¿Qué culpa carga el alma del pequeño
que al mundo no pidió su dirección?
Son víctimas de un turbio y cruel empeño,
de una estéril y amarga ambición.
Anegados en miedo, día tras día,
escuchan el rugir de la metralla;
se apaga en el pupitre la alegría
mientras afuera ruge la batalla.
Yo pregunto a la mano criminal:
¿Habita el frío acero en vuestras venas?
¿Es un motor vuestro latido inerte
que solo siembra angustia, sangre y muerte?
¡Detened la violencia y la maldad!
Que el niño no sea escudo de la guerra;
que encuentre en los libros libertad
y herede, en paz, el fruto de su tierra.
Imagen de Google.

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