Padre Celestial.
Hoy me detengo, no para pedir,
sino para reconocer Tu mano en cada paso de mi camino. En la quietud de este
momento, mi alma se inclina ante Tu grandeza, agradecida por la lluvia de
bendiciones que han transformado mi existencia.
Gracias por ser la roca firme
cuando el suelo flaqueaba y la luz constante cuando las sombras intentaban
cerrarse a mi alrededor. He comprendido que caminar a Tu lado es habitar en una
fortaleza inexpugnable; porque si Tú estás conmigo, el miedo se desvanece y cualquier
adversidad pierde su fuerza.
Te agradezco por la vida, por el
aire, por la capacidad de sentir y por el don de la palabra, que hoy uso para
honrarte. Gracias por las puertas que abriste y también por las que cerraste,
protegiéndome siempre con Tu infinita sabiduría.
Bajo Tu amparo nada me falta, y
en Tu gracia descanso. Que mi vida sea, de ahora en adelante, un eco de Tu amor
y un testimonio de Tu bondad.
Amén.
@copyright
Imagen de Google.

No hay comentarios:
Publicar un comentario