Dos almas inquietas se buscan tras ojos indiferentes, se
niegan el reflejo que, cual estrellas heridas, corusca de dolor en el anhelo de
quererse. Es la áurea razón la que batalla contra un corazón terco, ese que se
niega al olvido y se resiste a retroceder.
Entonces, el púrpura manto cae, develando ante sus ojos la
vulnerabilidad de un sentimiento que late, incontenible, en el pecho. Deseo
próvido que se aferra al latido, resistiéndose a ceder cuando el destino ya
parece dictado; pues es imposible romper el lazo que, en otras vidas, la
eternidad anudó.
Hoy, la blanca celestina vitorea este sentir ante la
algarada del silencio, mientras el viento de la memoria se alza con fuerza,
negándose a que se levante el muro del olvido.
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27/04/2024.
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