Al fin hallé la paz en la cabaña
tras cruzar el desierto del olvido
lo que ayer fue un lamento ya es sonido
de una brisa que el alma suave baña.
Ya no me hiere el tiempo ni su saña,
pues el oro del triunfo he comprendido,
no es vencer al que el odio ha corrompido,
sino apagar el fuego que engaña.
Guardo en el pecho el Libro de mi historia,
donde el perdón su tinta ha derramado,
sellando así una límpida victoria.
Bajo la Luna, el miedo es ya pasado
y en este mar de luz y de memoria
al fin el corazón ha descansado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario