Un llamado a la humanidad.
Los niños de la calle son joyas de un valor incalculable
que aguardan, entre el polvo y el olvido, una oportunidad para brillar. Son
como diamantes en bruto: si nos detenemos a pulirlos con cuidado y ternura, nos
brindarán un destello capaz de iluminar el mundo. Sin embargo, hoy son el
reflejo de un dolor que nos consume como sociedad si decidimos hacer caso omiso
de su presencia.
Ignoro cuál sea el motivo exacto de su desgracia. ¿Será el
abandono de padres inconscientes que olvidaron su sagrado deber? ¿O será acaso
la fría orfandad que los dejó a la deriva? Sea cual sea la causa, el resultado
es el mismo: un corazón pequeño que clama por refugio.
Luchemos juntos por brindarles un hogar, una mano
extendida, una esperanza. No olvidemos que el futuro es un espejo del pasado:
al crecer, estos niños devolverán a la sociedad exactamente lo que recibieron
en su infancia. Si sembramos desprecio, cosecharemos sombras; pero si sembramos
amor, cosecharemos una humanidad más justa. Porque un niño amado es un adulto que
sabe amar.
Imagen de Google.

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