23 de abril, feliz
día del libro y del derecho de autor.
En 1614, la publicación de un
Quijote apócrifo bajo el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda no fue solo
un robo literario, sino un ataque a la dignidad de los personajes de Cervantes.
Mientras que el autor original escribía movido por una profunda honestidad y
amor hacia sus criaturas, el impostor solo buscaba la burla y el escarnio. Sin
embargo, esta traición se convirtió en el catalizador de la inmortalidad.
Cervantes respondió integrando el engaño en su propia obra, permitiendo que el
verdadero hidalgo recuperara su voz y su destino.
Las siguientes octavas reales
exploran esa batalla invisible entre la sombra del plagio y la luz del genio,
donde el autor demuestra que nadie puede habitar un sueño ajeno si no posee la
llave de la verdad.
EL DUEÑO DEL SUEÑO
Octava real.
En la Mancha de un
libro mal nacido
surgió una sombra de
traición armada,
un nombre falso, de
honor desprovisto,
hurta la voz de la
figura amada.
Mas ya despierta el
genio, que advertido
prepara una respuesta
bien trazada.
Frente al plagio que
finge ser gigante,
brilla la verdad,
firme y constante.
Camina el hidalgo,
fiel y verdadero,
con la justicia por única esperanza,
borra el rastro del
falso caballero,
que en lodos de
mentira su fe lanza.
No encuentra el
impostor el son certero,
ni el alma que
sostiene la andanza.
De este universo es
Cervantes el dueño,
pues nadie habita como
él en su sueño.
Del Libro El Hilo
Rojo de los Clásicos.
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