domingo, 22 de febrero de 2026

BAJO EL ALA DE SU SOMBRERO.






​Hay hombres que llevan la tierra en las manos y el horizonte en la mirada. Él es de esos: un hombre de campo, curtido por el sol del norte, que camina con la seguridad de quien conoce cada palmo de su suelo. Su sombrero no solo lo protege del clima, sino que enmarca un misterio que solo se revela cuando decide levantarlo.

​Pero su verdadera fuerza no está en el lazo ni en la bota, sino en el abismo de sus ojos verdes. Son dos destellos de monte virgen que contrastan con su piel bronceada; una mirada limpia, pero profunda, que parece leer los pensamientos antes de que se conviertan en palabras.

​Es una mirada que hechiza sin esfuerzo, una trampa de luz en la que cualquier mujer caería con gusto, buscando descifrar qué hay detrás de ese silencio de vaquero. Bajo esa ala de fieltro, el mundo parece detenerse, y uno entiende que hay paisajes que no están en el mapa, sino en el brillo de unos ojos que saben mirar de verdad.




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