(Carta a mi niña interior)
Te escribo desde este lugar de calma que tanto nos costó
alcanzar. Perdona si tardé en volver la vista atrás, pero estaba ocupada
protegiéndonos, levantando defensas y asegurándome de que nadie más volviera a
intentar darnos una "moneda falsa" por amor.
Quiero darte las gracias. Gracias por no haberte rendido
cuando el ruido de fuera era demasiado fuerte, y por haber guardado intacta esa
capacidad de asombrarte ante un museo o un verso bien escrito. Si hoy puedo
escribir sonetos con rima perfecta, es porque tú me das el sentimiento que las
reglas no pueden fabricar.
Ya no hay rastro de aquel pasado, ni de las sombras que nos
hicieron dudar de nuestra propia luz. Ahora tenemos una cabaña, un jardín y un
silencio que nos pertenece. Ya no tienes que esconderte en el sótano del
recuerdo; puedes salir a jugar al sol, porque la mujer que ahora soy ha
aprendido a ser tu mejor escudo.
Somos, por fin, las reinas de nuestra propia historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario