domingo, 22 de febrero de 2026

DE LA TORMENTA AL REFUGIO, El TRÁNSITO HACIA LA CABAÑA.

 








Este ensayo explora la transición del fuego del enamoramiento a la solidez del amor, utilizando la "cabaña" como el símbolo supremo de esa victoria silenciosa que he venido construyendo en la narrativa.

​El enamoramiento es, por naturaleza, una intemperie deslumbrante. Es como caminar bajo una tormenta de luz: los sentidos se aturden, el juicio se nubla y el corazón late al ritmo de una urgencia que no conoce el descanso. En esa etapa, no habitamos una estructura, sino un espejismo; creemos que la intensidad es sinónimo de eternidad, cuando en realidad es solo el combustible que arde rápido para encender la chispa.

​Sin embargo, el amor verdadero no es el incendio, sino el hogar que se construye con las cenizas de esa primera fogata. Aquí es donde aparece la cabaña.

​A diferencia del enamoramiento, que se eleva sobre castillos en el aire, la cabaña del amor se asienta sobre la tierra firme de la aceptación. Construir una cabaña requiere voluntad: hay que elegir la madera, pulir las asperezas y asegurar las vigas. No es un accidente del destino; es una arquitectura de la intención. En ella, ya no buscamos la perfección idealizada de "el otro", sino la paz de lo auténtico.

Es el lugar donde, tras haber superado conflictos y dejado atrás las figuras de sombra —como esos "Julianes" que ya no tienen poder sobre nuestro presente—, finalmente descansamos.

​Habitar la cabaña es entender que la mayor victoria no es la que se proclama con gritos de pasión, sino la victoria silenciosa. Es el triunfo de la calma sobre el caos. En este espacio, el amor se manifiesta en el silencio compartido, en el respeto por el espacio del otro y en la profunda satisfacción de hacer feliz a quien amamos, entendiendo que su alegría es el espejo de la nuestra.

​"El amor no es el deseo de poseer el horizonte, sino la decisión de cuidar el jardín que rodea nuestra puerta."

​Si el enamoramiento es un prólogo lleno de promesas, el amor es el capítulo central de nuestra historia, ese "Libro Abierto" que se lee a la luz de la chimenea. La cabaña representa ese estado de gracia donde ya no hay nada que demostrar, solo mucho que compartir. Es el refugio donde el alma, finalmente, se quita la armadura y se reconoce en el otro, no por lo que imagina que es, sino por la paz que le brinda ser quien realmente es.



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