Herida está mi niña, entre el dolor y el fuerte
azote de un mundo que la rapiña adueña,
triste y devastada, la campiña se empeña
en verter su morriña tras la mala suerte.
Avizoro en futuro un terreno hostil,
legado de hombres de mirada vacía;
lo tangible al planeta su esencia hería,
sin saber que su mano era un arma febril.
Hoy suplican piedad ante el gran cataclismo,
de rodillas se huye, con paso perdido;
la greda, del daño, su centro ha resentido,
víctima de un siglo de cruel egoísmo.
¿Qué futuro a los niños?, mi voz desespera,
si el barco se hunde y se quiebra el anhelo;
ya cae el muro, ya no hay primavera,
solo una marea en un mar de duelo.
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