domingo, 22 de febrero de 2026

EL PRECIO DE LA CONTEMPLACIÓN.

 






​Salí al pequeño patio trasero buscando un respiro. Mis ojos estaban agotados de tanto repasar "Fin de Temporada 2017", esa narrativa que comencé hace años y que el tiempo, siempre tirano, no me ha dejado concluir. Necesitaba que la vista descansara en algo vivo, así que me detuve frente a mi nochebuena. Disfruto ver cómo sus flores crecen con una paciencia que a veces me falta.

​De pronto, un fuego súbito me quemó la palma de la mano.

​Al buscar el origen de ese ardor, encontré a una pequeña abeja debatiéndose entre la vida y la muerte sobre la tierra. No pude evitar una punzada de tristeza; recordé de inmediato la advertencia que se le atribuye a Einstein: sin ellas, el equilibrio de nuestra supervivencia se desmoronaría. Sin su danza de polinización, el 60% de lo que nos alimenta simplemente desaparecería.

​Al revisarme, encontré el aguijón clavado y lo retiré al instante. Han pasado horas y el veneno sigue haciendo su trabajo: la mano está roja, inflamada y el dolor es un latido constante.

​Lamento profundamente que la abeja haya fenecido. No hubo intención de dañarla, pero ella eligió defenderse de una amenaza que solo existía en su instinto. Me doy cuenta de que hay eventos en la vida que, por más que intentemos fluir en paz, son inevitables. Doy gracias a Dios por no ser alérgica; de lo contrario, esta reflexión no habría llegado al papel.

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