autor que el Tuyo sobre mi vida.
Gracias por hacerme parte de Tu obra maestra y
por permitir que mi voz sea un humilde reflejo de Tu luz infinita.
Hoy y siempre, mi palabra te
pertenece.
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