domingo, 22 de febrero de 2026

LA PIEL DEL ALMA.

 





​Hay verdades que no se ven en el espejo, sino en el eco de un bosque o en la libertad de un vuelo que ocurre solo por dentro. Ser humano es, para algunos, apenas una máscara necesaria, una vestimenta de seda que oculta un latido salvaje, una esencia que no sabe de leyes humanas, sino de instintos y de lunas.

​La justicia, esa balanza que tanto hemos invocado, debería ser también el derecho a habitar la propia naturaleza sin el peso del juicio ajeno. ¿Quién tiene el poder de dictar qué es "normal" cuando el espíritu reclama su herencia animal? El mundo a menudo teme lo que no puede domesticar, y tacha de extraño aquello que simplemente es libre.

​Si un alma se siente lobo, o ave, o viento, no es por el deseo de escapar, sino por el coraje de encontrarse. Ser uno mismo, a pesar de las miradas que buscan "el hilo roto" en la cordura del otro, es el acto de rebeldía más noble. Porque al final, la única verdad que importa es la que nos hace sentir en casa dentro de nuestro propio pecho, aunque esa casa tenga el aroma de la tierra húmeda y la inmensidad del cielo.



Imagen de Google.

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